Desde que se alertara hace poco más de un mes de los primeros casos de una extraña gripe en China, la expansión del coronavirus ha sido tan veloz como el miedo que produce este mismo en las personas. Europa comenzó observándolo desde la barrera a través de la pantalla. En Asia, los casos iban aumentando y las muertes en personas de mayor edad y con patologías previas no tardaban en llegar, poniendo así en alerta al mundo.

Las medidas de precaución llevadas a cabo por estos países estaban dotadas de una aparente exageración que recordaba a episodios como el ébola o la gripe a. Sin embargo, el 24 de enero aparecían los dos primeros casos de la enfermedad en Europa, concretamente en Francia, a los que le seguirían más países europeos como Alemania, Rumanía, Austria o Italia. El 31 de enero haría acto de presencia en España y semanas más tarde cruzaría el atlántico hasta llegar a Brasil.

Más allá de la enfermedad o del contagio se ha abierto un debate social en las calles del mundo que tardará en desaparecer. Las mascarillas agotadas, clases canceladas y ciudades en cuarentena. Lo que algunos definen como pandemia, otros lo ridiculizan y hablan de simple ‘constipado’. Pero los días pasan y el coronavirus y su amenaza siguen atemorizando a gran parte del mundo.