Presentó su nuevo libro, Enviado especial, y la exposición aparejada, Fotografías de guerra, incluida en la nueva edición de PHotoEspaña, como una obra que completa el puzle de su literatura, recuperando crónicas y fotos olvidadas. Piezas que simbolizan las experiencias que obtuvo durante su juventud y que le servirían años más tarde para publicar sus novelas. Durante la charla con periodistas el pasado 6 de mayo, Arturo Pérez-Reverte habló abiertamente de sus veintiún años como reportero de guerra y de cómo, según sus palabras, su antiguo oficio dejó de existir.
"No me lo han contado, lo he visto"
El reporterismo que describe Pérez-Reverte se basa en una figura que desempeñaba el papel de ser un testigo directo de los conflictos que se cubrían. Era la época de lo que él denomina "Tribu", aquel grupo de corresponsales que se movían en los márgenes de la legalidad para alcanzar lo más parecido a la verdad y trasmitirla. Para ellos, el uso de sobornos o la coacción en situaciones límite se presentan como simples herramientas o trucos del oficio. Pero a la vez, sus trabajos eran una garantía de información veraz.
El cambio tecnológico
Hoy, uno de los puntos que más contrasta con esta visión es la digitalización de la información. El novelista afirma que "la guerra ha dejado de ser real" para el público. El auge de herramientas como el OSINT (Open Source Intelligence) permite hoy verificar toda clase de eventos, como crímenes de guerra, mediante satélites, drones y geolocalización de videos que se han subido a las redes sociales por los propios combatientes o civiles que estuvieron en ese momento y lugar.
La supervivencia frente a la ética
El autor sostiene que en ocasiones es necesario mentir o delinquir para informar, y expone el choque que, según su visión, estallaría a causa de la sensibilidad ética contemporánea. Actualmente, el debate no giraría únicamente en torno a "traer la noticia", sino a cómo se obtiene. Para Reverte, el periodista era algo similar a un “delincuente necesario" que no puede existir en un ambiente social donde prima la exigencia de responsabilidad moral sobre cada acción que este comete.
"El mundo ha cambiado y ya no quiere reporteros de guerra"
El escritor compara el estado de bienestar de la sociedad occidental con vivir en un "capullo de algodón", donde la temeridad exhibida por él y sus compañeros no tienen cabida en el mundo actual.
El cansancio del horror
El cambio más profundo se encontraría en la audiencia. El autor afirma que el espectador "ya no quiere que le estropeen la fiesta”, quiere evadirse de la realidad, que es cruel y cíclica en cuanto a tragedias se refiere.
Esta percepción coincide con fenómenos sociológicos actuales como la fatiga de compasión, estudiado por Susan Moeller. En un mundo contantemente expuesto de imágenes atroces en tiempo real, el público ha desarrollado un desinterés por los conflictos o la búsqueda de una guerra "higiénica", con imágenes que estén libres de visceralidad. Para Pérez-Reverte, el cambio en la profesión radica en esta ruptura del contrato entre el corresponsal y la sociedad. La perspectiva de un testigo presencial de los hechos ya no es una fuente que el espectador exija para informarse.
Así, Arturo Pérez-Reverte se reconoce hoy como un extraño en el oficio que le otorgó la mirada con la escribe novelas.
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