Javier Rodríguez-Pacheco, catedrático de Astronomía y Astrofísica en la Universidad de Alcalá, es uno de los principales expertos españoles en astrofísica solar y espacial. Su investigación se centra en el estudio del Sol, el viento solar y las partículas energéticas en el medio interplanetario, campos clave para entender los riesgos que enfrentan las misiones tripuladas más allá de la órbita terrestre baja. Como responsable de uno de los instrumentos españoles en la misión Solar Orbiter -de la Agencia Espacial Europea y la NASA-, su trabajo es de vital importancia para los desafíos de la nueva era espacial.

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Rodríguez Pacheco explica los peligros invisibles que acechan a los astronautas en misiones como las que van a seguir a la Artemis II: la radiación cósmica y solar que, sin la protección de la atmósfera y la magnetosfera terrestre, puede ser tan letal como la de un reactor nuclear. "Cuando uno sale de la protección de nuestro planeta queda expuesto a todo tipo de peligros, desde temperaturas extremas hasta una densidad de partículas muy alta", advierte el catedrático, subrayando cómo las misiones Apolo tuvieron suerte al esquivar tormentas solares mortales.

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Con Artemis, la NASA busca no solo volver a la Luna, sino sentar las bases para Marte. Rodríguez Pacheco detalla cómo instrumentos como los de Solar Orbiter actúan como "boyas de tsunami" para alertar de eyecciones solares con tiempo suficiente, un avance crítico para viajes de semanas o años. La radiación no es solo un problema técnico, sino el principal obstáculo para la colonización espacial. “Se busca tener alertas que puedan proteger a los astronautas si aumenta el flujo de radiación por una tormenta solar. En una misión a Marte, claro, ya no hablamos de diez días, sino de mucho más, y ese es uno de los grandes problemas que todavía hay que resolver si queremos dar el salto a otro planeta”, afirma.

Pregunta: ¿Cómo se ha medido esta radiación dentro de Orión?
Respuesta: En Orión los astronautas llevaban dosímetros, es decir, tienen manera de saber la radiación que están recibiendo. Pero lo importante es poder predecir qué va a llegar y cuándo va a llegar. Yo lo comparo con uno de los instrumentos españoles de Solar Orbiter, que al estar mucho más cerca del Sol actúa como una especie de boya de tsunami: si llega algo, te avisa con tiempo para poder tomar medidas. En este caso es lo mismo. Solar Orbiter no es una misión de meteorología espacial, es una misión para explorar el Sol, pero cumple también esa función de alerta. De hecho, hace un tiempo, cuando fue el primer vuelo de Ingenuity, hubo una tormenta solar unos días antes y la NASA contactó con nosotros para ver si, al estar mucho más cerca, habíamos medido partículas peligrosas. Les asesoramos en ese sentido. Esa semilla quedó ahí, y cuando ha llegado el momento de volver a la Luna y de tener ya tripulación humana, volvió el contacto con nosotros para ver si podía tener acceso a estos datos. Y esos datos, evidentemente, son de acceso libre.

Javier Rodríguez-Pacheco
Javier Rodríguez-Pacheco | Universidad de Alcalá.

P: La radiación es clave para Marte, pero entiendo que en la Luna también, si quieres crear una pequeña base.
R: Claro, hay que protegerse tanto en la Luna como en Marte, ya sea en el viaje o en la superficie. Hay dos fuentes principales de radiación en el espacio. Una es la galáctica, los rayos cósmicos, que tienen un flujo más o menos constante. La otra es el propio Sol, que emite partículas energéticas solares y, cuando superan ciertas energías, pueden ser peligrosas para el instrumental técnico y, sobre todo, para los seres vivos. La mejor forma de protegerse sería construir las futuras bases en tubos de lava volcánicos, tanto en la Luna como en Marte, para disponer de una cobertura natural de material lunar o marciano encima. Pero, evidentemente, hay que buscar también otras formas de protección. Sabemos que en una tormenta solar que ocurrió en agosto de 1972, pocos meses antes del Apolo 17, un astronauta solamente protegido con el traje de actividad extravehicular, paseando por la Luna, habría recibido una dosis fatal. Si estás dentro del módulo, la radiación baja; y si estás dentro del módulo principal, baja aún más. Me refiero a un astronauta con su traje de actividad extravehicular en una tormenta muy particular. Las misiones Apolo tuvieron mucha suerte: se realizaron también durante un máximo solar y hubo tormentas que produjeron niveles de radiación que podrían haber tenido efectos muy perjudiciales.

P: Eso no se contempló en aquel momento.
R: Eran los inicios de la exploración espacial, y todavía no teníamos instrumentación suficiente a bordo. Ya sabíamos que el Sol emitía rayos X en la corona, por eso el traje lleva esa ventanilla dorada, para protegerse de ese tipo de radiación. También conocíamos los rayos cósmicos, pero era una etapa en la que todo estaba empezando. Ahora, por ejemplo, en Artemis se puede avisar para que la tripulación tome refugio, vaya a una zona de la nave con mayor protección o se ponga chalecos especiales. En la Luna habría que tener una monitorización constante. Sería una especie de vigilancia de meteorólogos espaciales.

P: La meteorología espacial en un campo en desarrollo ¿verdad?
R: La meteorología espacial tiene una componente en la Tierra que no nos afecta directamente, porque aquí estamos protegidos por la magnetosfera y por la atmósfera. Pero cuando sales del manto protector de la Tierra, la situación es mucho más grave. Claro, esto puede ayudar a desarrollar esa meteorología que aquí en la Tierra va despacio. Si queremos viajar al espacio, se necesitará más conocimiento. Igual que se ha avanzado muchísimo en la meteorología atmosférica de nuestro planeta, algún día tendremos unos niveles de predicción con la misma fiabilidad y precisión. Ojalá se consiga, pero el Sol es un sistema bastante más complejo en ese sentido.

Con la exploración espacial pasa lo mismo: hay que ir paso a paso, probando los sistemas, y solo cuando están confirmados se pasa al siguiente.

P: ¿Y los rayos cósmicos?
R: Sí, son más o menos un flujo constante, pero también es verdad que cuando el Sol está muy activo, las tormentas arrastran material de su atmósfera que actúa como barrera frente a los rayos cósmicos. En cambio, cuando el Sol está muy tranquilo, entra más radiación procedente del resto de la galaxia. Es una situación endiablada, y hay que buscar sistemas de protección.

P: Cómo es tu percepción de esta carrera en la que la NASA ha acelerado ahora un poco, respecto a los chinos. ¿Estamos preparados para esta colonización o todavía está en pañales?
R: Evidentemente hay una carrera, pero todo esto viene de antes. Los proyectos espaciales, por ejemplo Solar Orbiter, empezaron a gestarse a finales del siglo pasado o a principios de este. La analogía que pongo siempre es la de cruzar un río: no puedes hacerlo de un salto, porque te caes al agua. Tienes que ir poniendo pontones, o piedras grandes, e ir saltando de una en una hasta llegar al otro lado. Con la exploración espacial pasa lo mismo: hay que ir paso a paso, probando los sistemas, y solo cuando están confirmados se pasa al siguiente.

P: ¿Cuál es el próximo paso?
R: El próximo paso es Artemis III, que no estaba contemplada así al principio. De hecho, se han dado cuenta de que antes hay que probar los sistemas de ensamblaje de los distintos módulos, que son los que van a permitir bajar a la superficie y volver a Tierra. Por eso Artemis III se va a usar para hacer pruebas cerca de la Tierra, en baja órbita terrestre. Artemis IV será ahora la misión que, en principio, pondrá el pie sobre la Luna. Todo tiene que estar pensado, ensayado y hecho paso a paso.

P: ¿Tú ves que en la década que viene haya alguien pasando meses en la Luna?
R: Es posible, sí. Pero lo crítico es que para mantener una base habitada lunar tienes que tener agua. Es fundamental, porque no puedes estar dependiendo constantemente de la Tierra para sobrevivir. Por eso se quiere instalar la base no en la zona donde alunizaron las Apolo, sino cerca del polo sur, donde hay indicios indirectos de que existe agua. Una vez confirmado eso, ya se puede seguir avanzando.

P: Será agua congelada.
R: En las condiciones de baja presión y temperaturas que hay en la Luna, solo hay agua congelada, y en zonas donde no incide la luz solar directamente, es decir, en las profundidades de los cráteres. Si tienes agua y vas avanzando poco a poco en habitabilidad, puedes conseguirlo. Pero al principio seguirías dependiendo de la Tierra para alimentos y otros elementos de supervivencia.

Espero que la Luna sea algo como la Antártida y que tengamos acuerdos de cooperación en los que estemos todos los países con bases.

P: Por lo que me dices, van a tener que hacer algo subterráneo, tanto para buscar agua como para hacer un habitáculo.
R:  Sí, aunque también se están planteando cúpulas en superficie, que serían bastante más rápidas que hacer algo subterráneo. Al principio se basará en superficie, con cúpulas y materiales que absorban la radiación para mantener niveles de seguridad. No puedes lanzarte directamente a hacer una base en un tubo porque antes tienes que ver cómo es ese tubo, calificarlo y comprobar si es viable. Es decir: paso a paso.

P: Se habla mucho de la Luna como enclave estratégico de futuro, incluso como espacio de defensa estratégica. No sé si esto te llega de alguna manera o si para ti suena a geoestrategia ficción.
R: Espero que la Luna sea algo como la Antártida y que tengamos acuerdos de cooperación en los que estemos todos los países con bases. Para un solo país es imposible; tiene que ser en colaboración con otros. En este caso, NASA está cooperando con Europa, con Canadá y con Japón. Lo ideal sería que recuperásemos entre todos la cooperación. Ya bastantes líos tenemos aquí abajo como para meter más por ahí arriba. Sería absurdo pensar en distancias tan brutales cuando cualquier satélite en baja órbita te puede vigilar mejor que yéndote a esas distancias donde está la Luna.