Lejos de la imagen de un caudillo bárbaro y analfabeto parapetado en la cueva de Covadonga, el exmilitar y medievalista José Soto Chica y el doctor y académico Francisco Aguado nos hablan de un don Pelayo indomable y sumamente inteligente. En su obra conjunta, "Pelayo, el rey rebelde" (Despertaferro ediciones), ambos autores presentan un trabajo basado en el estudio minucioso de las fuentes primarias y en la experiencia del análisis táctico militar y bizantino. Así, Soto Chica y Aguado tratan de desarmar prejuicios historiográficos, detallan campañas militares que cambiaron el rumbo de la historia y rescatan la lección de un noble visigodo que, pudiendo acomodarse a sus conquistadores, eligió convertirse en el rebelde más obstinado de su tiempo. Los dos hablan para El Independiente.

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Pregunta: ¿Quién fue Pelayo realmente? ¿Y por qué es tan importante en la historia de España?

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Francisco Aguado: Pelayo es una figura muy importante, y no tanto por la trascendencia que luego le hemos dado nosotros, sino porque está a caballo entre la etapa del reino visigodo, y la etapa del reino asturleonés.

Jose Soto Chica: Es un personaje bisagra entre dos épocas, y la nueva realidad histórica que surgirá con él es mucho más compleja. En ella surgirá un reino, y el fundador de ese reino va a tratar en lo posible de mantener y de transmitir esa herencia visigoda. Por eso siempre se va a hablar de una recuperación de un reino perdido, de una restauración, de una Reconquista, y eso es fundamental. Es fundamental porque toda la Edad Media peninsular se va a vertebrar a partir de esa decisión de Pelayo: la de rebelarse contra el Califato Omeya.

Francisco Aguado. Doctor cum laude en Medicina y Cirugía, bizantinista y experto en el Reino de Asturias.

P: ¿Fue el único? ¿Hubo más rebeldes en la misma época que Pelayo?

J. S. C.: Todo indica que tuvo que haber varios personajes muy parecidos. Huesca, por ejemplo, es una ciudad que resiste hasta el año 720. Ahí tuvo que haber hombres parecidos a Pelayo. Ardón, el último rey visigodo, aguanta el empuje musulmán en la zona del Pirineo oriental y de la Narbonense hasta 719. Carcasona, una ciudad visigoda, no es conquistada hasta 725, igual que Nîmes. Teodomiro, un noble visigodo, en lo que hoy sería la zona de Murcia, Alicante y Valencia, también lucha y obtiene una gran autonomía en sus territorios pactando con el poder califal.

José Soto Chica. Doctor en historia medieval, investigador y novelista

Nunca tan pocos lucharon contra tantos y se mantuvieron en pie

Entonces, ¿Qué es lo que hace a Pelayo tan singular? Pues el éxito. Pelayo es capaz no solo de rebelarse, sino de sobrevivir a algo increíble, pues nunca tan pocos lucharon contra tantos y se mantuvieron en pie. El califato Omeya al que se enfrenta era 560 veces más extenso que el reino de Asturias, 500 veces más poblado y Pelayo lo sabía. Sabía contra lo que se estaba rebelando. No es alguien ignorante de la geopolítica de su tiempo. Fue un hombre ilustrado, diríamos hoy, que conoce cómo funciona el mando, el gobierno, el mundo.

P: ¿Por qué crea este reino en el norte y se afinca ahí? ¿Por que no recuperar la península?

F. A.: Bueno, que una cosa es querer y otra cosa es poder. Y sus sucesores siempre lo intentan. Su yerno Alfonso I, ya se lanza a conquistar o a barrer la tierra hacia la costa de Galicia. Las crónicas señalan una y otra vez el deseo de los distintos reyes (Ramiro, Ordoño I, y sobre todo Alfonso III) de llevar la frontera al Duero.

J. S. C.: De hecho, Pelayo está muy atento a cualquier ocasión o posibilidad de extenderse. Por ejemplo, los musulmanes sufren un descalabro militar brutal ante Toulouse en 721 y Pelayo sale de la montaña a guerrear contra ellos. Y te lo dice la fuente árabe, que "baja de la montaña", y que Anbasa (el emir peninsular) tiene que enfrentarse a él. En 732 los califales se llevan otro batacazo en Poitiers, y en ese contexto Pelayo vuelve a intentarlo y le tienen que mandar otra expedición en 734 que prácticamente acaba con él. Le obligan a refugiarse, le queman la iglesia en Cangas y se tiene que refugiar en los Picos de Europa. ¿Qué quiero decir? Que Pelayo siempre lo intentó. Siempre fue para los musulmanes un rebelde indomable.

El llamado "Stalingrado del califato Omeya" provocó la rebelión de Pelayo"

P: ¿La rebelión de Pelayo surgió a raíz de un descalabro militar del califato?

F. A.: Así es, estamos hablando del asedio de Constantinopla del 717-718. Un enfrentamiento pavoroso que alguien bautizó en la historiografía posterior como "el Stalingrado del califato Omeya". El punto de inflexión de la gran expansión árabe. Hasta 718 los árabes eran imparables, pero tras el desastre de Constantinopla solo hacen una cosa: perder territorio, y Pelayo lo vio.

La situación para los musulmanes era tan crítica que en 719 el califa Omar II está pensando en evacuar Hispania, y ordena a su gobernador que empiece a organizar la evacuación. Mejor oportunidad que esa, ninguna. Es entonces cuando Pelayo construye una serie de fortificaciones en los pasos de montaña para atrincherarse y resistir. Él está perfectamente al día de lo que estaba ocurriendo en el mundo. Le tenían que llegar las noticias del desastre monumental que ocurría en Constantinopla. Y justo en ese momento, tanto el historiador musulmán Al-Maqqari como la crónica cristiana dicen que Pelayo se escapa de Córdoba y se rebela en el norte.

P: ¿Fue ahí realmente coronado con el título de rey?.

F. A.: La confusión sobre si Pelayo fue realmente rey o no es por su denominación en las fuentes antiguas, que lo denominan como "princeps" y no "rex". Pero, si tú te vas a los textos visigodos del siglo VII verás que aparece muchas más veces el término prínceps para designar al rey, pero con una proporción de un 70-30. Entonces claro, ¿Qué es el término usual? Es prínceps, y no tiene nada que ver con que ese término sea inferior al de rey, es equivalente al de rey.

Pelayo y Covadonga son un objetivo a batir por gente que está convencida de que son un peligro

J. S. C.: Negar que Pelayo fuera rey, en todo lo que significaba esa palabra, es una falacia, porque es ir en contra de todo lo que las fuentes nos dicen una y otra vez. Cuando empieza la corona de Asturias, no hay más remedio que empezar con un rey y ese rey tuvo que ser Pelayo. No hay otro previo. Y no puede haber otro posterior. Las crónicas, las fuentes, dicen: "El primero que reinó en Asturias". Y te lo dicen las árabes también.

P: Algunos académicos ponen en duda la veracidad de la batalla de Covadonga.

F. A.: Pelayo y Covadonga son un objetivo a batir por gente que está convencida de que son un peligro al ser hechos ligados al nacionalismo español. Entonces se reinterpretan o no se quieren relacionar como el origen nacional de España. Lo que es seguro es que la existencia de Pelayo y la existencia de la batalla de Covadonga es indubitativa.

¿Y por qué? Porque tenemos, como diríamos en un juicio, pruebas directas y pruebas circunstanciales. Tenemos una localización topográfica y una geotáctica que es muy evidente. Cualquier juez diría que es imposible que alguien se invente una batalla en un lugar y la describa con tanta perfección que luego se ajusten a los datos tácticos y geográficos. Para contar eso, alguien tuvo que estar allí, no se lo puede inventar un monje en un monasterio de la Rioja.

Covadonga fueron tres batallas en tres fechas distintas

J. S. C.: Hay quien sostiene la no existencia de las batallas de Covadonga (hablaremos luego de ello) arguyendo: "Bueno, es que aquí dice que Pelayo venció a 187.000 sarracenos. Eso es imposible". Claro. Es que estamos hablando de una fuente del siglo IX, ¿Qué quieres, que te hable con un lenguaje académico y científico del siglo XXI? ¿Que sea racionalista un monje de la Edad Media? Es ridículo. La labor del historiador es analizar la fuente, apartar todo aquello que es retórica, que es simbolismo y quedarte con los hechos. Es más difícil explicar la no existencia de Pelayo y Covadonga afirmando la existencia de Asturias que lo contrario.

P: ¿Hay grandes diferencias en cómo describen las fuentes cristianas y las musulmanas la rebeldía de Pelayo?

J. S. C.: Lo llamativo es que no la hay. Cuando lees las fuentes musulmanas, por ejemplo, Al-Maqqari, aunque escriba en el siglo XVII, sí que tuvo sobre la mesa todas las fuentes musulmanas. Y él concluye que Pelayo es un personaje que se escapa de Córdoba, que huye a Asturias, que subleva a la gente, que obtiene una victoria, que expulsa a los musulmanes de Asturias y que además eso es el germen de que luego los cristianos vayan recuperando territorio. Para él, Pelayo es el germen de eso que llamamos reconquista. Lo tienen clarísimo. Ninguna lo niega. Ninguna. Lo que hay son cuestiones de matiz, pero el corazón del relato, la rebelión, el triunfo de esa rebelión vinculada a un señor que se llama Pelayo, eso no lo discute ninguna fuente.

P: En vuestro libro se habla de que la "Batalla de Covadonga" fueron tres batallas en tres fechas distintas.

F. A.: Sí, llegamos a esa conclusión. Entre los historiadores tenemos la tendencia de pensar que Pelayo fue Covadonga y ya está, pero Pelayo vivió muchos años después de Covadonga. Por eso, cuando empezamos a analizar, ya sospechábamos que las fuentes hablaban de distintas ocasiones y nos pusimos a contrastar todas las fuentes árabes (Ibn Idhari, Ibn al-Athir, lógicamente Al-Maqqari y el resto). Cuando uno hace un pequeño esquema y va cruzando los datos, se da cuenta perfectamente que son distintas ocasiones. Se ve también cómo cronistas árabes, que son de bastante tiempo después, tienden a irse a su pequeño mito o idea fuerza. ¿Cuál es? Que estos cristianos del norte eran nada y no los logramos erradicar cuando podíamos, y ahora tenemos un problema encima bastante grande.

La figura de Pelayo nos interpela a ser rebeldes

J. S. C.: Es muy llamativo porque todas las fuentes musulmanas coinciden en un relato base: la desidia de la autoridad musulmana al acabar con la rebeldía de Pelayo y que por culpa de eso luego los cristianos se hicieron fuertes. Pero es curiosísimo porque hay historias de los musulmanes que dicen que eso pasó con Al-Hurr (717-718), otros te dicen que ese mismo relato lo ubican con Anbasa (722-723) y otros te dicen que fue con Uqba (734) todos emires de la península. Pero el relato es el mismo. Te dan el mismo relato varias veces ubicándolo en épocas distintas, en expediciones militares distintas. Es decir, tenían un "relato modelo", y lo aplicaban rellenando el hueco a distintas expediciones.

¿Qué es lo que te queda al final cuando cruzas todos los datos? Que los árabes dominaron Asturias durante cinco años, 713-718, que Pelayo se alzó en 718 y que obtuvo una primera victoria ese año. Luego tuvo que hacer frente a una segunda expedición (722-723) y a una tercera en 734. Todas batallas que libró Pelayo.

P: ¿Qué es lo que podríamos aprender nosotros de ese personaje?

F. A. : Bueno, creo que es un rebelde paradigmático. Un tipo indócil. Alguien que, pudiendo no serlo, se rebela. La inmensa mayoría de la nobleza visigoda se acomoda al nuevo régimen. Pactan y siguen viviendo bien, manteniendo posesiones y privilegios. Ese podría haber sido el destino de Pelayo, y opta por lo otro. En un mundo como el nuestro, donde es más fácil la sumisión que la rebeldía, Pelayo nos da una lección: hay personas que no entran por el aro.

J.S. C. : Por eso es un personaje incómodo todavía hoy; te interpela y te dice: "oye, a lo mejor no deberías ser tan sumiso ni tan cómodo".