¿Es Bernie Sanders un rojo peligroso? ¿O es la versión made in USA de un Olof Palme del siglo XXI? El senador por Vermont, que cumple 79 años en septiembre, lleva ventaja sobre sus rivales en la carrera por la nominación demócrata, si bien hasta el Supermartes, el próximo 3 de marzo, todo está por decidir. Y aún entonces no habrá candidato definitivo pero sí descartes relevantes.

A Bernie Sanders en Estados Unidos o le odian o le adoran. No hay término medio. Como ocurre con el presidente, Donald Trump, quien de cara a la galería asegura que sería su contrincante favorito.

Trump le presenta como el diablo vestido de rojo, es decir, como un iluminado que llevará a EEUU por la senda del comunismo, impensable en la mente de una abrumadora mayoría de los estadounidenses.

«Los baremos que utilizamos en Europa no son válidos para Estados Unidos. Lo más próximo es un socialdemócrata de centro. Defiende la mejora de derechos laborales, y servicios sanitarios públicos y universidad más asequible. Para algunos en EEUU son comunistas o socialistas. En España son postulados que incluso pueden asumir los partidos conservadores», afirma José Antonio Gurpegui, investigador principal del Instituto Franklin y catedrático de Estudios Norteamericanos. 

El senador se presenta como un «socialista democrático», cuyo modelo de sociedad sería la nórdica, con unos sistemas públicos al alcance de todos en sanidad (Medicare for all) y educación universitaria. Sus partidarios le equiparan con los socialdemócratas moderados europeos. Sanders remarca siempre que puede que él es un demócrata auténtico.

Bernie Sanders no es un radical. Gran parte de su programa no sólo se enmarcaría en el centro izquierda, sino que lo aplicarían grupos del más variado espectro político», dice Matthews

«Bernie Sanders no es un radical. Gran parte de su programa no solo se enmarcaría en el centro izquierda, sino que lo han puesto en práctica partidos del más variado espectro político (el PP difícilmente podría proponer que se elimine la sanidad pública universal y la CDU tuvo que renunciar hace años a imponer una tasa universitaria)», afirma Robert Matthews, analista político de Estados Unidos y profesor jubilado del Departamento de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Nueva York.

Según Matthews, si bien es cierto que EEUU tiene un amplio territorio y una población de 325 millones de habitantes, frente a los seis a 10 millones de cada país escandinavo, y cuenta con un sistema federal que limita el poder central de Washington, «no deberíamos ser pesimistas sobre las posibilidades de establecer reformas sociales y políticas en la línea de las socialdemocracias nórdicas y su estado del bienestar público. Hay mecanismos para hacer posible el cambio. Serían medidas igualitarias fiscales, económicas y sociales insólitas desde la era de Roosevelt en los años 30».

Coincide Mariano Aguirre, analista de cuestiones internacionales y autor de Salto al vacío. Crisis y declive de EEUU, en que «EEUU tiene la riqueza y los recursos para establecer un pacto social diferente entre el Estado, el sector privado y la sociedad, aunque las estructuras de la desigualdad, y la cultura anti estatalista están muy arraigada en amplios sectores sociales.  Un programa como el de Sanders, e inclusive algunas reformas que plantea Elizabeth Warren serían difícil de implementar».

Hay un aspecto sobresaliente sobre el ejemplo nórdico que falta en la narrativa del aspirante demócrata Bernie Sanders, que ha remarcado en sus artículos la periodista finlandesa Anu Partanen, que vive en EEUU desde 2008.

«Esa visión altruista del modelo nórdico es una fantasía. Los países nórdicos no optan por este modelo por altruismo sino por propio interés. Las naciones nórdicas ofrecen a sus ciudadanos servicios públicos de alta calidad que les suponen un gran ahorro de dinero, problemas y tiempo. Es lo que los americanos no terminan de entender. Mis impuestos en Finlandia se usan para pagar servicios que voy a disfrutar yo», escribía en The Atlantic la autora de The Nordic Theory of Everything.

El impacto del coronavirus

Sanders ya lo intentó en 2016, pero logró la nominación demócrata Hillary Clinton, ex secretaria de Estado con Obama y ex primera dama con Bill Clinton, apeada por el establishment que recelaba del veterano senador.

Hace cuatro años el senador obtuvo el 46% de los votos. En este 2020 el establishment demócrata apostaría por cualquiera que pudiera vencer a Trump. Aunque fuera Bernie Sanders.

Los superdelegados, funcionarios y políticos del partido, dieron la espalda a Sanders en 2016. Son 718 y tienen libertad de voto.

Lo difícil es saber si realmente cuenta con posibilidades frente al presidente, en un momento en el que la economía sopla a favor del statu quo. Al menos hasta ahora, la histeria por el coronavirus puede desbaratar también los planes de Trump y de sus rivales.

Trump ha suprimido presupuesto en sanidad. El coronavirus puede ser una crisis para Trump y los demócratas lo saben», dice Carlota García Encina

«Trump se ha cargado gran parte de la infraestructura sanitaria. Ha quitado presupuesto y ahora están menos preparados. El coronavirus puede ser una crisis para Trump y los demócratas lo saben», afirma Carlota García Encina, investigadora del Real Instituto Elcano.

Así es. Donald Trump acusa a los demócratas de propagar la «farsa» del coronavirus. En su cuenta de Twitter, Sanders le acusa de arriesgar la vida de los americanos al poner en duda continuamente hechos científicos. «Es el presidente más peligroso de la historia moderna de este país», ha escrito el senador demócrata.

Sanders y Trump

Carlota García Encina, investigadora del Real Instituto Elcano, sostiene que Trump y Sanders no se diferencian tanto como parece. «Los dos van contra el establishment. En esta ocasión puede ganar la candidatura demócrata y la diferencia con respecto a 2016 es que habrá unidad. Hace cuatro años no fue así. Sanders se desmarcó. Saben que ahora es fundamental que muestren unidad, una vez resuelta la nominación», afirma García Encina.

El objetivo de Trump y Sanders, que si se enfrentan van a ser los protagonistas de una campaña muy polarizada, es seducir a la clase trabajadora. Fueron quienes inclinaron la balanza hacia el millonario republicano hace cuatro años.

Trump y Sanders se dirigen a la clase trabajadora… Trump les asegura que su situación económica va a mejorar. Sanders les promete sanidad y enseñanza gratuita», dice Gurpegui

«Aunque resulte paradójico, Trump y Sanders se dirigen a la clase trabajadora, un segmento similar. Trump les asegura que su situación económica va a mejorar. Sanders les promete enseñanza universitaria gratuita o subir el salario mínimo. Es un votante muy parecido», señala José Antonio Gurpegui. 

La estrategia de Bernie Sanders, como deja claro cuando presenta su carta de derechos económicos del siglo XXI, es demostrar que su discurso, si bien evoca las recetas nórdidas, realmente enraiza con la tradición estadounidense.

«Trump pretende equipararle a gobiernos de América Latina. Para los jóvenes el socialismo democrático ya no tiene connotación negativa. En sus discursos alude a Franklin Delano Roosevelt, Martin Luther King, Truman… Sanders está más cerca del new deal de Roosevelt que de la Liga Socialista de la Juventud».

Sanders denuncia la gran desigualdad que existe en Estados Unidos y aboga por una nueva redistribución de la riqueza a través de una política fiscal que grave más a los más ricos y a las grandes empresas.

El senador se presenta como el motor de un movimiento social que pretende llevar a la agenda estos temas. En este sentido, ha tenido éxito, ya que los aspirantes demócratas tienen en cuenta las mejoras en sanidad y educación, por ejemplo. Es muy popular entre los más jóvenes.

Fue alcalde de Burlington, en Vermont de 1981 a 1989. Burlington es una ciudad de 45.000 habitantes, cercana a Canadá. Entonces visitó varias veces Nicaragua. Su gran legado fue el Champlain Housing Trust, un sistema innovador con el que evitó que se disparasen los precios de la vivienda. Hoy en día gestiona 3.000 viviendas.

Una carrera abierta

La carrera por la nominación demócrata acaba de empezar: se han celebrado los caucus en Iowa, donde la noticia fue el caos del recuento, las primarias en New Hamphsire, y los caucus de Nevada. En Iowa el joven Pete Buttigieg destacó ligeramente sobre Bernie Sanders, quien ha ganado en los otros dos estados.

Este domingo se celebran primarias en Carolina del Sur y el martes 3 de marzo se vota en 14 estados, entre ellos Texas y California, que suponen el 33% de los delegados.

El ex alcalde de Nueva York Michael Bloomberg, quien ha invertido más de 300 millones de dólares de su propia fortuna en la campaña, se estrena en el Supermartes. Bloomberg se la juega a todo o nada.

De los candidatos que están en liza se sitúan a la izquierda los senadores Bernie Sanders y Elizabeth Warren. El resto son moderados: el ex vicepresidente Joe Biden, a quien le está costando mucho despegar, Pete Buttigieg, el candidato revelación en Iowa; el propio Mike Bloomberg; la senadora Amy Klobuchar, y el también millonario Tom Steyer.

Es probable que después del Supermartes varios renuncien a seguir y apoyarán a alguno de los que quedan. Ahí Sanders puede quedarse solo. Warren sí podría apoyarlo. Tras el 3 de marzo podrían anunciar su retirada Warren, Klobuchar y Steyer. De nuevo se perderá la ocasión de que llegue una mujer a la Casa Blanca.

Robert Matthews no cree que Trump quiera que Sanders sea su rival en las presidenciales del 3 de noviembre, sino que quiere hacer ver que prefiere al senador por Vermont, si bien sería en realidad a quien más teme, ya que apuntan los dos a conquistar a la clase trabajadora, los que no se benefician de vivir en la primera potencia global.

La sombra de Cuba

El flanco débil de Bernie Sanders es su extrema cercanía en el pasado a la Cuba de Fidel, la Nicaragua de Daniel Ortega y la Venezuela de Chávez. En los debates entre los aspirantes demócratas cada vez que quieren lanzarle un directo ponen el nombre de Cuba sobre la mesa.

Su defensa de los avances educativos y sanitarios en Cuba rechinan a muchos estadounidenses, a quienes la sombra del comunismo estremece. «El socialismo destruye naciones», dijo Trump en el reciente discurso del estado de la nación, en el que rindió homenaje a Juan Guaidó, presidente encargado de Venezuela, invitado a presenciarlo en el Congreso.

«Trump va a enfatizar los comentarios de Sanders sobre Cuba, por ejemplo, cuando alaba sus políticas sociales. A los americanos les aterroriza tener un presidente socialista», dice José Antonio Gurpegui, del Instituto Franklin de la Universidad de Alcalá de Henares.

Estamos en contra de la naturaleza autoritaria de Cuba pero es injusto decir que todo es malo… Fidel instauró un programa de alfabetización enorme. ¿Eso es malo?», dijo Sanders a la CBS

En una entrevista en la cadena CBS, Bernie Sanders declaraba: «Estamos en contra de la naturaleza autoritaria de Cuba, pero es injusto decir que todo es malo. Cuando Fidel Castro llegó al poder, ¿saben lo que hizo? Instauró un programa de alfabetización enorme. ¿Eso es malo? ¿Es malo aunque Fidel lo hiciese».

A su vez, Sanders recordaba cómo él siempre ha denunciado a los regímenes autoritarios, «incluida Cuba, Nicaragua, Arabia Saudí, China y Rusia. Creo en la democracia, no en el autoritarismo».

Para los demócratas de Florida Bernie Sanders es una bomba de relojería. La comunidad cubana solo atiende la parte de su discurso en la que defiende el castrismo y ya no escucha las críticas a la dictadura, porque son mucho más livianas de lo que merecería el caso cubano. Florida es un estado crucial para la victoria en noviembre próximo.

«Donald Trump ganará Florida si Sanders es nuestro candidato», decía a Politico Javier Fernández, candidato demócrata en este estado y defensor de Joe Biden. Los hispanos, descendientes de cubanos, coinciden con Trump en que Sanders sigue siendo el mismo que se dejó fascinar por Fidel y luego apoyó a Daniel Ortega.

Sobre Venezuela, en un debate en septiembre respondía al periodista de Univision Jorge Ramos, quien le inquirió por qué evitaba calificar como dictador a Maduro, Sanders dejó claro: «Cualquiera que hace lo que hace Maduro es un tirano despiadado». Sin embargo, se resiste a reconocer a Juan Guaidó como presidente encargado de Venezuela y se opone a las sanciones aplicadas por el gobierno de Donald Trump.

De forma muy clara expuso sus postulados en el debate en septiembre: «En términos de socialismo democrático no es apropiado equiparar Venezuela con aquello que defiendo. Explicaré qué entiendo por socialismo democrático. Creo que garantizar la sanidad para todos es un derecho humano, como hacen en Canadá y en Escandinavia. Creo que EEUU no debería ser el único país que es una superpotencia pero a la vez no garantiza a las familias permisos por enfermedad. Creo que los trabajadores merecen un salario digno y apoyo la labor de los sindicatos».

Robert Matthews recuerda cómo «en los años 30 el presidente Franklin Delano Roosevelt rechazó el capitalismo sin freno y consiguió que el Congreso impulsara cambios sociales extraordinarios y de gran alcance».

Recuerda Matthews cómo en 1936 Franklin Delano Roosevelt dijo, a propósito del odio que despertaba en las clases adineradas: «Son unánimes en su odio. Y yo recibo con gusto su odio». Podría haberlo dicho Sanders, apunta el profesor.

Si fuera candidato, Sanders necesitará transformar ese odio y esa desconfianza para evitar que Trump siga en la Casa Blanca. Cada voto cuenta.