Las tortugas marinas son uno de los seres vivos más antiguos del planeta. Habitan la Tierra desde hace 110 millones de años y los biólogos creen que sobrevivieron a la extinción de los dinosaurios. Su especie varía según el lugar donde viven; así, pueden ser terrestres, marinas o de agua dulce, y desde siempre han estado vinculadas con el ser humano.

Aunque en español el sustantivo ‘tortuga’ es femenino, la cultura popular ha sido coto de tortugas macho. A las archiconocidas Tortugas Ninja del cine y la televisión les bautizaron con nombres de genios del Renacimiento, como Leonardo, Donatello, Rafael y Michelangelo, y algo parecido sucede con sus colegas animados Crush, Squirt, Flanklin o Verne. Esta tendencia en la elección de nombres puede variar ahora si atendemos a un reciente estudio elaborado en Portugal. El Centro de Ciencias Marinas y Ambientales de aquel país, en colaboración con la Universidad de Exeter, concluye que el aumento en la temperatura en el agua del mar propiciará un mayor nacimiento de hembras: en concreto, entre el 76 y el 93%, a temperaturas más cálidas pronosticadas por los escenarios del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC). Las cifras resultantes son específicas del sitio de estudio en Guinea-Bissau (África occidental), pero los investigadores afirman que están en condiciones de esperar un muestreo similar a nivel mundial

Una investigación más agresiva sugiere que hasta el 93% de las crías de tortuga verde podrían ser hembras para el año 2100, ya que el cambio climático provoca la “feminización” de la especie. Esto responde a los posibles efectos por el cambio climático. El sexo de las crías de tortuga está determinado por la temperatura y en la actualidad aproximadamente el 52% de las tortugas verdes en incubación -una de las siete especies de tortugas marinas- son hembras.

Aumento del nivel del mar

Las tortugas marinas construyen nidos para depositar sus huevos y protegerlos de otros animales. Las hembras utilizan sus aletas para cavar un agujero en la arena, en el que colocan -desovan- alrededor de 100 huevos. Un proceso que podría verse afectado por este cambio medioambiental. A esta modificación hay que sumar el cambio en la proporción de género, que conduciría a que más hembras aniden, con un aumento inicial de la población que sin embargo empezaría luego a disminuir a medida que las temperaturas de incubación se acercaran a niveles complejos para la subsistencia.

Tortuga en el corredor de cetáceos

Otro contratiempo es el aumento del nivel del mar, que sumergirá entre el 33 y el 43% de las áreas de anidación que utilizadan en la actualidad las tortugas verdes en las playas donde se realizó el estudio. “Las tortugas verdes se enfrentan a problemas en el futuro debido a la pérdida de hábitats y al aumento de las temperaturas”, explica Rita Patricio, del Centro para la Ecología y la Conservación en el campus Penryn de la Universidad de Exeter, donde se ha realizado el estudio. “Nuestros resultados sugieren que la población de anidación de tortugas verdes en el archipiélago de Bijagós, Guinea-Bissau, afrontará los efectos del cambio climático hasta el 2100. Las temperaturas más frías al final de la temporada de anidación garantizarán que algunas crías sean masculinas. Aunque el aumento de las temperaturas dará lugar a más crías hembras, y un 32-64% más de hembras anidadoras para 2120, la mortalidad en los huevos también será mayor en estas condiciones más cálidas. A medida que las temperaturas continúen aumentando, puede que sea imposible que las tortugas no vigiladas sobrevivan”, añade.

Seria amenaza

Por todo ello, estos longevos reptiles se encuentran entre los animales más amenazados de la Tierra, por delante de aves, mamíferos, peces o incluso los anfibios. La destrucción de su hábitat, su sobreexplotación como mascotas, las enfermedades y el cambio climático son algunas de las razones que les han llevado a esta situación extrema en todo el mundo.

Las tortugas contribuyen a la salud de muchos ambientes, como los desiertos, los humedales, los entornos de agua dulce y los ecosistemas marinos, por lo que su declive puede tener efectos negativos en otras especies -incluidos los humanos- que pueden no ser visibles ahora.