Una orquesta de cámara formada por israelíes y palestinos. El argumento de la película Crescendo, que se estrena este viernes en cines, no es nuevo. Se basa en la West-Eastern Divan Orchestra, creada en 1999 por el músico Daniel Barenboim y el filósofo Edward Said. Su objetivo, como ocurre en la película, era disponer de un foro para que árabes y judíos dialogasen acerca del conflicto abierto desde finales del siglo XIX entre ambos.

En este filme del cineasta israelí Dror Zahavi narra cómo el conocido director de orquesta Eduard Sporck (Peter Simonischek) acepta el trabajo de reunir a un grupo de jóvenes intérpretes de Israel y Palestina para lanzar un mensaje de paz a través de la música. Desde las mismas audiciones, los instrumentistas se dividen en dos grupos: el que está formado por ciudadanos árabes, liderado por Layla (Sabrina Amali), y el de los judíos, encabezado por Ron (Daniel Donskoy).

En lugar de dejar sus diferencias a un lado, los jóvenes de uno y otro bando se enzarzan continuamente en discusiones, e incluso peleas físicas, en las que reivindican los derechos de sendos pueblos y echan en cara a los muertos al este y al oeste de la Línea Verde, que delimita los territorios bajo control israelí y palestino. A pesar del ímpetu de Sporck por conseguir que lleguen a escucharse, la mayoría de los músicos no consiguen dejar de lado el odio que han compartido sus compatriotas durante décadas.

«Israelíes y palestinos pueden convivir. Es posible. Quizá no será hoy ni mañana, pero sí que es posible si dais un primer paso», dice en un momento de la película el director de orquesta. Las víctimas pesan en los argumentos de unos jóvenes que expresan con ávidos argumentos las rezones de su rechazo al otro. Y no es hasta el momento en el que Eduard Sporck, hijo de nazis, explica su experiencia personal: estuvo a punto de ser fusilado junto a sus padres y pensaba que nunca podría pisar una zona judía y muestra cómo él ha podido reconciliarse con su pasado gracias al perdón y a la comprensión.

«El odio nos debilita», dice una de las protagonistas israelíes. Cuando los dos grupos comienzan a entenderse, tanto en el terreno musical como personal, toda su evolución se ve truncada por un suceso final que vuelve a prender la chispa de la discordia.

Barenboim y Said fueron galardonados con el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia en 2002 por haber creado la West-Eastern Divan Orchestra, que ha girado por gran parte del mundo y que se reúne cada verano en Sevilla para participar en un taller formativo. En agosto, la orquesta dedicó al pueblo libanés y a las víctimas de la explosión en Beirut su tradicional concierto veraniego en el Waldbühne de Berlín.