Vox, con Abascal hinchado de patria como una gaita, dando bocinazos con datos inventados y falacias de sofista con orujo, ya es tercera fuerza. Se ha subido al podio uno de los jinetes del Apocalipsis, que representa no ya la política simplona y engañosa de todos los populismos, sino el retorno a conceptos esencialistas, joseantonianos, de la ciudadanía, y la afirmación del prejuicio y la discriminación como inspiración ideológica. El jinete con harapos de bandera y guadaña de barberillo ha galopado empujado por las llamas dalilianas de Cataluña, por el soplido de Sánchez, que les ha dado otra vida, y por la pasividad azorada del PP y de Cs, que dejaron que se llevara a los votantes más inflamables negándose a rebatir su discurso primitivo, falso y pegajoso.

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En la sede de Vox lo celebraron con alegría de guateque, poniendo a Nino Bravo. La verdad es que, a pesar de todo, uno cree que lo que les queda es eso, el guateque. En su balcón de saeta, sin morrión de conquistador pero con discurso épico y fallero, y recitando las provincias como un maestro nacional, Abascal llamaba a lo suyo “la mayor gesta de la democracia” y aseguraba que “no defraudarán” y que no darán “ni un paso atrás”. Sin embargo, uno está convencido de que su nueva fuerza, prestada del cabreo y el vinazo del español de cabreo y vinazo, sigue siendo básicamente inútil. Quizá, más inútil que nunca. Con ese tamaño, ya no se podrán hacer con Vox alianzas de esquinilla, tratos ventajistas. PP y Cs no podrán decir que pactan ellos y que Vox hace de mirón o de escriba. Ahora sí habría que darles sillones de fraile, ministerios de Marina o de lo que sea, voz y presencia institucional para sus números inventados y sus prejuicios abullonados de bocamangas patrióticas.

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¿Nos colocaría el PP en Europa como un país inestable, caricaturesco?

Con Ciudadanos pagando la polarización que ha provocado Sánchez hacia el enamoramiento bobo o hacia el hartazgo rabioso, Vox ya no es un torero más en el Congreso. Sigue siendo la misma derecha extrema de porrón, el mismo populismo nacional-verbenero, pero ahora estarían en posición de exigir gobernar, no sólo de hacer de gruñones de palco de los Teleñecos. ¿Pactaría así con ellos el PP, cediendo cuartos de banderas y poder institucional real? ¿Pactaría con este monstruo que se come a sus votantes, que se lleva a sus rancios, que le roba los pendones? ¿Nos colocaría el PP en Europa como un país inestable, caricaturesco, con la ultraderecha en un gobierno ya como albanés?

A Vox lo han engordado PP y Cs, que lo veían como un cachorro gruñón pero domesticable y como socio pagafantas. Por eso no lo han confrontado. Tampoco Sánchez, para quien Vox era el perfecto atizador para una escena de muerte gótica del PP, como en algo de Edgar Alan Poe. Eso, y el espantajo y el revulsivo para la izquierda comodona, que le permitiría siluetearse como salvador ante el trifachito de revoleras franquistas. Sánchez también engordó a Vox y además le ha dado la segunda oportunidad. Sánchez ha fracasado personalmente, e Iván Redondo ha resultado un gurú de pacotilla, un apostador más de bingo que de gran casino. De la mayoría absoluta que le fabricaba el sastrecillo jorobado de Tezanos ha pasado a perder escaños y encumbrar a la extrema derecha. Pero sobre todo es un fracaso para el país, que ya no puede pensar en un pacto del centro-derecha sin que se les cuele en la cama el sargento con bigote que es Vox.

Vox ya no es un torero o una sota en el Congreso. Pero, no me los imagino ganando unas elecciones

Vox pone a Nino Bravo y celebra su guateque con cuellos de camisa ideológicos de Curro Jiménez o del Fary. Pero han impedido que pueda haber una alternativa a Sánchez, que ahora, más desesperado que nunca, buscará a un jovencito Frankenstein que puede ser Iglesias de vicepresidente. Queda eso o un gobierno de concentración PSOE-PP, quizá sin Sánchez, que uno ve peliculero y contrario a nuestros modos y odios políticos. Creo que Vox sueña con eso porque cree que así podría desbancar al PP, haciendo de líderes de la oposición. Pero yo sigo viéndolos inútiles en su guateque. Me baso en lo movedizo del cabreo y el vinazo del español de cabreo y vinazo. Vox ya no es un torero o una sota en el Congreso. Sin embargo, no me los imagino ganando unas elecciones. De momento, su guateque avillana la democracia y eterniza a Sánchez. Al país no le sirve de nada, pero tienen la gaita de la patria y la borrachera del quinto. Suficiente para muchos.