Opinión

Milei y el califato de las Malvinas

El presidente de Argentina, en la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Washington.
El presidente de Argentina, en la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Washington. | Efe

Santiago Caputo, asesor presidencial del presidente Javier Milei, ha dicho que Argentina debe recuperar las Islas Malvinas porque el Reino Unido está siendo colonizado por el islam. En esa línea, consideró que la reivindicación sobre las Malvinas es ya una causa de Occidente, y no solamente nacional. La cuestión ha escalado porque Milei dio difusión en redes sociales al mensaje de su asesor, lo que ha tensionado la relación entre Argentina y Reino Unido. El mensaje no es nuevo. Donald Trump ya dijo antes que Caputo que el Reino Unido sería la primera potencia islamista con armamento nuclear. No debe de saber que Pakistán hace 54 años que posee armas nucleares.

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No es la primera vez que Milei amenaza el Reino Unido con que quiere recuperar las Malvinas como sea. Espera que su amistad con Donald Trump lo haga apoyar el intento de recuperar las islas frente a un Reino Unido que, según el presidente argentino, está internacionalmente debilitado.

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Sin embargo, si analizamos la situación de las fuerzas armadas argentinas, podemos ver que la situación no da para amenazas. Hay problemas en los acuartelamientos, donde faltan los bienes básicos para su funcionamiento. Con su salario, los soldados no llegan a final de mes, y tienen que encontrar trabajos alternativos como repartidores o taxistas. Por ello, han introducido subidas salariales. El gobierno libertario entró prometiendo seguridad y orden, y la situación de los cuerpos policiales y militares está peor que antes de que Milei llegara a la Casa Rosada.

La respuesta británica no se ha hecho esperar. El primer ministro, el laborista Andy Burnham, habló con el presidente Donald Trump, y le explicó que la voluntad de las Malvinas es seguir siendo británicas, con el respaldo de Londres. El presidente de la Asamblea de las Islas Malvinas, Jack Ford MLA, lo confirmó: no se plantean dejar de ser británicos. A su vez, el Ejército Británico se desplegó en un ejercicio para saber cómo actuar frente a una invasión, y reconquistar las islas como sucedió en 1982.

Fue en abril cuando el régimen militar encabezado por el general Galtieri tomó las Malvinas, un territorio que se apropió el Reino Unido hace siglo y medio. Aquello fue el principio del fin de la dictadura que sembró el terror en Argentina. Setenta y cuatro días después de la incursión argentina los británicos, que desplegaron la más poderosa flota desde la Segunda Guerra Mundial, recuperaron las Falklands, como las llaman. Hubo mil muertos, 700 de ellos argentinos.

El ministro británico de Exteriores, Ed Miliband, sostiene que los isleños tienen derecho a desarrollar sus recursos naturales como ellos consideren oportuno. Ha anunciado también nuevas medidas para garantizar que las personas y las empresas estén protegidas frente a las amenazas argentinas. El control de los recursos energéticos queda bajo protección británica.

Milei amenaza con una intervención militar en las Malvinas mientras los uniformados argentinos malviven"

No es la primera vez que Milei recurre la cuestión de las Malvinas para desviar la atención doméstica. De hecho, la Junta Militar usó la guerra de las Malvinas para desviar la atención de sus problemas internos. Enviaron a luchar a gente sin experiencia, ni formación. Ahora Milei amenaza con una intervención militar en las Malvinas mientras los uniformados argentinos malviven. Milei espera que Estados Unidos e Israel se pongan de su parte, pero es muy difícil que su apoyo vaya más allá de un golpecito diplomático a la espalda.

En conclusión, la supuesta expansión del islam en las Malvinas, y la consolidación de un gobierno islámico frente a Argentina, es la enésima declaración sin sentido que proviene de Casa Rosada, la sede del gobierno argentino. Apenas el 0,3% de los habitantes de la isla practican la religión islámica.

La necesidad constante del gobierno argentino de generar polémicas estridentes y tensionar el orden internacional es una muestra de la debilidad diplomática del país. Si recordamos el precedente de Venezuela sobre el Esequibo, podemos ver que la cuestión de un cambio territorial por la fuerza tiene escasos apoyos, incluso entre los amigos más cercanos.


Guillem Pursals es doctor en Derecho (UAB), máster en Seguridad (UNED) y politólogo (UPF), especialista en conflictos, seguridad pública y Teoría del Estado. Aquí puede leer sus artículos publicados en www.elindependiente.com

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