Las familias españolas nunca habían ahorrado tanto, pero este esfuerzo no se ha traducido en una mayor acumulación de patrimonio. Desde la pandemia, la tasa de ahorro casi se ha duplicado y los salarios han crecido un 6%, pero la riqueza mediana —es decir, el valor que divide a los hogares en dos mitades iguales y que refleja mejor la situación del hogar "típico", evitando que los grandes patrimonios distorsionen el resultado como ocurre con la media— apenas ha avanzado un 1,3% y su mejora se concentra únicamente en los mayores de 45 años. Para el resto, el acceso a los principales activos de inversión —especialmente la vivienda en propiedad— es cada vez más difícil.
Se trata de un ahorro "ficticio", según apunta José Ignacio López Sánchez, catedrático de Organización de Empresas en la Universidad CEU San Pablo. De acuerdo con López Sánchez, en España, el ahorro se destina "fundamentalmente a la vivienda". Sin embargo, el fuerte encarecimiento del mercado inmobiliario ha cambiado las reglas: acceder a una vivienda exige actualmente un esfuerzo mucho mayor que hace dos décadas. Incluso con un salario medio, reunir el dinero necesario para la entrada de una casa requiere "mucho más tiempo y ahorro que antes". Así, pese a que los ingresos y los ahorros han aumentado, el umbral para convertir este esfuerzo financiero en patrimonio también lo ha hecho.
Y a ello se suma el encarecimiento general del coste de la vida y un cambio en el comportamiento de los hogares que, tras las sucesivas crisis, han adoptado una actitud más cauta y "priorizan el ahorro por precaución en un contexto de cada vez mayor incertidumbre". En la práctica, estos tres factores implican que muchas familias no logran dar el salto hacia la inversión en activos y destinan este ahorro a sostener su nivel de vida: "Antes se ahorraba para invertir; ahora se ahorra para poder consumir", concluye el catedrático.
La tasa de ahorro casi se duplica desde la pandemia
El Instituto Nacional de Estadísticas (INE) publicó a principios de abril la tasa de ahorro de los hogares españoles a cierre de 2025, que se situó en el 11,9%. Es decir, que, de media, por cada 100 euros que ingresaban las familias, decidían ahorrar casi 12 euros.
Se trata de un cambio de dinámica que comenzó a raíz de la pandemia. En 2020, el confinamiento redujo el gasto y consumo de las familias, impulsando la tasa de ahorro hasta un máximo histórico del 15,7% y, desde entonces, se ha mantenido una tasa alta en comparación con el periodo anterior. Mientras que el promedio de ahorro entre 2014 y 2019 se situó en el 7,5% anual, entre 2020 y 2025 ha escalado hasta el 12,5%, casi el doble que antes de la pandemia.
Más ahorro, pero menos acceso a los activos
Sin embargo, este mayor esfuerzo no se ha trasladado al patrimonio. Según la Encuesta Financiera de las Familias (EFF) que ha publicado este jueves el Banco de España, la riqueza bruta —que mide el valor total de los activos de los hogares, como vivienda, ahorros o inversiones— mediana apenas ha crecido un 1,3% entre 2020 y 2024, frente al incremento del 6,1% de la renta mediana en el mismo periodo. En términos absolutos, la riqueza ha pasado de 193.080 euros a 195.650, mientras que la renta mediana ha aumentado desde los 34.030 euros hasta los 36.110 euros. Es decir, los hogares ingresan y ahorran más, pero su capacidad para convertir este ahorro en patrimonio apenas mejora.
Además, se trata de una mejora engañosa, porque no es generalizada. Al desagregar por edades —en función de la edad de la persona que encabeza el hogar según la metodología de la EFF— y comparar cada franja en 2020 y 2024, los datos revelan que los hogares menores de 45 años no solo no han aumentado su patrimonio, sino que se ha reducido.
Los menores de 35 años han perdido cerca de 15.600 euros de riqueza bruta mediana y los de entre 35 y 44, alrededor de 41.200 euros. Solo a partir de los 45 años se observa un crecimiento del patrimonio, aunque muy limitado en la primera franja: entre los 45 y 54 años, el incremento apenas alcanza los 1.900 euros. Este deterioro se explica por la creciente dificultad para acceder a los activos. Al tratarse de riqueza bruta, una menor presencia de activos, especialmente vivienda, se traduce directamente en una caída del patrimonio.
En este sentido, la propia encuesta del Banco de España confirma esta realidad con cifras. En 2024, tanto el porcentaje de hogares con una vivienda principal en propiedad como el porcentaje de aquellos que poseen activos reales —que incluyen la vivienda principal, otras propiedades inmobiliarias, joyas y negocios por cuenta propia— cayeron a su nivel más bajo en toda la serie, que comienza en 2002. Concretamente, hasta el 70,6% y 82,6%, respectivamente. Es decir, cada vez menos hogares logran acceder al núcleo del patrimonio.
Asimismo, aunque pueda parecer paradójico, dentro de estos activos, la vivienda gana peso. Representa el 54,2% de los activos reales totales, tras repuntar en 2024 por primera vez desde el inicio de la serie. Hasta entonces, su peso había seguido una tendencia descendente desde niveles cercanos al 67% en 2002 hasta el 51,7% en 2022. Un cambio que advierte de la reconfiguración del patrimonio: cada vez está más concentrado en un único activo, más caro y exigente, lo que reduce el margen para diversificar y eleva la barrera de entrada para quienes aún no han accedido a él.
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