Pasos. Trincheras. Disparos. El sonido es un personaje más en el nuevo largometraje de Sam Mendes, que presume de ser uno de los que está presentes en la quiniela de los Premios Oscar. Actualmente cuenta con tres nominaciones a los Globos de Oro, entre los que se incluye mejor película. No andan desencaminados. En lo más crudo de la Primera Guerra Mundial, dos jóvenes soldados británicos, Schofield (George MacKay) y Blake (Dean-Charles Chapman) reciben una misión aparentemente imposible: enviar un mensaje a un pelotón que está detrás de territorio alemán, aparentemente retirado.

En su camino, irán vigilados por alemanes heridos que no dudan en acuchillarles, aviones que les bombardean y enemigos que incendian las zonas que van dejando atrás. Incluso un río bravo pasa a ser del otro bando y a complicar aún más su misión. El miedo a la muerte, a la vuelta a casa debido a la incertidumbre de si es o no la última vez que el soldado visita a sus seres querido y el deseo a pasar las Navidades en el añorado hogar, son algunos de los sentimientos de los miembros del pelotón británico.

Estamos ante una superproducción. Estas películas gozan de un gran presupuesto que permite a sus directores crear una ambientación de lo más envidiable (y no es para menos). En 1917 logramos transportarnos a la Gran Guerra, al conflicto que tuvo lugar en las trincheras y que enfrentó a las naciones más importantes del mundo.

La película se ha rodado en plano secuencia para narrar la misión de dos soldados, quienes deben atravesar territorio enemigo para enviar un mensaje y evitar un ataque que puede terminar con la vida de miles de soldados. El director de American beauty (1999), Revolutionary road (2008) y las entregas de la saga James Bond Skyfall (2012) y Spectre (2015) ha afirmado en una entrevista que existía cierto riesgo al tomar esta decisión estilística porque «no podía escapar de nada, no tenía salida, no podía quitar nada ni cambiar del marco de la historia, sino conseguir escenas finales al final del día».

«Es un riesgo cuando sabes que no puedes volver atrás, que no puedes escapar», ha dicho Mendes, quien ha confesado que existía también cierto «miedo». «Lo que más disfrutas habitualmente como cineasta es la edición y el montaje de una película, es un momento tranquilo en el que disfrutas, pero aquí no tenía eso», ha apuntado.

El director dedica 1917 a su abuelo, Alfred Mendes, un veterano de guerra que luchó entre 1916 y 1918, cuyas historias le sirvieron para construir esta historia. «La película es para mi abuelo pero no es sobre él», ha dicho. Tal y como ha señalado, pretende recordar a «toda una generación» que fue a la guerra «por una causa mayor que todo, por encima de ellos» y que se «sacrificaron».