¡Como a un perro! Peor que a un perro. Nadie debe enterarse de que venís, de que vivís aquí, de que sufrís, y por eso habéis venido, prácticamente desnudos, a esta tierra, que no es la tierra prometida, ni la de las grandes oportunidades, eso era antes, ahora hay desolación, también, por todas partes.
Panorama desde el puente, de Arthur Miller, más vigente que nunca, más que en los años 50, más que hace 25 años, ahora, que gobierna la sinrazón y el despropósito, ahora, en esta sociedad actual donde nadie es de donde era.
Bajo la dirección de Javier Molina (codirector del Actor’s Studio) y la adaptación de Eduardo Galán, el texto explora la identidad de pertenencia a un sitio y la necesidad de otros de acudir a ese mismo sitio a mejorar sus circunstancias personales, aun pasándolo mal.
Traían en sus manos un puñado de tierra, pero el viento hace que se esparza en territorio ajeno. Así viene siendo desde décadas atrás, siglos diría incluso, la migración interna y externa, nada de qué extrañarse.
Arthur Miller pone la mira en la lucha de los inmigrantes por un futuro mejor, y en este montaje se establece un paralelismo directo entre aquella migración italiana de posguerra y la realidad de los migrantes hispanos hoy en día, tanto en Estados Unidos, como en España, así en la tierra como en cielo, considerando el cielo como los países más avanzados y, supuestamente, con mayores posibilidades.
Un elenco sobresaliente
Todo el elenco está sobresaliente, comenzando por José Luis García-Pérez y María Adánez, y el resto del reparto. Todos se entregan, se hacen creíbles, provocan la inquietud en sus personajes, en una infinitud de paralelismos en la situación actual.
Pero no solo es el tema migratorio. La obra también se introduce en las relaciones personales, en el deseo y los celos, en la discriminación por motivos de tendencia sexual, en el interés por conseguir un objetivo, aun a costa de los otros. Influye también el qué dirán los demás, un honor trasnochado, decadente, mantener a toda costa unas apariencias que de otra forma podrían perjudicar. En definitiva, el miedo, la envidia, el considerarse superiores a los demás.
Se sigue manteniendo la sensación de que, para ser migrante, es mejor ser invisible y no hacerse notar demasiado, no molestar, aunque nadie más quiera cargar con esos trabajos, aunque se cobre poco o menos que nada, aunque se viva en condiciones infrahumanas, casi como perros callejeros.
Encomiable la escenografía, la ambientación en general, el espacio, los claroscuros, las lindes de esa ciudad de Nueva York marcada con esquemática precisión, donde las vidas se revuelven sórdidamente, intentando no pudrirse en una rutina que los reconcome.
El drama se ve venir desde el principio, no porque esté explícito y sea evidente, sino porque las interpretaciones que los actores/actrices hacen de los personajes así lo vaticinan, aquí se nota la influencia del método del Actor’s Estudio, denotamos ese pasado turbulento, vislumbramos ese futuro incierto y cómo van evolucionando a medida que la trama se desarrolla. Y también la contención y el dolor, la confusión por parte de otros, es decir, vivir la escena, y hacérsela vivir a los espectadores.
'Panorama desde el puente', de Arthur Miller, en versión de Eduardo Galán dirigida por Javier Molina, en el Teatro Fernán Gómez hasta el 17 de mayo
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