He visto reírse de las tragedias como vía de escape para no sufrir tanto.

La risa ha salvado muchos llantos. Las hienas no ríen, en contra de la creencia popular, se mofan, y los que son capaces de reírse son creativos, inteligentes, no excluyen el dolor, pero lo apaciguan y, si además, le añaden fantasías, ficción, posibilidades, sueños, crecen en la capacidad de afrontar situaciones controvertidas.

Estamos de acuerdo en que una guerra no es motivo de risa. Pero es que no es la guerra en sí, son las personas que las promueven, porque ellos ni siquiera las hacen. Las llevan a cabo los soldados, la población civil, los desamparados, las víctimas y, por tanto, están y tienen todo el derecho a inventarse argumentos que los saquen del horror.

De ahí, los chistes, los cuentos, los argumentos imposibles, las canciones, el baile, los disfraces, los equívocos, los planes que nunca nadie sería capaz de llevar a cabo.

Inevitablemente me he trasladado hasta el referente de To Be or Not to Be de Ernest Lubitsch, donde también una compañía de teatro intenta salvar del horror de la Gestapo a sus conciudadanos. En Fundamentalmente Fantasías para la Resistencia, pasa algo parecido, pero esta vez los actores de una compañía de teatro ucraniano serán los encargados de derrocar al mandatario Putin en su propio despacho. Pin Pan Putin, ¡viva la vida, alegra y divertida! ¡Muera la muerte triste y compungida!

Alfredo Sanzol, que escribe y dirige esta historia, recurre al humor, a la risa, al folclore, al enredo, a la ficción dentro la realidad, al teatro dentro del teatro, a la realidad cruenta con una sonrisa, a la imaginación contra los desastres de la violencia y la guerra, incluso a los dioses que se ríen de los humanos, pero también a la poesía de las relaciones personales, de la amistad, de los corazones abiertos aunque estos magullados. Porque también hay ternura, y drama, y desdicha.

Es verdad que la muerte no tiene remedio, pero en teatro sí. Es cierto que las contiendas bélicas no pueden evitar que uno imagine que todo irá mejorando. Es auténtico pensar que una forma de pelear y resistir es creando, alumbrando nuevas ideas, haciéndose fuertes aunque solo sea en un escenario.

Hay quien mata, pero siempre hay alguien que da vida, por más que sean personajes imposibles en una fantasía que libera, en una mentira que no es tal, porque denuncia, en una pena que puede convertirse en alegría.

El elenco del Centro Dramático Nacional están magníficamente histriónicos, sin evitar el exceso necesario, ahogando penas, muriendo de risa.  

Ficha Técnica

Autoría y Dirección: Alfredo Sanzol

Interpretación: Elena González, Eva Trancón, Javier Lara, Juan Antonio Lumbreras, Julia Rubio, María Moraleja, Natalia Hernández, Pablo Márquez, Paco Déniz, Pepe Sevilla

Producción: Centro Dramático Nacional (CDN)

Espacio: Teatro Valle-Inclán


Alberto Morate, escritor, poeta, director de escena, profesor de Literatura y Teatro y Academíco de la Academia Norteamericana de Literatura Moderna Internacional (ANLMI).