Durante más de tres décadas, Somalilandia ha existido como un Estado de facto sin reconocimiento internacional. Ese limbo diplomático se acaba de romper. Israel se ha convertido en el primer país en reconocer formalmente su independencia, un movimiento que ha provocado protestas masivas en Somalia, una condena casi unánime en el mundo árabe y un tenso debate en el Consejo de Seguridad de la ONU.

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Mapa de Somalilandia

Qué es y dónde está Somalilandia

Somalilandia se sitúa en el noroeste de Somalia, con una extensión aproximada de 137.600 kilómetros cuadrados -comparable a la suma de las superficies de Andalucía y Aragón- y una larga franja costera sobre el golfo de Adén, frente a Yemen. Limita con Yibuti, Etiopía y el resto de Somalia, en un enclave clave para el control de las rutas marítimas del mar Rojo.

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El territorio declaró unilateralmente su independencia en 1991, tras la caída del régimen de Mohamed Siad Barre y el inicio de la guerra civil somalí. Aunque nunca fue reconocido por la comunidad internacional hasta ahora, ha desarrollado instituciones propias y un grado de estabilidad desconocido en gran parte del país del que se separó.

Hargeisa, capital de Somalilandia | tristam sparks

Población, religión y estructura social frente a Somalia

La población de Somalilandia se estima entre cuatro y seis millones de habitantes. Su capital, Hargeisa, concentra alrededor de medio millón de personas y actúa como centro político y administrativo. Berbera, Burao, Borama o Las Anod completan su red urbana principal.

Desde el punto de vista religioso, no existen diferencias sustanciales con Somalia. La población es mayoritariamente musulmana suní y el islam es un elemento central de la vida social y política en ambos territorios.

Bandera de la República de Somalilandia

Las divergencias aparecen en la organización social y política. Somalilandia está dominada por el clan Isaaq y ha canalizado los equilibrios entre clanes a través de un sistema híbrido que combina elecciones con un consejo de ancianos, el Guurti. Somalia, en cambio, presenta una fragmentación de clanes más compleja y una autoridad estatal mucho más débil, erosionada por décadas de conflicto.

Sistema político, seguridad y economía: dos trayectorias opuestas

Somalilandia ha logrado mantener fuerzas de seguridad propias y un control relativamente efectivo de su territorio. Ha celebrado elecciones y goza de una estabilidad que contrasta con la situación de Somalia, aún marcada por la amenaza del grupo armado Al Shabab y por una fuerte dependencia del apoyo internacional.

En el plano económico, Somalilandia depende en gran medida de las remesas de su diáspora, que aportan cientos de millones de dólares anuales. Cuenta con moneda propia y un presupuesto público limitado, pero funcional. Algunos estudios apuntan a la existencia de recursos naturales sin explotar, como petróleo, carbón y diversos minerales, y a su potencial logístico, especialmente en torno al puerto de Berbera.

Somalia, pese a ser más extensa y poblada, sufre una fragilidad estructural mucho mayor, agravada por la inseguridad, las crisis humanitarias y la debilidad institucional.

Mural del primer primer ministro Mohammed Ibrahim Egal, líder de la Liga Nacional Somalí, que ganó las elecciones legislativas a principios de 1960. | CharlesFred

Por qué Israel ha dado el paso ahora

Israel sostiene que su reconocimiento de Somalilandia no es un acto hostil contra Somalia ni cierra la puerta al diálogo, y que abre oportunidades de cooperación en agricultura, salud, tecnología y economía. Sin embargo, numerosos Estados han cuestionado sus motivaciones. Sobre el escenario, también subyace la posibilidad de establecer una base militar desde la que bombardear al grupo rebelde chií de los hutíes, el movimiento que controla parte del Yemen y que se ha convertido en el principal desafío a Israel en la región.

Según denunció el presidente somalí, Hassan Sheikh Mohamud, el movimiento israelí estaría ligado a objetivos estratégicos como el control de rutas marítimas clave, la posible instalación de una presencia militar en el golfo de Adén y la externalización del problema palestino mediante el desplazamiento de población desde Gaza. Israel no ha confirmado esas acusaciones, pero en el Consejo de Seguridad varios países expresaron su preocupación por esa posibilidad.

Protestas en Somalia contra la decisión de Israel. | Efe

Reacciones árabes: rechazo unánime

La reacción del mundo árabe ha sido mayoritariamente de condena. La Liga Árabe rechazó el reconocimiento y advirtió contra cualquier intento de utilizar Somalilandia para facilitar el desplazamiento forzoso de palestinos o para establecer bases militares extranjeras.

Turquía calificó la decisión de ilegítima e inaceptable y alertó de que podría desestabilizar el Cuerno de África. Más de veinte países, en su mayoría árabes y musulmanes, firmaron declaraciones conjuntas denunciando una violación de la soberanía somalí y un precedente peligroso para la región.

Dentro de Somalia, decenas de miles de personas se manifestaron en Mogadiscio y otras ciudades en las mayores protestas registradas desde el anuncio israelí, con consignas en defensa de la integridad territorial del país y en rechazo a Israel.

La posición de Estados Unidos y China

Estados Unidos ha adoptado una postura ambigua. En el Consejo de Seguridad, defendió a Israel frente a lo que calificó de doble rasero, recordando que varios países occidentales han reconocido recientemente al Estado palestino. Al mismo tiempo, Washington reiteró que su posición oficial no ha cambiado y que sigue reconociendo la integridad territorial de Somalia, incluida Somalilandia.

China, por el contrario, se ha alineado con los críticos. Pekín advirtió de que ningún país debería apoyar movimientos secesionistas por intereses propios y subrayó que el reconocimiento israelí socava los principios de soberanía e integridad territorial recogidos en la Carta de la ONU.

Un precedente con ecos más allá de África

Para Somalia y buena parte de África, el reconocimiento de Somalilandia abre una grieta peligrosa en el principio de intangibilidad de las fronteras heredadas del periodo colonial. Para Somalilandia, en cambio, supone la validación de tres décadas de autogobierno y la esperanza de que otros países sigan el ejemplo israelí.

Entre ambos relatos, el gesto de Israel ha conectado el futuro del Cuerno de África con la guerra de Gaza, la seguridad del mar Rojo y la rivalidad entre potencias, transformando una vieja reivindicación secesionista en un nuevo foco de tensión geopolítica global.