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Colores hipnóticos y empatía emocional: por qué te engancha 'El juego del calamar'

Fragmento de 'El Juego del Calamar'

Fragmento de 'El Juego del Calamar' Netflix

Todo el mundo ya forma parte de El juego del calamar. Quien no lo ha visto ha oído hablar de él o lo ha comentado y por tanto, ya es participe parte de la conversación, lo que ha favorecido que El juego del calamar se haya convertido en el mejor estreno de la historia de Netflix. La utilización de códigos visuales reconocibles, el factor sorpresa y la capacidad de acorralar al espectador en la misma encrucijada que a los protagonistas son algunos de los elementos más seductores de la serie del momento.

«El éxito de El juego del calamar es que ha trascendido a su audiencia de origen», comenta en conversación con El Independiente, Elena Neira, especializada en nuevos modelos de distribución audiovisual y autora de Streaming Wars. Neira argumenta que el potencial de la ficción surcoreana emana de «la fusión entre el formato de distribución, las iconografías y las narrativas virales» con las que trabaja Netflix.

El juego del calamar, sin caer en el tópico, ha aprovechado el gancho de la distopía y ha ido más allá. «Se ha popularizado porque es una serie nicho que ha conseguido dejar de serlo. Esto pasó con Juego de Tronos, que empezó como una fantasía épica para un público muy determinado pero que todo el mundo acabo viendo» explica Neira. La plataforma ha elevado a la máxima potencia su creación para convertirla en todo un fenómeno de masas. La posibilidad de ver todos los capítulos el mismo día del estreno es uno de los principales culpables de este auge. «Con el estreno en bloque Netflix pretende paralizar a la población en un período de tiempo muy controlado, las reacciones se concentran en un marco más pequeño y se intensifica el efecto» señala Neira.

Refuerzo de la estrategia de Netflix

Los resultados de Netflix con El juego del calamar han superado sus propias expectativas. Al tratarse de una producción original de la plataforma «ayuda a construir su propiedad intelectual», por lo que tal y como explica la experta, «habrá una secuela casi seguro».

La idea original del director Hwang Dong-hyuk era un largometraje; sin embargo, con el respaldo de Netflix fue posible hacer nueve capítulos de una hora. Neira apunta a que «el modo de consumo ha cambiado la producción de contenidas». «Cada vez se potencia más la miniserie, así como las series con un número de temporadas más reducido y con menos capítulos. El público quiere contenidos directos y no compromisos largos».

Neira ensalza como uno de los grandes méritos de El juego del calamar su talento para superar «uno de los grandes problemas del vídeo bajo desmanda»: «el algoritmo te coloca delante lo que te gusta, como esto está fuera de las preferencias habituales es una bocanada de aire fresco».

La capacidad de congregar a 111 millones de usuarios en 28 días evidencia los aciertos El juego del calamar, que ha calado en los pensamientos de todo aquel que se sienta a verla -«¿Qué haría yo en una situación así?»-. Además, la existencia de diferentes personalidades extiende la capacidad de provocar esta empatía emocional en un porcentaje de público mayor. La mezcla entre lo cotidiano, una problemática social y la lección sobre la cultura surcoreana cimientan el triunfo de El juego del calamar.

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