Salud

Sólo el 1,2% de los mayores de 80 años ingresados por coronavirus entró en la UCI

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Sólo el 1,2% de los mayores de 80 años ingresados por coronavirus entró en la UCI

Sanitarios trasladan a un enfermo en Barcelona. EFE

Resumen:

Los datos del informe que cada día actualiza el Ministerio de Sanidad sobre los enfermos de coronavirus revela lo que ya se ha denunciado en repetidas ocasiones, que las personas mayores no siempre son derivadas a las unidades de cuidados intensivos, pese a que puedan necesitarlo. Una reflexión que se desprende del desplome de los ingresos en estas áreas cuando se pasa de los 79 años.

La gráfica muestra como a partir de los ochenta años caen en picado los ingresos en cuidados intensivos. Mientras que el 12,3% de las personas hospitalizadas entre 60 y 69 años son internados en la UCI, la cifra baja al 10,2% entre los ingresados entre los 70 y los 79 años y solo el 1,2% de los ingresados mayores de 80 años entran en la UCI.

Según los últimos datos actualizados este lunes y basados en una muestra de algo más de 88.000 casos, son 122 los mayores de ochenta años que han ingresado en España en unidades de cuidados intensivos, el 3,6% del total de ingresados en UCI pese a representar el 22,6% de los hospitalizados.

Si se desglosa entre los octogenarios y los mayores de 90, los primeros suponen el 18% de los hospitalizados pero el 3,3% de los ingresados en UCI y los que han cumplido ya los 90 son el 4,6% de los ingresados pero solo el 0,3% de los que acceden a cuidados intensivos.

Una relación inversa poseen las tasas de mortalidad del COVID-19, que es del 2,8% para los que tienen entre 60 y 69 años, la cifra sube al 9,5% para los septuagenarios y para los de 80 o más años la tasa de mortalidad en caso de contagio alcanza el 20%. Este grupo de edad supone seis de cada 10 fallecidos a nivel global. Por debajo de los sesenta años, la letalidad es inferior al 1%, siempre según la muestra de este informe, que recoge un porcentaje de 88.800 del total de 140.000 casos notificados hasta el 7 de abril.

La explicación de la caída de atención en UCI para los mayores de 80 años puede encontrarse, entre otros, en las recomendaciones elaboradas para los médicos que han de decidir qué pacientes se derivan a la UCI en caso de colapso sanitario como el que se ha dado en muchas de las regiones españolas debido al coronavirus.

Según contaba el jefe médico del Hospital Clínico San Carlos, Julio Mayol, en una reciente entrevista en El Independiente, la selección de pacientes para acudir a las UCI se toman en ese hospital con ayuda de un comité ético. «Se ha tomado muchas decisiones tomando en cuenta que la población a la que más hemos tratado era la más frágil y la que menos posibilidades tiene de llevar una vida de calidad después de esto. En mi hospital las decisiones se ha tomando por criterios científicos y clínicos y nunca por escatimar recursos», aseguraba el especialista.

Porque, en condiciones normales y como explicaba el médico especialista David de la Rosa en otro artículo relacionado con la disponibilidad de respiradores para el tratamiento en cuidados intensivos, los pacientes octogenarios sí son normalmente candidatos a acceder a las UCIS. «Hace 20 años una persona de 80 años no entraba en una unidad de cuidados intensivos. Pero todo ha ido mejorando y hoy en día una persona de 80 años es relativamente joven y vas a por todas. Pero en una situación como ésta si un sanitario tiene que elegir entre ponérselo a una persona de 40 o a otra de 80 pues no le quedará más remedio”, explicaba.

Por ello y ante el colapso sanitario, también la Sociedad Española de Medicina Geriátrica lanzaba un documento de posicionamiento el pasado 27 de marzo para hacer hincapié en la necesidad de que la edad no sea un condicionamiento para el tratamiento: «Aquellas personas mayores robustas e independientes deben recibir una asistencia sanitaria en iguales condiciones que aquellos más jóvenes. En situaciones de limitación de recursos, especialmente limitación de recursos de unidades de cuidados intensivos, la edad no será en ningún caso criterio único para la toma de decisiones» y solicitaban que la situación funcional y de fragilidad, como «buenos predictores individuales de mortalidad a corto y largo plazo en la población mayor, deberán ser criterios prioritarios en la toma de decisiones y en las estrategias de asignación de ingreso en unidades de cuidados intensivos».

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