Pulpo a la gallega. Lacón con grelos. Cachelos. Ternera. Merluza con pimentón. Caldo. La gastronomía es tan icono de Galicia como la Catedral de Santiago y su pilar es la calidad de sus materias primas. Es por estas y por su calidad de vida que los últimos años distintos investigadores se han propuesto elevar la categoría de su alimentación, a la que han bautizado como Dieta Atlántica y con la que quieren reivindicar su protagonismo junto a la dieta mediterránea.

Pescados, mariscos, verduras del género brassica o lácteos son las bases de esta dieta

Hace apenas 13 años, en 2006, un grupo de científicos sentó las bases con el Decálogo de la Dieta Atlántica, que definió las características de esta dieta: un consumo elevado de pescados y mariscos de proximidad – cuatro veces a la semana -, abundancia de vegetales, legumbres y hortalizas, aceite de oliva, lácteos a diario o carnes con moderación.

Esta dieta prima los alimentos de proximidad, como las verduras del genero brassica, como el repollo, berzas, grelos y nabizas, además de pimientos, cebollas, zanahorias, guisantes y ajos. También destaca la sencillez en el cocinado para mantener el valor nutritivo de los alimentos, con prioridad a la cocción, plancha, fritura en aceite de oliva o técnicas de empanado.

“La dieta Atlántica no es solo lo que comemos. Es también cómo comemos, tradicionalmente en esta región hemos comido de forma pausada y en familia”, explica Felipe Casanueva, catedrático de Endocrinología y patrono de la Fundación Dieta Atlántica, que estos días celebra su III Simposio Internacional.

Diferencias con la dieta mediterránea

Más pescado y marisco, más ternera y leche de la zona son las principales diferencias respecto a la dieta mediterránea que esgrime Casanueva, que destaca que esta dieta no supone más que recuperar “la tradicional dieta y estilo de vida de la población gallega, que es una de las zonas donde más se vive de España que es, a su vez, de las más longevas del mundo”.

En este simposio se dan a conocer las últimas evidencias científicas sobre la dieta, como el reciente estudio que relaciona el consumo de huesos de jamón en caldos y estofados con beneficios cardiovasculares, gracias a la liberación de péptidos de proteínas como el colágeno o la hemoglobina.

sólo el 8% del colesterol circulante procede de la dieta, el resto es genético

Pese que al principio se midió con cautela su posible influencia en el colesterol – por el alto consumo de mariscos – gracias a estudios posteriores como el de A Estrada se han podido verificar los beneficios de la dieta atlántica en el control de los niveles de colesterol. “Ya se ha demostrado que sólo el 8% del colesterol circulante procede de la dieta, el resto es genético. Precisamente por esta razón la FDA (organización estadounidense de seguridad alimentaria) acaba de eliminar la advertencia de los huevos sobre el colesterol”, subraya Casanueva.

Otra de las ventajas de esta dieta que se presenta en este simposio es la reducida huella de carbono de esta alimentación, tan importante en el contexto de la sostenibilidad. “Esta dieta ha demostrado ser, de las más bajas en lo que se refiere a huella de carbono”, destaca Casanueva.

A Estrada, pueblo y laboratorio

Los beneficios de la dieta Atlántica han sido ya probados en un municipio pontevedrés, A Estrada, donde a través de su centro de salud se coordinó un ensayo clínico entre 2013 y 2016 con la implicación de todo el pueblo.

Según contó a Europa Press la investigadora principal del proyecto, María del Mar Calvo, “en cierto modo, todos ellos se convirtieron en científicos voluntarios”. Se implicó directamente a 720 personas divididas en un grupo de intervención (123 familias) y otro de control (127 familias). Durante seis meses, participaron en un programa de educación nutricional y gastronómica, tras el cual pudieron comprobar reducciones significativas en sus niveles de grasa y colesterol. El proyecto recibió un premio del Ministerio de Sanidad.

Adelgazar a un pueblo entero

También con la dieta atlántica por bandera, otro proyecto en otro pueblo gallego está dando que hablar. En este caso, el responsable es un médico del centro de salud del municipio coruñés de Narón, Carlos Piñeiro, que se ha propuesto adelgazar al pueblo, un total de 100.000 kilos. Bajo el título Cien mil razones de peso, Piñeiro se ha propuesto adelgazar tal número de kilos en dos años, a través de una estrategia de alimentación saludable y actividad física que consiga, además, luchar contra enfermedades crónicas.

“El proyecto, perfectamente extrapolable a otras zonas de España, permitirá desarrollar la capacidad de la comunidad de crear sus propias soluciones para promover la alimentación saludable, la actividad física y el peso saludable, con el que mejoraremos la vida de nuestros habitantes y evitaremos un 20% de las enfermedades crónicas”, indicaba Piñeiro en el último congreso de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen).

Aunque el proyecto lleva ya alrededor de un año, hoy mismo ha arrancado la “liguilla de adelgazamiento” que enfrentará en los próximos nueve meses a 24 asociaciones para ver no sólo quien lidera la pérdida de peso sino quien es más saludable.