Sociedad

El pueblo extremeño que se unió para vencer el miedo en la era del coronavirus

La localidad de Arroyo de la Luz (Cáceres) ha quedado aislada tras registrarse un importante brote de coronavirus, que ya se ha cobrado la vida de tres personas

Un cartel de apoyo cuelga de un balcón de Arroyo de la Luz, el pueblo extremeño aislado por el coronavirus. EL INDEPENDIENTE

«Ya volverán los abrazos, los besos dados con calma. Si te encuentras a un amigo, salúdalo con el alma». Este fragmento de la canción que el cantautor uruguayo Jorge Drexler ha compuesto para hacer frente al coronavirus con música corre como la pólvora entre grupos y chats de Whatsapp de los vecinos y vecinas de Arroyo de la Luz (Cáceres), una población de no más de 6.000 habitantes aislada por un serio brote de Covid-19. Es una de las pocas localidades españolas en las que se ha decretado una medida tan drástica, junto a Haro (La Rioja), Igualada (Cataluña) o la zona costera de Murcia.

El viernes 13 de marzo a las 15:00 horas de la tarde ya era oficial. No había vuelta de hoja. Esta pequeña localidad extremeña permanecería sitiada al menos durante las dos próximas semanas por orden de la Junta de Extremadura. Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado bloquean carreteras y caminos. Nadie puede entrar, tampoco salir. ¿El objetivo? Combatir una pandemia que ya se ha cobrado la vida de casi 300 personas y afecta a casi 8.000 en todo el territorio nacional.

34 positivos en coronavirus y tres muertes son los datos oficiales confirmados por el Servicio Extremeño de Salud (SES) y, al mismo tiempo, el detonante de un confinamiento que cogió a Arroyo de la Luz por sorpresa. «No estábamos preparados para esto en tan poco tiempo», señalan varios vecinos. «Lo veíamos muy lejos. Tenemos el miedo en el cuerpo, es una angustia constante». El aislamiento domiciliario, la restricción de las salidas para lo rigurosamente necesario y el límite de las actividades sociales, incluso dentro de la propia vivienda, se suman al cierre de todos los accesos. Ir al supermercado o requerir asistencia sanitaria son algunas de las pocas excepciones que justifican transgredir la norma a la que se acogen con rigor y con resignación los 5.800 arroyanos.

Atasco a la entrada de Arroyo de la Luz el pasado viernes

El primer positivo fue el de Claudia, de 59 años, que el pasado 29 de febrero viajó a Sevilla con otro medio centenar de vecinos para ver un espectáculo del Circo del Sol. A la vuelta comenzó a sentirse mal y falleció poco después. Hacía casi dos años que le habían diagnosticado una cardiopatía y padecía diabetes, pero las pruebas demostraron que tenía Covid-19. Claudia trabajaba en la biblioteca municipal y en la residencia de ancianos de la localidad y cantaba en el coro de la Iglesia. Los casos no tardarían en multiplicarse y Arroyo se convertiría en el principal foco de infección de Extremadura.

La situación es especialmente límite en la residencia de mayores Virgen de la Luz, donde poco después se confirmó la segunda muerte por coronavirus de un anciano de 85 años, que padecía patologías respiratorias. A última hora del domingo llegaría la tercera muerte, en este caso la de una mujer de 93 años, también en el centro de mayores donde cuatro auxiliares y una enfermera han dado positivo. Al menos un centenar de vecinos permanece en observación.

El pasado fin de semana comenzó a circular a través de las redes sociales un llamamiento por el que las enfermeras del centro de mayores pedían encarecidamente ayuda para atender a todas las personas ancianas aisladas, ante la mayor vulnerabilidad de este grupo de edad. «Es de vital importancia. Ahora más que nunca necesitamos dar el 100% de nosotros», rezaba el mensaje. La solidaridad actuó de nuevo y en pocas horas las responsables lograron suplir las bajas y reforzar un personal que trabaja sin descanso. Pero son tiempos difíciles, y trabajadores sanitarios de la localidad advierten que «el personal no da abasto» y en el centro de salud no hay medios para hacer pruebas a todas las personas con síntomatología avanzada.

‘Silent Hill’

«El pueblo está fantasma total. No se ve a nadie por la calle. Parece Silent Hill‘, cuenta una vecina a este medio, que no deja de salir de su asombro por cómo una pandemia mundial ha acabado con la normalidad de una pequeña localidad extremeña.

A través de un vídeo publicado en Facebook, el párroco de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción ha informado de que las medidas de seguridad también están afectando al normal desarrollo de los entierros, incluso de los fallecidos por muerte natural. No se celebra misa, y sólo se realiza un pequeño velatorio en el tanatorio municipal con los familiares de primer grado.

Patrullas de la Guardia Civil en el tanatorio municipal

Todos los edificios municipales se encuentran también cerrados y sólo se abren los accesos para garantizar el abastecimiento de la población, aunque también se permite entrar a ganaderos que tienen la finca dentro del pueblo y tengan que alimentar el ganado o al personal sanitario que acuda a la población.

Pero todas las medidas parecen pocas para «estudiar bien los contactos y que no se produzca una transmisión descontrolada», destacaba el pasado viernes el consejero de Sanidad, José María Vergeles.

Más allá de las patrullas de la Guardia Civil que controla las salidas, el único atisbo de multitud se produce en los supermercados, donde los agentes controlan que se mantenga una distancia de seguridad de un metro entre los vecinos. Los dependientes, como no puede ser de otra forma, van ataviados con guantes y mascarillas y, según cuentan sus vecinos, es otro de los gremios junto al de las fuerzas de seguridad y personal sanitario que se están convirtiendo en «verdaderos héroes» en medio de esta crisis de la que no existen precedentes. Y es que los trabajadores de supermercados y el propio Ayuntamiento se está encargando de llevar comida a domicilio a las personas mayores que no pueden salir de sus casas de forma altruista. «No hay palabras para definir cómo se está volcando todo el pueblo», comentan.

Llamamiento a la unidad

Lemas como «Derrotemos al bicho» o «Arroyo resiste» se han convertido en auténticos mantras para los vecinos de la pequeña localidad extremeña. Las redes sociales se han llenado de miles de comentarios de apoyo, incluido en Twitter, donde la etiqueta #FuerzaArroyo ha llegado a ser trending topic en los últimos días y donde se cruzan cientos de mensajes de apoyo desde fuera y desde dentro para superar el asedio y, sobre todo, la enfermedad.

«La gente se lo está tomando muy en serio, y pronto lo vamos a conseguir», expresa otro arroyano. Desde el confinamiento, se han organizado una serie de movimientos ciudadanos para sobrellevar la cuarentena.

Así, algunos vecinos están colgando de sus balcones carteles pintados por los más pequeños de la casa para darse apoyo mutuo y, a las 18:00 horas de la tarde se están realizando quedadas para cantar al unísono desde los balcones de las casas el tema Resistiré del Dúo Dinámico, una iniciativa respaldada por la emisora municipal, Radio Sansueña.

Cartel con el lema ‘Arroyo Unido’ cuelga de uno de los balcones de la localidad

Porque como cantaba Drexler, «la paronoia y el miedo no son ni serán mi modo. De esta saldremos juntos, poniendo codo con codo».

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