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Balenciaga, el gran maestro de la alta costura, tendrá serie propia

Alberto San Juan como Balenciaga

Cortesía de Disney+

Balenciaga, desde luego, no ha tenido suerte en el cine ni en la televisión. Aunque parezca mentira, la vida del gran maestro de la costura que fue Cristóbal Balenciaga, probablemente el mejor de entre todos los grandes (y el elenco era notable, con Chanel y Dior presentes), no ha sido llevada a la pantalla, ni a la pequeña ni a la grande. Hasta ahora: Disney+ anunció a finales del año pasado que estaba trabajando en una serie sobre la vida del diseñador, aunque como no se habían dado más detalles desde entonces, todo parecía que el proyecto había sido aparcado.

Al fin y al cabo, no hubiese sido la primera vez que un biopic sobre Balenciaga ha estado encima de la mesa de un productor pero se ha quedado ahí. En el año 2013, el director Julio Médem quiso hacer una película sobre él, y el proyecto no cuajó. En el 2020, se anunció otra producción, pero de nuevo quedó en nada. Balenciaga se ha tenido que conformar, como mucho, con aparecer de refilón. En el 2016, Telecinco lanzó «Lo que escondían sus ojos«, donde Ramón Serrano Súñer (ministro de Asuntos Exteriores en la España post-franquista) y la bella e impetuosa Sonsoles de Icaza, marquesa de Llanzol (interpretada por Blanca Suárez), mantenían un escandaloso romance. Balenciaga aparecía de refilón como modista de cabecera de la marquesa, pero aunque la personificación de Javier Rey estuvo muy bien lograda, se quedó en un cameo.

«Balenciaga», un proyecto largamente esperado

Ahora parece que –¡por fin!– el gran maestro de la costura va a tener todo el protagonismo. Su vida, desde luego, da para varias temporadas, aunque por lo que sabemos la serie «Balenciaga» que prepara Disney+ tan sólo tendrá seis capítulos. Los suficientes para explicar la biografía de este genio que nació en Getaria (Guipúzcoa) en condiciones más que humildes (su padre era un pescador fallecido en alta mar y su madre era modista) y logró coronarse como el rey de la moda en París.

De momento, la serie de televisión que prepara Disney+ se llama provisionalmente «Balenciaga«, aunque no creemos que el título vaya a cambiar demasiado. Al fin y al cabo, ¿qué más hay que decir? Balenciaga, así, sin epítetos, ya nos dice todo lo que necesitamos: el nombre evoca elegancia y glamour, la verdadera esencia de la alta costura. No en vano, Balenciaga fue el maestro de maestros, el verdadero revolucionario de la moda, el impulsor de muchas de las innovaciones estilísticas que hoy algunos reivindican con novedades revolucionarias. Él fue el visionario, el hombre que elevó los vestidos a la categoría de arte. Balenciaga no necesita subtítulos ni abalorios superfluos.

Será, eso sí, el primer contenido exclusivamente español de la plataforma y contará con actores de primera línea, como Alberto San Juan, que dará vida al mítico creador. A San Juan, que debutó en el cine con «Airbag» y triunfó con «El otro lado de la cama«, lo hemos visto también en dos papeles merecedores de un Goya: fue el mejor actor protagonista por «Bajo las estrellas» (2008) y el mejor actor de reparto por «Sentimental» (2021). Además, tiene una larga experiencia en el teatro: fue nominado al premio Max como mejor actor de teatro por «Marat Sade» y escribió la obra «El fin de los sueños«, premio Max de teatro alternativo.

Meterse en la piel de un genio

Viéndolo en el material promocional que ya ha distribuido Disney+ y que nos muestra a Alberto San Juan caracterizado como Balenciaga (vean la fotografía que acompaña a este artículo) podemos decir que el actor se ha mimetizado con el maestro de la costura. No sólo el parecido físico es más que asombroso, sino que la expresión de la cara –con esa mirada sumamente inteligente propia de los genios– te transporta inmediatamente a ese París mítico de grandes couturiers.

«En cuanto Alberto San Juan llegó a la prueba sentimos que habíamos encontrado a nuestro Cristóbal Balenciaga«, reconocieron los creadores de la serie. «Es el protagonista absoluto, presente en casi todas las escenas de la serie e interpretando a un diseñador de moda, lo que implica aprender a coser o a manipular una tela».

También a meterse en la mente de un genio increíblemente lúcido, pero también poliédrico, podrían haber añadido. Porque Balenciaga tuvo muchas caras. Decían que él era como sus trajes: supuestamente sencillos en el exterior, pero llenos de secretos en el interior.

Una carrera meteórica

Primero estuvo el niño inquieto que aprendió su oficio viendo a su madre, una modista que cosía a damas de la alta sociedad que veraneaban en el norte de España. Dicen que el pequeño Cristóbal iba con frecuencia a las refinadas sastrerías de estilo inglés que entonces había en San Sebastián, ciudad de buen gusto donde las haya, y que allí perfeccionó su técnica. También dicen que, un buen día, cuando Balenciaga tenía tan sólo 13 años, la marquesa de Casa Torres, una de las clientas de su madre, le preguntó: «¿Y tú, qué harás para ayudar a tu madre cuando seas mayor?». A lo que él contestó: «Haré ropa preciosa como la que usted lleva». Ella, riéndose, le volvió a preguntar: «Pero que sabes tú de costura?». Y él dijo: «Puedo coser y podría copiar el traje que lleva usted si tuviera el lino necesario». Cuenta la leyenda que, intrigada, la marquesa hizo llevar esa misma noche el traje y unos cuantos metros de tela. Y que, cumpliendo su palabra, Balenciaga copió el traje a la perfección. Tan bien lo hizo que la marquesa de Casa Torres se convirtió en su protectora y le abrió las puertas de la alta sociedad.

Así comenzó su meteórica carrera. A los veinte años, ya era el diseñador de la reina Victoria Eugenia y tenía boutiques en San Sebastián, Madrid y Barcelona. Cuando estalló la Guerra Civil, se instaló en París. De nuevo, el éxito le sonrió, y eso que la competencia era feroz: estamos hablando de los tiempos en que Cocó Chanel y Christian Dior estaban vivos y ya eran muy conocidos. Ambos, por cierto, aplaudieron los diseños del joven español (por aquello de que los genios se reconocen entre sí).

Balenciaga se hizo pronto un hueco entre los más grandes modistos. Se decía que él no cosía los trajes: los esculpía o, mejor dicho, los construía sobre el cuerpo. Su lema era que tenía que crear algo bello para eliminar los defectos y, por ello, se obsesionó con las proporciones y los volúmenes. Sabía combinarlos como nadie. Sus trajes, de una pureza de líneas no vista hasta entonces en París (llevó la austeridad tan típica de Castilla a la moda), estaban cosidos íntegramente a mano y, gracias a unos armazones que se diseñaban para cada vestido, se conseguía cambiar «milagrosamente» el cuerpo de sus clientas. Eran puras obras de artesanía y también de ingeniería: el mecanismo interior estaba tan bien pensado y engrasado como un reloj suizo.

Balenciaga elevó la moda a categoría de arte. De hecho, se nutrió del arte para crear sus diseños: adoraba los cuadros de Goya y de Zurbarán. No es de extrañar que los museos, muchos de ellos reacios a dejar entrar la moda entre sus paredes, le dedicaran exposiciones. La que organizó el Thyssen con sus trajes y los cuadros que los inspiraron fue una auténtica maravilla.

No es de extrañar tampoco que Balenciaga tuviera muchas clientas. Las mujeres más elegantes del mundo –de Mona Bismarck a Pauline de Rothschild— se rindieron a su talento. También formó a una legión de discípulos, de Courrèges al también mítico Hubert de Givenchy. Todos lo veneraban como a un Dios.

Pero como toda buena tragedia griega, al Dios también le esperaba una desventura. En su caso, una pequeña traición. O, al menos, así se lo tomó él. Fue en 1947, cuando Christian Dior, su eterno rival, lanzó la colección «New Look» con aquellas chaquetas de cintura de avispa y faldas de amplio vuelo. Daba la casualidad que Balenciaga había creado trajes iguales –o, cuando menos, muy parecidos– unos años antes, y no le perdonó al francés que dijera que había creado una nueva silueta.

Tampoco le agradó que muchas de sus clientas se mudaran de salón. Pero, siempre astuto y con una visión superlativa de negocios, upo reponerse del golpe. Siguió creando lo que no había creado nadie: del vestido saco al vestido trapecio.

El hombre que blindó su vida privada

Obviamente, aparte del creador estaba el hombre. Pero en este ámbito, Cristóbal Balenciaga quiso siempre que se respetara estrictamente su privacidad. Se sabe que su homosexualidad no era ningún secreto y que vivía con un aristócrata polaco-francés de nombre Wladzio d’Attainville. Cuando éste murió, en 1948, Balenciaga no volvió a ser el mismo. Cuenta la leyenda, que ese año, todos sus trajes fueron negros: fue él quien puso realmente de moda el negro como color de la elegancia entre las damas de la sociedad.

Tampoco aguantó bien el paso del tiempo: cuando, en una película, vio a la protagonista vestida con tejanos y una camiseta, supo que su reinado se había acabado. Pocos años más tarde, cerró su maison casi por sorpresa y sólo aceptó un par de encargos increíblemente prestigiosos: el vestido de novia de Fabiola de Mora y Aragón y el de Carmen Martínez-Bordiu, nieta de Franco. Fueron prácticamente su despedida.

Un elenco de lujo

Los creadores de la serie «Balenciaga«, desde luego, tienen mucho de donde escoger. Tan sólo la rivalidad del creador vasco con Dior daría para una serie entera. Pero parece ser que tratarán toda la vida, desde sus humildes orígenes.

La serie estará dirigida por Jose Mari Goegana Loreak»), Jon GarañoHandia«) y Aitor Arregi La trinchera infinita«). Los tres, junto con Lourdes Iglesias, también son los responsables del guion. De los trajes se va a encargar Bina Daigeler, nominada al Oscar por la película de acción «Mulán«, de Walt Disney. Se sabe que ya hay un equipo de treinta personas recreando los diseños de Balenciaga.

Una tarea ardua y difícil, sin duda. Porque Balenciaga no cosía. Tampoco diseñaba. Él creaba, construía y soñaba. Las suyas eran las manos de un genio. Y sus detalles eran imposibles de copiar.

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