Los vasos sanguíneos forman una red continua que permite que la sangre circule por todo el cuerpo. Entre sus funciones no está sólo la de transportar oxígeno y nutrientes, sino también la de regular la temperatura, distribuir hormonas y facilitar la eliminación de sustancias de desecho por el riñón, por el hígado y por el pulmón. Basta pensar que órganos tan distintos como el cerebro, los músculos, o el mismo corazón, dependen de que el flujo sanguíneo sea constante y esté bien regulado para funcionar correctamente.
En concreto, recuerda que existen tres grandes tipos: las arterias, las venas y los capilares, cada uno con una función específica: “Las arterias conducen la sangre rica en oxígenos y nutrientes desde el corazón; mientras que las venas devuelven la sangre con un menor contenido de oxígeno, a la par que retornar los productos de desecho producidos por las células; y los capilares actúan como el punto de conexión donde realmente ocurre el intercambio con los tejidos”.
De hecho, resalta este angiólogo que, aunque solemos hablar más de arterias y venas, la mayor parte del sistema vascular está formada por capilares, ya que estos han de estar en contacto íntimo con prácticamente cada célula del cuerpo. En realidad, apunta que ni las arterias ni las venas ‘alimentan’ directamente los tejidos, sino que esa función depende casi por completo de los capilares, y es donde se realiza la verdadera funciona del sistema circulatorio.
La longitud del sistema circulatorio

Aquí precisamente, el doctor Sergi Bellmunt Montoya, jefe de Servicio de Angiología y Cirugía Vascular del Hospital Universitari Dexeus en Barcelona, perteneciente al Grupo Quirónsalud, pone sobre la mesa un hecho muy curioso y es que si los vasos sanguíneos del cuerpo se extendieran podrían dar dos veces y media la vuelta a la Tierra.
“Si bien es cierto que las grandes arterias y venas las tenemos completamente identificadas, y podemos explicarlas en los libros de texto, la mayor parte del sistema circulatorio, por extensión, está formado por capilares que, como hemos dicho, llegan a prácticamente cada una de nuestras células. Esta cifra es una estimación a la que se ha llegado después de analizar la ingente cantidad de estos capilares, ilustrando hasta qué punto el sistema vascular es extenso y complejo, a pesar de ser prácticamente invisible”, subraya este experto.
¿Y si se dañan?
En este contexto, sostiene este especialista que la actividad física regular, una alimentación equilibrada, evitar el tabaco, la obesidad y controlar factores como el estrés o el sueño tienen un impacto directo sobre la salud vascular. “Estos hábitos no sólo previenen enfermedades, sino que mejoran la función de los vasos incluso en personas con factores de riesgo”, asegura el doctor Bellmunt.
Cita, además, que la microcirculación puede verse afectada de patologías como la diabetes, la hipertensión crónica, algunas enfermedades reumatológicas y el tabaquismo. “Cuando estos pequeños vasos se dañan, los tejidos reciben menos oxígeno, lo que explica problemas como úlceras, mala cicatrización o daño en órganos como el riñón o la retina. Como vemos, los capilares están en cada uno de nuestros órganos o tejidos por lo que el daño o la patología dependerán de qué parte esté afectada, siendo las causas muy diversas”, mantiene el doctor.
Así, y cuando un vaso se lesiona (un corte accidental, por ejemplo), el organismo activa mecanismos de coagulación y activa las plaquetas para detener la hemorragia y los procesos de reparación celular para restaurar la pared. “En condiciones normales, este sistema es muy eficaz; sin embargo, existen enfermedades pueden dificultar la reparación y aumentar el riesgo de complicaciones”, agrega el doctor Bellmunt.
Tal y como señala, las arterias tienen paredes gruesas, ricas en fibras elásticas y músculo liso, lo que le permite expandirse con cada latido y recuperar su forma original. “Esta elasticidad tiene la función de ayudar a llevar la sangre a todos los tejidos, pero, a la vez, va amortiguando la presión del corazón a medida que se acerca a los tejidos convirtiendo el flujo en continuo, lo que permitirá el intercambio con las células”, continúa este angiólogo.
Es por eso por lo que Sergi Bellmunt Montoya, jefe de servicio de Angiología y cirugía vascular del Hospital Universitari Dexeus de Barcelona, pone sobre la mesa que cuando esta capacidad elástica de las arterias se pierde, como ocurre con la arteriosclerosis, por ejemplo, aumenta el riesgo de hipertensión y de eventos cardiovasculares, ya que la sangre no será amortiguada de forma eficaz y puede dañar los tejidos.
Los aneurismas en las arterias o de la insuficiencia venosa
Por otro lado, reseña que otro de los problemas que pueden afectar a nuestro sistema circulatorio son los aneurismas, una dilatación localizada del vaso, que aumenta más del 50% de su diámetro, que aparece con mayor frecuencia en las arterias porque están sometidas a presiones elevadas de forma constante: “Con el tiempo, factores como el tabaco, la hipertensión, y el colesterol, que son factores de riesgo de arteriosclerosis, o de alteraciones congénitas, pueden debilitar la pared arterial, favoreciendo que ésta se dilate y, en casos graves, se rompa”.
Habla también de la insuficiencia venosa, es decir, de cuando las venas no consiguen devolver eficazmente la sangre al corazón; un fenómeno que, según este especialista de Dexeus, se ve favorecido por factores como la edad, y su consiguiente inactividad, los antecedentes familiares, los embarazos, la obesidad, o los estilos de vida sedentarios. “Es un problema frecuente que, aunque suele considerarse menor, puede afectar de forma significativa a la calidad de vida”, agrega.
“La insuficiencia venosa, como fenómeno patológico, se da cuando existe una alteración de las válvulas venosas, lo que provoca que la sangre de las extremidades inferiores no sea impulsada de forma eficaz hacia el corazón”, apostilla Sergi Bellmunt Montoya.
En último lugar, lamenta el efecto de la hipertensión sobre los vasos, ya que les somete a una presión excesiva de forma mantenida: “Esto provoca cambios en la estructura de su pared, modificando las células que la componen, así como de sus fibras elásticas y de su musculatura. Ello provocará la aparición de lesiones arterioscleróticas y un cambio en la rigidez de su pared. Todos estos cambios harán que las arterias pierdan la capacidad de amortiguar el flujo sanguíneo que llega a órganos y a los tejidos y, además, las lesiones arterioscleróticas pueden provocar, tanto de forma crónica como aguda, una disminución del flujo sanguíneo, provocando enfermedades como el infarto, el ictus, o la isquemia de miembros inferiores”.
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