Ecuador y recta final de la campaña electoral. A una semana de las urnas andaluzas hay bastantes certezas pero, también grandes incógnitas que sólo se resolverán el próximo domingo en una tarde-noche que se prevé de infarto. Partido Popular y PSOE aguantarán la respiración aunque por motivos muy distintos. Los primeros, para medir la dimensión de su triunfo. Los segundos, para medir la dimensión de su derrota.
Los socialistas cruzan los dedos para que su candidata, la ex vicepresidenta primer del Gobierno María Jesús Montero, no quede por debajo del peor de los resultados cosechados por su partido en un territorio donde fueron hegemónicos durante la inestimable cifra de cuarenta años. Hay serias posibilidades de que los 30 escaños de Juan Espadas de las autonómicas de 2022 pueden verse aún más mermados para una formación política que lo fue todo en el sur.
La preocupación del PP es de naturaleza muy distinta. La incógnita gira en torno a la mayoría absoluta, esos 55 escaños de un parlamento de 109 asientos, que puede ser esquiva. Nada está garantizado, reiteran los populares a todo aquel que quiera escucharlos, sobre todo a los andaluces. Y no son temores infundados. Lo de 2022 fue una circunstancia excepcional, una especie de alineamiento de los astros alimentada por cuatro años de gestión valorados por el electorado, un PSOE extenuado y el hundimiento estrepitoso de Ciudadanos, socio en el ejecutivo autonómico de Moreno.
Las 15.000 papeletas decisivas de las que habló Moreno se ha estrechado a 12.000
Los datos que maneja el PP arrojan cómo el resultado apenas depende de un puñado de votos. Un puñado de votos que se reparten entre las ocho provincias con sus respectivos restos. El propio candidato popular, Juanma Moreno, lo evaluó en 15.000 papeletas. Una gota en el mar entre los 6.510.856 andaluces llamados a las urnas. Algo más significativo, pero no mucho, entre los que vayan a votar. En 2022 fueron un total de 3.710.609, un 58,36 del censo electoral.
Pero fuentes populares estrechan aún más ese cerco. Hablan ahora de 12.000 votos y de cuatro diputados en danza. Si se divide entre las ocho circunscripciones electorales, correspondientes a otras tantas provincias, hablaríamos de 1.500 votos por cada una, aunque el reparto no es igualitario, advierten los mismos medios consultados. Significa que los restos electorales pueden deparar sorpresas. Y apuran más el cálculo para transmitir la idea de que la batalla se juega pueblo a pueblo, casa a casa. En Jaén ciudad, ponen de ejemplo, el presidente de la Junta de Andalucía depende de tan sólo 150 papeletas para llevarse el último diputado por esta circunscripción.
En 2022, los últimos escaños se dirimieron por casi 25.000 votos
En 2022, los últimos escaños se dirimieron por casi 25.000 votos y, salvo en Almería, que se lo llevó Vox, PP y PSOE se los repartieron cuatro a cinco. Cádiz, Córdoba, Málaga y Sevilla fue para los populares y Granada, Huelva y Jaén para los socialistas.
En el equipo del candidato hablan de "apretar el acelerador" en esta recta final de campaña, aunque sin grandes cambios en la estrategia seguida hasta ahora. Esto es, "animar a la movilización, pisar mucha calle, hablar de temas que interesan a los ciudadanos, reunirse con todos los sectores, mantener al partido activado y hacer un anuncio programático todos los días". Ese viene siendo el esquema desde que arrancó la precampaña a la vuelta de las vacaciones de Semana Sannta.
Queda el segundo debate televisivo, este en Canal Sur, mañana lunes. No es previsible que quien parte como ganador arriesgue ante unos adversarios que harán de él el objetivo de sus invectivas, como en el debate del pasado día 4 en RTVE. Se trata de no cometer errores porque "cualquier cosa puede influir en el resultado final", admiten en la Junta de Andalucía. Muchos ciuadanos no deciden el destino de su voto hasta los últimos días de campaña, incluso hasta su llegada al colegio electoral. Y aunque normalmente las tendencias basculan entre los partidos de un mismo bloque ideológico, Moreno ha conseguido una especie de transversalidad para atraer simpatías del voto moderado progresista.
La entrada de Illa en campaña: "Un tiro en el pie"
Otra cosa, matizan, es que surja algún elemento "disruptivo" en estos últimos días de campaña. Puede ser a favor o a la contra. Y a ese supuesto elemento disruptivo le han puesto nombre y apellidos: Salvador Illa. Al presidente de la Generalitat no se le ha visto por la campaña andaluza a pesar del anuncio de Montero en sentido contrario al poco de presentar su candidatura. A la socialista le debía sonar bien en su cabeza que Illa explicara a los andaluces las bondades del modelo de financiación pactado por ERC, el mismo que cuenta con una cláusula que limita la solidaridad catalana con el resto de los territorios cuando vengan mal dadas. Y por mucho que en ese modelo Andalucía salga económicamente beneficiada -de engrasar esa maquinaria ya se encargó la futura candidata- alguien en el PSOE-A debió pensar lo mismo que en San Telmo, esto es, que lo de Illa era "un tiro en el pie".
Finalmente, los socialistas andaluces no le han invitado a la campaña, salvo sorpresa final, pero el catalán aprovechó este viernes una entrevista en la Cadena Ser para entrar de lleno en la misma y retar a su homólogo a pronunciarse sobre un asunto que genera escozor en los andaluces. Defendió el modelo de financiación propuesto por Montero, retó a Moreno respecto a si va a rechazar una inyección de 4.800 millones para Andalucía, le exigió que hiciera él otra propuesta en lugar de quejarse, para terminar afirmando que Cataluña "no va a pedir permiso para liderar España".
Habrá que ver si esto da o quita algún voto para el candidato popular en ese cardiaco reparto de restos de la noche electoral.
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