Salud

Los centros sanitarios empiezan a prohibir las mascarillas de tela

Un hombre sale del Hospital de Txagorritxu (Vitoria). Iñaki Berasaluce / Europa Press

Empezó el País Vasco pero la prohibición se ha ido extendiendo a hospitales como el General de Valencia y el de Salamanca y otras comunidades autónomas están estudiando su aplicación. Vetar el uso de mascarillas de tela en hospitales y centros de salud es una medida acertada, según la mayoría de expertos consultados por El Independiente, ya que estos espacios son lugares de alto riesgo de contagio y muchas de estas mascarillas no cumplen los requisitos necesarios para proteger efectivamente del contagio.

Entre las comunidades autónomas que están estudiando la petición figuran La Rioja o Canarias, que plantea una norma más genérica por la que sea obligatorio «llevar una mascarilla homologada en los centros sanitarios». Otras como Cataluña aún no lo han planteado y el director de Salud Pública, Josep Maria Argimon, director de salud publica, afirmaba este jueves: «La medida [del País Vasco] podría tener un sentido pero no está sobre la mesa», como informa Iva Anguera de Sojo.

Desde el inicio de la pandemia – y sobre todo cuando había escasez de ellas en las farmacias – las mascarillas de tela, compradas o hechas en casa se convirtieron en la mejor opción para muchos, aunque no cumplieran en ocasiones con los requisitos de seguridad exigidos (la norma UNE 0065 /2020 si llevan filtro incorporado). Una encuesta de la Universidad de Valencia con más de 800 respuestas y recogida por RTVE aseguraba que dos de cada tres valencianos usaban mascarillas de «dudosa eficacia».

La farmacéutica Gemma del Caño ve «perfecto» el veto a estas mascarillas en los hospitales aunque considera que sí pueden ser aconsejables para otras actividades. «Los centros sanitarios son sitios complicados donde debemos proteger al resto para protegernos a nosotros. No es lo mismo ir a pasear que ir a un hospital y las quirúrgicas bien usadas protegen de dentro a fuera un 98%, si todos las llevamos, protegemos y nos protegemos».

Coincide la epidemióloga Patricia Guillem, profesora de la Universidad Europea de Madrid, pero advierte de la importancia de que sean los centros sanitarios los que aporten las mascarillas, tal como han comunicado que lo harán tanto el Servicio Vasco de Salud como el Hospital General de Valencia: «Es lógico que se prohíban estas mascarillas pero también es un riesgo si la persona que entra lleva una mascarilla quirúrgica usada durante una semana y que será igual de inefectiva. Es fundamental que se proporcionen las mascarillas en los centros», explica Guillem, quien cree que, en general, sería recomendable que hubiese ayudas públicas a la adquisición de esta protección. «Si alguien utiliza mascarillas durante un mes, el coste es de unos 156€ y eso en una familia de cuatro miembros es mucho dinero», incide.

El virólogo Estanisláo Nistal, profesor de la Universidad San Pablo CEU, coincide con la oportunidad de esta medida «ahora que se ha superado la escasez de mascarillas» y «centrarla en los centros hospitalarios, donde hay poca ventilación y un ambiente con posibilidad de enfermos de coronavirus y personas débiles más vulnerables a la infección».

En cualquier caso, Guillem advierte de la gran cantidad de mascarillas de tela que se venden sin homologar «incluso en tiendas de ropa» y que no ofrecen protección más allá de «evitar la sanción».

La cara B de la medida: provisionamiento y coste medioambiental

Sin embargo, Jesús Palacios, médico de familia y miembro del Grupo de Trabajo de Seguridad del Paciente de semFYC, plantea que la recomendación para la población general siguen siendo las mascarillas higiénicas, entre las que se encuentran las de tela homologadas, y que las quirúrgicas o médicas están reservadas según todos los organismos internacionales para el personal sanitario, los pacientes de COVID-19, sus cuidadores y población vulnerable o de riesgo.

«Su provisión está lejos de estar garantizada todavía, a nivel mundial para estos usos, aunque la situación ha mejorado desde el inicio de la pandemia por su fabricación a marchas forzadas. El impacto ambiental (que acaba siendo también económico y en salud) de su desecho en cantidades masivas ya está empezando a ser preocupante ya al inicio de la pandemia y cuando lo peor está aún por llegar», explica Palacio.

Por último, el médico de familia y experto en seguridad del paciente plantea los riesgos derivados del cambio de mascarilla, por los riesgos que puede conllevar: «Podría producirse una contaminación de las manos, por lo que debe hacerse con lavado o frotación con preparado de base alcohólica antes y después, que hay que asegurar si se obliga a los pacientes y acompañantes a hacerlo al entrar y al salir de los centros sanitarios. Si se les hace quitar la que llevan, en vez de cubrirla con la quirúrgica, también habría que proporcionar a los usuarios una bolsa de plástico, preferiblemente tipo zip, para guardarla sin contaminar los bolsillos, mochilas o bolsos donde las metan mientras están en los centros».

¿Trasladar la prohibición al transporte público?

Ante la posibilidad de que la medida pudiera extenderse a otros ámbitos considerados de riesgo como el transporte público, Estanislao Nistal afirma que «como consejo siempre daría la mascarilla quirúrgica, pero hay que tener en cuenta que en los transportes públicos hay una ventilación más rápida y por tanto no el mismo nivel de riesgo».

También se muestra cauta respecto a la extensión de la medida Patricia Guillem, puesto que «si se empieza a extender la prohibición, otros sectores, por ejemplo supermercados, podrían reclamar esta medida y hay que centrarse en los lugares con mayor riesgo», concluye.

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