En todos sitios, a todas horas. Ocupando todo el espacio. Iván Redondo no para. No quiere parar. Se multiplica en periódicos, radios, televisiones, por supuesto en redes sociales. Concede entrevistas, participa en tertulias, escribe tribunas, se explaya en X. Ningún hueco sin cubrir. Pero a fuerza de hacerse ubicuo, sí ha machacado un mensaje clave en estas primeras semanas de precampaña de las generales del 29 de noviembre: que sí hay partido. Que el PSOE puede volver a ser primera fuerza, que cabe incluso la opción, si continúa la tendencia ascendente, de que pueda retener la Moncloa, que no está todo perdido para Pedro Sánchez. Y ese es también el relato de los socialistas, del propio presidente, que puede ganar y hasta volver a gobernar.
Pero Iván Redondo Bacaicoa (San Sebastián, 1981) ya no trabaja para Sánchez, ni para su partido. Desde julio de 2021, cuando el jefe del Ejecutivo decidió destituirlo como su director de Gabinete, cargo que había ejercido desde su llegada al poder en junio de 2018, tras la moción de censura que él contribuyó a construir. Redondo, tras abandonar el Gobierno, volvió a la actividad privada, a su trabajo como consultor político, al frente del Grupo Redondo, hoy estructurada en seis empresas, una de ellas un instituto de investigación social, Opina 360, encargado de la elaboración y análisis de encuestas. Y, tras un tiempo más en segundo plano, retornó a la superficie, al ruedo mediático en el que siempre le gustaba moverse, primero como colaborador de Espejo público, con Susanna Griso (Antena 3) y luego ampliando el espectro.
En mayo, el gurú de Sánchez presentó El manual (Anaya-Contraluz, 2026), un recorrido desde su Donostia natal hasta el corazón del poder. Y entonces, en aquella puesta de largo en Madrid, del lado de Griso, dejó un titular inequívoco: estaba "preparado", "si llega el momento", "para volver a la política". Pero ni la cúpula del Gobierno ni del PSOE le acompañó en ese acto, y justo después avanzaban que no estaba previsto el fichaje del antiguo asesor. En este tiempo, Redondo ha continuado volando solo, pero su presencia ha ido en aumento. Como consejero aúlico de Sánchez, sin serlo formalmente. Lo repiten en Ferraz y en la Moncloa: "No, no está trabajando para nosotros". Y fuentes próximas al exasesor coinciden: "No actúa por encargo del PSOE o del Ejecutivo, y no ha pisado la Moncloa desde que salió". Tampoco el cordón umbilical que unía al presidente y a su jefe de Gabinete carbura como antes: hablan "puntualmente", sí, mantienen el contacto, pero no hay un hilo de comunicación constante.
En las últimas semanas, Redondo lleva defendiendo que el PSOE acabará el 29-N como primera fuerza, que de hecho ya lo es, aunque no lo manifiesten aún las encuestas de institutos demoscópicos privados, y que por tanto la pregunta es "si puede realmente la izquierda voltear una mayoría alternativa al consorcio del PP y Vox", es decir, si puede reeditarse un Ejecutivo de coalición progresista. "La izquierda está a diez escaños y un penalti", remarca, para hacer ver que no es tan improbable que se repita el escenario de julio de 2023, cuando contra todo pronóstico la derecha y la ultraderecha no alcanzaron la mayoría absoluta que daban prácticamente por segura todos los sondeos, incluidos los de la noche electoral, y Sánchez se rehízo y obtuvo un millón de votos más que en noviembre de 2019 y un total de 121 escaños.
Redondo remarca que de nuevo el voto de las mujeres será determinante (ya lo fue en 2023), y también el de los jóvenes, incide en que Sánchez gana cuando arriesga —"Cada vez que Pedro es Pedro, acierta"—, como ocurrió con el beso viral a su esposa el pasado sábado en Fuenlabrada. Y llama la atención sobre una clave: si Vox se estira hasta un porcentaje tan altísimo con un 19-21%, es materialmente imposible que el PP pueda situarse por encima del 27%, porque "son vasos comunicantes". Y otro dato relevante, este también ya bastante consolidado entre los sociólogos: la participación el 29-N puede dispararse, rondando el 74% y tocar incluso el 77%.
El exasesor despliega en entrevistas, en tertulias, en conferencias, un atributo que le reconocen incluso quienes le critican: su poder de convicción, su asertividad. En estos días repite que, antes o después, todas las casas de encuestas irán "al sitio", al lugar que él siempre defendió, que es el que el PSOE puede volver a ser primera fuerza, una posibilidad a la que ya apuntó él mismo con una encuesta de Opina 360 bajo el brazo hace poco más de un año. "Ya explicamos en otros programas", recordaba este viernes en X, "que no habíamos visto al Consorcio [de PP y Vox] ni en 210 ni 200 diputados. El PP está por debajo de los 120 escaños. Hoy ya lo sitúan algunos institutos en 123 viniendo de 137. Todos irán al sitio. El PSOE es la primera fuerza política y la mayoría, todavía, es PP-Vox en 186". Lo decía porque un sondeo de IMOP para El Confidencial publicado horas antes apuntaba que en apenas 15 días socialistas y Frente Amplio habían recortado 12 escaños a PP y Vox, aunque derecha y ultraderecha seguía en los 195 diputados.
"Iván acude a los medios por demanda. No hay movimientos para buscar huecos. Porque cuando ha ido a programas, la audiencia responde. Le reclaman, ya una vez que ha pasado la presentación de su libro. Y como defiende que hay partido", una opinión ahora mismo a contracorriente en las encuestas, "hay cola de peticiones, y a él le gusta hacer didáctica", señalan desde su entorno más próximo.
La ventaja de la derecha... ¿es remontable por Sánchez?
Redondo, indican desde su círculo, no dispone de sondeos propios actualizados o de trackings, pero sí tira de estudios suyos —de Opina 360— anteriores al arranque de la precampaña, escruta las tripas del barómetro del CIS, pregunta a encuestadoras, bucea entre los datos y basándose en ellos, aplica su propio modelo para hacer una proyección. En lo que el exasesor de Sánchez insiste es en que el PP ha sufrido un mordisco muy importante, de en torno a un 14%, por la derecha, lo que significa que en torno a 1,1 millones de sus votantes han emigrado a Vox, "y eso no lo recupera con lo que le llega de otros partidos". "Eso no quiere decir que no vaya a sumar la derecha, porque Vox está muy fuerte. ¿La suma del PSOE y sus socios puede dar? Ahora mismo, no, pero queda lo importante por delante, más de un mes hasta el 29-N. Lo que dice Iván", cuentan fuentes próximas, "es que si PP y Vox están en torno a 186 diputados, y con una campaña por delante, una ventaja de 10-12 escaños no es tanto, de ahí que no haya que descartar nada. La distancia entre los bloques es más corta".
Los colaboradores de Redondo esgrimen que él "no hace política", que no está "trabajando para ningún partido, ni para ningún candidato". "Lo que sí que es cierto es que ha logrado romper el consenso demoscópico. Hablamos del empate y antes se veía como increíble. Ya no. Y hemos ido consiguiendo que el resto de encuestadoras se moviera, porque es que en el fondo saben lo que hay", subrayan.
En 2023, Redondo vio ganador a Alberto Núñez Feijóo... y con rotundidad. Le vaticinó 161 escaños (tuvo 137), por los 118 del PSOE (fueron 121), los 28 de Vox (llegó a 33) y los 24 de Sumar (que alcanzó los 31). "Es que fue clave el tirón del final, el corrimiento de unos pocos miles de votos en un puñado de circunscripciones. Y se demostró que las pifias durante la campaña pueden ser decisivas, porque pueden mover lo justo para que se desplacen varias piezas en cadena. Por eso, ahora mismo decimos que sigue siendo más probable la suma de la derecha, sin descartar que pueda dar la suma de la izquierda. Ojo, que la tendencia es al crecimiento de la izquierda, por ese ánimo de revancha, y una concentración del voto útil en torno al PSOE", señalan fuentes próximas al consultor donostiarra.
Los datos que maneja Ferraz también son positivos y apuntan a la posibilidad de que Sánchez quede primero. Pero no es Redondo ni Opina 360 quien hace las encuestas al PSOE. "Nos viene bien, Iván va a favor de obra, ha logrado romper el consenso demoscópico, y eso es muy relevante. Pero mira por lo suyo. Él no está mandatado por nadie. Es un verso libre. Él está en su marca personal, aunque le respalda la información que tiene", indican fuentes próximas al aparato federal. Quienes disponen de los números de la dirección señalan que lo que está percibiéndose es un PSOE creciendo y un Vox "muy fuerte", en torno a los 60-70 escaños, por lo que el PP "no puede estar en 120-130 diputados", sino en un peldaño menos, entre los 114-115: "El PP se nutre de lo que le entra de otros partidos y de la abstención, pero también hay flujo de salidas de votos, y el 29-N va camino de una participación récord, y eso significa que es en buena medida por la movilización de la izquierda". Los cálculos de Ferraz es que el PSOE va reforzándose, mientras va recuperando aliento Frente Amplio —en torno a 14-16 asientos—, y se fortalecen las izquierdas periféricas (ERC, BNG, Bildu o Adelante Andalucía).
Si los socialistas vuelven a ser primeros, recuerdan fuentes próximas al aparato, ensancharían en número de escaños por la prima que da el sistema D'Hondt a la fuerza más votada. En 2023, el PP aventajó al PSOE en apenas 1,38 puntos, pero la diferencia sí fue más rotunda en diputados: 137-121. De ahí que el primer objetivo de Sánchez sea vencer el 29-N para quedarse más cerca de una suma que haga posible reeditar la coalición.
El impacto imprevisto de 'La revuelta'
En la Moncloa y en Ferraz esperaban que la entrevista de Sánchez en La revuelta (La 1 de TVE), este pasado jueves, funcionara bien. Pero los números han sobrepasado las expectativas. De todos. El programa se disparó hasta un estratosférico 33,9% de share y 4.387.000 espectadores. Cifras jamás vistas en el espacio de David Broncano: récord histórico en las tres temporadas que lleva en emisión, muy por encima de la más vista hasta ahora, cuando le visitó Rosalía (20,4% y 2.706.000). Además, consigue ser la emisión no deportiva más vista en lo que va de 2026, por encima del bote de Pasapalabra (Antena 3), del pasado 5 de febrero (3.696.000 espectadores y 36,77%). La revuelta arrasó, con Sánchez, todas las métricas: 7,1 millones de espectadores únicos, líder absoluto en todos los targets, ámbitos y mercados, un 51,1% de seguimiento en la franja de 25 a 44 años.
"Es un síntoma de que hay una bolsa de votantes de izquierdas que, como poco, tiene interés en ver al presidente del Gobierno —valoran fuentes próximas a Redondo—. Si su figura estuviera tan quemada, no sería un programa tan visto, y no parece que los votantes del PP vean a Broncano. Refleja el interés en él, y puede que haya cierto movimiento detrás, que Sánchez no esté tan muerto como se dice". La valoración es, de nuevo, simétrica a la de quienes escrutan los números para Ferraz: "Las audiencias en televisión también son anticipadoras del cambio de voto, porque tú ves y escuchas aquello que confirma tu sesgo, y además la entrevista se ha viralizado mucho. A diferencia de Feijóo, Pedro gana en televisión y en directo. Tiene más versatilidad, se adapta".
No será el único formato desenfadado que pise el candidato socialista en esta campaña. Este mismo viernes, el presidente confirmó que se dejará entrevistar por el youtuber Jordi Wild, a quien ya habían confirmado que aceptaban charlar con él el propio Feijóo, Santiago Abascal y Ada Colau. "Puede ser más importante Jordi Wild, con millones de seguidores, que un debate electoral", resuelven los consejeros del líder socialista.
La sensación que destila el equipo de Sánchez es de cierta victoria en estas primeras semanas previas a las urnas. Porque a la satisfacción por La revuelta se sumaba, este viernes, la burla por lo que entienden como un mal papel de Feijóo en su entrevista en Hoy por hoy, en la SER, con Aimar Bretos, en la que cometió errores como desconocer que el SMI no tributa en IRPF, reabrir el debate del aborto o definirse como feminista por el hecho de haberse criado entre mujeres. "Esta semana la hemos ganado. Entre la visita de Javier Milei, La revuelta. Ellos están en sus líos con las pensiones, el salario mínimo, el feminismo, los sacrificios... Al final va a ser verdad que Feijóo no es presidente porque no quiere", afirma un mando monclovita.
¿"Chico listo" o "promoción" personal?
Pero entonces, ¿por qué Redondo se mueve tan próximo a Sánchez sin formar parte de su equipo? Los suyos defienden que incluso cuando aseguró que estaba listo para volver a la política sí tenía claro que "no era para hacer campañas", que esa etapa ya pasó. "Seguro que Iván está entusiasmado pensando que nos ayuda —sanciona en Ferraz una dirigente que obviamente trataba mucho con él en el pasado—. No es que le hayamos pedido nada. De momento es un amor platónico por su parte". El mago de las encuestas y de las estrategias que siente nostalgia por su antigua casa.
Reconocen en el cuartel general que el discurso del exasesor coincide con el que quiere irradiar el presidente, que ha logrado romper el consenso de las encuestas. "Chico listo y soñador", resume un miembro de la cúpula. "Él es listo y sabe que podemos ganar —apunta un cargo de la Moncloa que trabajó también con él—. Si cree que podemos ganar demostraría que vuelve a apostar por el héroe. Y si no nos echan del Gobierno el 29-N, sería mítico, porque supondría que el presidente para a la ultraderecha otra vez".
Otras fuentes insisten en que Redondo vela más por su marca personal, por la buena marcha de su empresa. Por su "promoción". "Ya no tiene chance en la derecha, solo tiene la bala de Pedro —opina un exmiembro del Ejecutivo que trabajó mucho con el exdirector de Gabinete del presidente—. Él está aprovechando la coyuntura para su promoción... Y luego... pues ya veremos. Está agotando su oportunidad, a cara o cruz. Y no mira hacia la derecha porque lo tiene descartado. No creo que Pedro lo repesque ni aun ganando y gobernando. Pero si gobierna, lo ayudará y se quedará muy bien colocado". "Creo que en Iván opera una mezcla de dos cosas", tercia un responsable con interlocución fluida con la Moncloa, "por un lado, el síndrome de abstinencia, porque necesita foco y este es el momento, y por otro, el intento de que Pedro lo recupere".
Redondo siempre ha sido una figura muy atractiva en el backstage de la política. El director de Gabinete que, incluso cuando movía los hilos dentro de la Moncloa, tenía luz propia, el consejero mayor que ambicionaba ser ministro, el consultor que se multiplica en los medios y encadena una declaración tras otra, el estratega que sabe que, antes de una campaña que se presumía difícil y cuesta arriba, el primer cometido es dar una vuelta al clima, decir a las huestes que no está todo perdido, que cabe luchar, que hay esperanza. Que hay partido. E instalar ese nuevo ambiente, en parte, ha sido mérito suyo. Del hombre que salió del poder y que se dice listo para regresar a él cuando le llamen.
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