El 17 de mayo Juanma Moreno deberá demostrar si su mayoría absoluta de 2022 en el Parlamento de Andalucía fue producto de un alineamiento circunstancial de los astros y si, además, cuatro años después se ha consolidado como líder indiscutible de la comunidad más poblada de España y pieza esencial del primer partido de la oposición de cara al futuro. Mucho es lo que se juega el PP en esta liza, desde Génova al Palacio de San Telmo, sede del ejecutivo andaluz. Tanto Moreno como Alberto Núñez Feijóo necesitan un triunfo electoral solvente, sin mácula, una "mayoría de estabilidad" como la define el malagueño nacido en Barcelona, sin querer pronunciar el término "absoluta".

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Moreno ha alcanzado el olimpo de los grandes barones territoriales y autonómicos del PP con un modelo discursivo propio, distintivo. Es la llamada "vía andaluza". Una fórmula de transversalidad que capta apoyos del voto moderado y del centro-izquierda, con un discurso templado, liberal en lo económico y abierto en lo social. Y, sobre todo, nada que ver con las guerras culturales de la otra gran baronesa popular, Isabel Díaz Ayuso, en su confrontación con el Ejecutivo central.

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Su éxito fue ganar por el centro y romper con la imagen del señorito andaluz

Gracias a eso, el andaluz ha bebido de fuentes que antes engrosaban la cuenta de resultados electoral de los socialistas y su objetivo es transitar por ese camino. Su éxito consistió en ganar por el centro y romper con la imagen del señorito andaluz que estigmatizaba a su partido. Si con el que fuera alcalde de Sevilla y ahora portavoz de los socialistas en el Senado, Juan Espadas, pudo hacerlo en 2022, "con mayor motivo ahora que vuelve a Andalucía alguien con una mochila muy pesada", dicen en el entorno del barón popular.

A la socialista María Jesús Montero "la conoce todo el mundo", apuntan en el Palacio de San Telmo como un demérito para la candidata impuesta por Pedro Sánchez. Falta por ver hasta qué punto "puede movilizar, con su polarización" a una parte del electorado durmiente de izquierdas y, ojo, también movilizar a la contra, advierten. Los sondeos son malos para quien ha sido la mujer "más poderosa de España en democracia" parafrasean con sorna los populares respecto a una carta de presentación que dejó bastante que desear. Auguran "una campaña muy sucia" a su izquierda y a su derecha. El PSOE andaluz y Vox van a intentar pillar a Moreno entre dos placas tectónicas retroalimentadas. La crispación va a ser en un caso y en otro su gran ariete de campaña, "pero también nuestra oportunidad para distinguirnos", si es que en esas circunstancias es posible hacerse oir.

La izquierda va a tirar de sanidad y de vivienda; los ultras de Mercosur y Agenda 2030

La izquierda va a tirar de sanidad y de vivienda. Según el último sondeo de opinión pública del Centra, del mes de diciembre pasado, los problemas que más preocupan a los andaluces son la sanidad (22,3 por ciento); el desempleo (15,4) y el precio de la vivienda (12,2). Ahí Montero cree que puede tener un filón de votos. Precisamente, la Junta firmó la semana pasada con los sindicatos sanitarios un acuerdo calificado de "histórico" por parte de éstos sobre el nuevo modelo de la carrera profesional. Afecta a la cifra nada desdeñable de 120.000 profesionales. Supone, entre otras cosas, mejoras retributivas y, sobre todo, asegurar que los trabajadores del Servicio Andaluz de Salud (SAS) no vayan a ser un problema en los próximos meses.

Vox no cambiará sustancialmente sus mensajes con respecto a los utilizados en Extremadura, Aragón y Castilla y León. Mucho Mercosur y Agenda 2030 -como si desde las administraciones autonómicas se pudieran revertir una y otra-, más de inmigración y algo de veto a las leyes de memoria histórica, entre otros hitos. Además de retirada de subvenciones a Comisiones Obreras y UGT por considerarlas implicadas en el escándandalo de los Ere.

Pero no se trata tanto de los asuntos que se susciten en campaña. Hace no muchos meses, en el equipo del candidato popular veían harto improbable perder la holgada mayoría que ahora tienen. Los socialistas no levantaban cabeza y Vox era políticamente irrelevante. El caso de los cribados del cáncer de mama del año pasado, en la que ha sido la peor crisis de la ejecutoria de Moreno, fue el primer aldabonazo. Cortaron cabezas de los responsables de la Consejería de Salud y se destinaron más medios económicos y humanos para paliar el desastre, pero se convirtió en un banderín de enganche de la izquierda. Paralelamente, Vox cogía velocidad de crucero aupada por la ultraconservadora ola internacional.

"Esto no está ganado ni mucho menos"

Moreno y su equipo no se cansan de repetir que "esto no está ganado ni mucho menos", de pedir al electorado que no se confíe, de que la mayoría absoluta para garantizar un gobierno estable los próximos cuatro años está en juego. No hace falta que Vox escale hasta el 20 por ciento y encuentre su techo de voto. Es más, creen que "no llegará a esa cuota", pero aún así Abascal puede crecer lo suficiente para hacer un roto a los cálculos de los populares.

Todavía está por ver el diseño de campaña. Todo equipo se hace la siguiente pregunta: ¿qué pesa más, el candidato o la marca? A Moreno ya le acusaron hace cuatro años de ocultar las siglas de su partido en la cartelería electoral. Es una práctica habitual cuando se pretende llegar a una amplia base electoral más allá de cuestiones ideológicas. "Este es el proyecto que mejor avala, mejor representa y mejor defiende a las clases medias", aduce el candidato a la reelección.

Modelo de campaña e implicación del resto del partido

Tampoco el líder nacional del PP fue ajeno a la estrategia de ocultar las siglas en sus confrontaciones electorales para la presidencia de la Xunta gallega. Esto tiene, ademas, otras implicaciones. En el entorno de Moreno estudian hasta qué punto debe implicarse la dirección nacional y otros barones autonómicos en apoyo de su candidato y, sobre todo, Díaz Ayuso, antítesis del andaluz. Desde Génova señalan que "estaremos a lo que nos pidan, como siempre en campaña" cuando se les interroga sobre el grado de participación de Feijóo.

El triunfo de Moreno exige de una nueva mayoría absoluta. Todo lo que no sea alcanzar como poco 55 escaños será leído en clave de derrota para él y para su jefe de filas. Del mismo modo, compromete el propio futuro político del malagueño, porque aún conservando el gobierno de la Junta de Andalucía pactando con Vox, quedaría 'tocado' para aspirar a más altas responsabilidades en la era postFeijó, llegue esta cuando llegue.