TVE se une al Rankin de una controvertida práctica que ya habían utilizado TV3 y La Sexta.

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Con esa independencia y rigor que le sobran a la casa, 'Malas Lenguas', el espacio de Jesús Cintora, decidió hace unos días enviar a un equipo a Villán de Tordesillas, ese rincón de Valladolid donde, según los conteos electorales, la derecha campa a sus anchas como lobo en corral. Un pueblo pequeño, casi invisible, perfecto para la caza del facha.

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Los programas de la pública llevan incorporada la cuota mensual de «alerta antifascista», esa que busca convencer al personal de que el III Reich español está a la vuelta de la esquina y que sólo el inquilino de La Moncloa puede salvarnos de tal abismo. Así que allá fueron, con micrófono en ristre, en busca del espécimen. Querían «más fachas» para mostrarlos ante la nación, como aquellos documentales de National Geographic mostraban a criaturas salvajes al acecho. Pero la cosa no salió del todo redonda: la mayoría de los paisanos soltaron frases sensatas, casi razonables. Hasta una señora se prestó para cargar contra la derecha.

Y cuando ya parecía que se volvían con las manos vacías, ¡zas!, apareció el friki de rigor: brazo en alto, grito ronco, el clásico. ¡Alegría en plató! Como solo pillaron uno, lo pusieron en bucle tres o cuatro veces, como quien repite el estribillo de un hit para que cale. Intención editorial cumplida.

Lo triste no es el sesgo —eso ya lo pagamos todos los meses en la factura—, sino la pereza creativa. Cake Minuesa ya había hecho algo similar en el mismo pueblo y por las mismas fechas (inquietante que TVE husmee inspiración en OkDiario). Y ya van unas cuantas veces que espacios televisivos deciden estigmatizar a votantes para rellenar espacio; eso sí, siempre votantes de un bando y nunca del otro. Si montáramos un podio de la vergüenza ajena televisiva con los archivos buitreros, lo de Cintora quedaría cuarto. Porque hay tres momentos que le superan en desvergüenza:

El "¡Prou!" de Cuní

El inolvidable «¡Prou!» de Cuní. Año 2007, TV3. Sube Plataforma per Catalunya en varios pueblos en las elecciones municipales, partido considerado de extrema derecha. El entonces conductor de 'Els Matins' en la televisión pública catalana, Josep Cuní, en plan pedagogo furioso, en lugar de entrevistar a dirigentes de ese partido, trae a su plató a tres votantes para que Pilar Rahola les dé un repaso moral por su crimen de haber votado a un partido inadecuado. Rahola los tacha de fascistas y los compara con los votantes de Hitler a grito pelado. Dos de ellos responden con similares alaridos. El plató se convierte en gallinero, y Cuní, perdiendo los nervios por primera vez en su vida de presentador impasible, aporrea la mesa como un poseso al grito de «¡Prou, prou!» [Suficiente, en catalán].

Una de las votantes le llama maleducado a la cara y Cuní replica que una votante de extrema derecha debería respetar a la autoridad (es decir, a él). Al final se disculpa ante la audiencia y, aunque no trascendió, llegó a ofrecer su dimisión a la dirección (no se la aceptaron) y se queda con el trauma. Se lo hubiera ahorrado si hubiera hecho la misma secuencia, pero en lugar de con los votantes, con los representes de aquel partido como Anglada, que no pisó TV3 hasta tres años después.

En búsqueda de votantes fachas en Marinaleda

El reportaje de 'Liarla Pardo' de La Sexta en 2018 en Marinaleda, tras las elecciones andaluzas, era bastante más controvertido que el de 'Malas Lenguas' en Villán de Tordesillas. Jesús Cintora quizá lo recuerde, porque él estaba de tertuliano en 'Liarla Pardo' cuando se emitió.

Mientras que lo de Tordesillas era básicamente mostrar un «pueblo facha» para que se escandalicen los espectadores, el reportaje del entonces programa dirigido por Cristina Pardo era buscar a «los fachas escondidos». Se trataba de ir a la zona «más roja» de Andalucía, el pueblo de Marinaleda, donde tantos años estuvo gobernando con mayorías absolutas el comunista Sánchez Gordillo, e intentar averiguar cómo era posible que en una zona tan «roja» hubieran aparecido 40 votos de Vox.

La pieza fue titulada por la propia Pardo como «Buscando al votante de Vox en Marinaleda», y mostraba a un reportero preguntando a vecinos si sabían quiénes podían ser esos fascistas infiltrados en el pueblo, que algunos contestaban como si estuvieran respondiendo sobre la ubicación de delincuentes o narcotraficantes. La pieza rozaba lo dantesco cuando la reportera pedía a residentes del pueblo que le ayudasen a localizarlos y celebraba como un éxito tener pistas sobre los votantes: «¡Conseguimos que una vecina nos dé una dirección!», presumía la locución de aquella pieza, llegando incluso a llamar a las puertas de esos votantes para pedir explicaciones sobre el sentido de su voto.

Cristina Pardo pidió disculpas en su siguiente programa, diciendo que aquella pieza nunca debió haberse emitido. Eso sí, no quedó claro ni a quién pedía disculpas (pues evitó dirigirse a Vox o, más concretamente, a los 40 votantes de Vox en Marinaleda), ni tampoco concretó por qué le parecía que aquella emisión había sido un error. Pardo sabe que esa pieza le acompañará por muchos años.

Resano regañando en directo a una mujer latina por votar a Trump

Aún podía haber un caso peor. Al menos Pardo y Cuní se disculparon, cosa que no hizo Helena Resano, que cubría desde Estados Unidos las elecciones presidenciales norteamericanas de 2016, de Trump vs. Clinton. La Sexta hizo un especial toda la noche simultáneo de 'Al Rojo Vivo' y 'El Objetivo', donde todos sus analistas no se habían cansado de repetir lo muy claro que estaba que la próxima presidenta de EEUU iba a ser Hillary Clinton.

Cuando comenzó a verse más claro que el triunfo iba a ser para el candidato del Partido Republicano, Helena Resano, que era una de las reporteras especiales de La Sexta en Nueva York, decidió desquitarse en directo con una votante latina que presumía abiertamente de votar a Trump.

El diálogo no tenía desperdicio: «Nos llama mucho la atención que los latinos estéis votando a Trump». «Yo soy nacida en Estados Unidos».«Eres nacida en EE.UU. ¿Pero de dónde es tu familia?».«Es de Colombia».«¿Y tu familia piensa como tú?».«No lo sé, pero es mi ideología».

Por lo visto, para Helena Resano, el sentido del voto no dependía tanto de una cuestión ideológica como de una cuestión étnica.

Pero la cosa se fue poniendo peor. Era la noche electoral, y dado que no había otra persona a mano, Resano parecía empeñada en regañar a aquella mujer por haber osado votar a Trump.«¿No te preocupan esas 11 millones de personas que Trump va a deportar? ¿Eso no te preocupa?».«No me preocupa».«Seguramente haya personas que tú conozcas».«No me preocupa, porque...».«¿Tú tienes papeles, por cierto?».

En esos momentos, varios espectadores debieron tragar saliva, temiendo que Resano fuera a deportar ella misma a aquella señora por el infame sentido de su voto. Afortunadamente, la mujer aclaró que ella sí tenía papeles.

Resano parecía decidida a tratar de avergonzarla como traidora a su raza:«Compañeros tuyos, familiares tuyos... que Trump les ha dicho... os voy a echar...».«Es mi ideología. Cada quien busca su sueño, yo busqué el mío». «Ya, no te importa lo que les pase a los demás, ¿no?».

No sé qué sorprendió más de aquella secuencia: si la paciencia de aquella señora ante un interrogatorio macartista o que la improvisada "fiscal" mediática no fuera consciente de que estaba pidiendo cuentas a una mujer en directo ante una cámara por el sentido de su voto.

A ver si los programadores entierran de una vez este tipo de prácticas. No solo por ser poco originales, sino también porque nos ahorrarían a los telespectadores padecer un exceso de vergüenza ajena.