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¿Una España con 120 millones de turistas?

Economía

¿Una España con 120 millones de turistas?

“El crecimiento del turismo español no es sostenible”. La sentencia la soltó el máximo ejecutivo de la mayor hotelera española ante centenares de ejecutivos del sector. Unos asentían, otros apretaban los dientes.

“España ha pasado de recibir 60 millones de turistas en 2013 a tener 82 millones en 2017. Eso es un incremento del 40% en seis años. Es insostenible”, proclamó gravemente Gabriel Escarrer, consejero delegado de Meliá, en vísperas de la última Fitur, una de las grandes citas de la industria turística a escala global. “Debatamos de una vez qué modelo de turismo queremos en España y en cada comunidad autónoma”.

«España pasó de recibir 60 millones de turistas en 2013 a 82 millones en 2017. Es insostenible», según Gabriel Escarrer

Y es que España se ha instalado en un boom del turismo -marcado especialmente por el aluvión de llegadas de viajeros extranjeros- que durante años se ha venido sintiendo casi como inagotable. El año 2017 se convirtió en el quinto consecutivo en que España batió récord de llegadas de turistas internacionales.

Se rozaron los 82 millones de turistas internacionales, una cota inimaginable hasta hace no tanto para los propios profesionales del sector (hace menos de una década una consultora elaboró un estudio sobre cómo alcanzar los 75 millones de turistas y, entre medias sonrisas y manos en la cabeza, la sensación generalizada en el sector fue la de que se les había ido la mano a los analistas).

El boom de llegadas de viajeros internacionales –al que se suman los idénticos efectos provocados por el aluvión simultáneo de turistas españoles, cuya demanda también crece con fuerza- ha puesto en cuestión cuáles son los límites de la capacidad de carga de determinados destinos españoles. ¿Cuántos turistas más pueden venir? ¿Dónde se sitúa el límite de afluencia de viajeros nacionales e internacionales de un municipio, una isla o una región?

¿121.045.000 turistas en 2028?

El español es un modelo turístico que se ha caracterizado por asentarse en el turismo de masas (tradicionalmente competimos por volumen de clientes y precio, más que por calidad y alto valor añadido), y en el que la mayoría de los viajes se concentran en destinos cuya oferta es de sol y playa (escasa diversificación) y lo hacen en los meses de verano (estacionalidad). Hay otros nichos, hay otros turismos, pero el grueso del negocio es ése.

El desigual reparto del negocio por zonas del país ha provocado que en algunas regiones se haya despertado un evidente malestar social y empiece a cundir en la ciudadanía la sensación subjetiva de saturación. E incluso se ha puesto sobre la mesa abiertamente el debate sobre la posibilidad de usar fórmulas para poner freno a las llegadas de turistas e impedir el desarrollo de nuevas plazas de alojamiento (hoteleras o de pisos turísticos, cuya oferta se ha disparado al calor del éxito de plataformas como Airbnb).

A pesar de ello, algunas previsiones auguran aún un fortísimo incremento de las llegadas a medio plazo. Un reciente informe del Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC, por sus siglas en inglés), una suerte de think tank internacional de la industria turística, pronostica que España seguirá batiendo récords de llegadas año tras año durante la próxima década.

Las estimaciones del WTTC apuntan a que este año se marcará un nuevo máximo histórico de afluencia de turistas internacionales, alcanzando los 86,5 millones de viajeros, un 3,7% más que el pasado ejercicio. Pero la cifra que ha hecho saltar las alarmas entre los críticos de la masificación en los destinos españoles y que ha puesto en guardia a los propios profesionales del sector nacional es la que vaticina que el país alcanzará en 2028 la estratosférica cota de algo más de 121 millones de turistas foráneos, casi un 50% por encima de los niveles actuales ya en máximos.

Desde diferentes ámbitos del sector turístico se critica esta previsión como exagerada y poco realista. Y se pone en cuestión la propia metodología del WTTC para calcular sus estimaciones, basada en un modelo económico que se aplica de manera generalizada a más de un centenar de países, perdiéndose muchos matices y particularidades de cada mercado. Pero muchos profesionales de la industria turística patria asumen que, en cualquier caso, se trata de un toque de atención sobre la necesidad de marcar un límite al volumen de llegadas.

«¿Dónde vamos a meterlos?»

“España sólo puede crecer más si diversifica su oferta turística (hoy el 80% sigue siendo sol y playa), si se alargan las temporadas turísticas (ahora los grandes volúmenes de llegadas se concentran en tres meses), y si hay una mayor dispersión de destinos, porque los grandes destinos de hoy ya están cerca de saturarse por la masificación: Barcelona, Costa del Sol, Costa Brava, Baleares…”, advierte un ejecutivo del sector.

“¿Dónde vamos a meter a 120 millones de turistas tal como es hoy el turismo español?”, se pregunta otro directivo. “Si vienen en masa también en otoño y en invierno, o vienen a destinos que no sean solo de la costa mediterránea y las islas, quizá sea posible llegar a 120 millones de turistas. Pero no creo que lo veamos nunca”, sostiene.

¿Dónde vamos a meter a 120 millones de turistas tal como es hoy el turismo español?”, se pregunta otro directivo

Hay un mantra entre los profesionales del turismo español, uno de esos que se proclama en cada foro sectorial desde hace años (¿décadas?) y en el que todo el mundo está de acuerdo. Es aquel que apunta que España debe competir con una oferta de calidad, con un producto de alto valor añadido, dirigido a turistas de alto poder adquisitivo… “Antes de pensar en que vengan más turistas, vamos a pensar cómo hacemos para que dejen más dinero”, resume un hotelero. Y lo dice con gesto serio.

Las grandes hoteleras se han puesto a ello, con millonarios planes de reformas de sus establecimientos para elevar su categoría y poder subir en paralelo sus precios y su rentabilidad. Pero el sector sigue dominado por el modelo del turismo de masas y barato, en el que aumentar o mantener los grandes volúmenes de clientes es clave.

“No caigamos en la tentación de sólo pretender crecer en número de turistas. No caigamos en la autocomplacencia respecto de nuestro modelo de turismo, aunque haya sido una historia de éxito”, explica José María González, presidente de Europcar y presidente de Exceltur, el lobby que agrupa a una veintena de las mayores empresas turísticas del país. “Tenemos que reposicionar nuestro producto, reposicionar nuestros destinos. Si caben más turistas, tiene que ser atrayéndolos con otros tipos de turismo”.

Rivales que resurgen

“Es injusto decir que el turismo español está tan bien como está por problemas en otros sitios”, insiste de manera machacona cada vez que tiene ocasión el ministro de Energía, Turismo y Agenda Digital, Álvaro Nadal. “Decir eso no hace justicia con el buen hacer de los profesionales del turismo español”.

Si caben más turistas, tiene que ser atrayéndolos con otros tipos de turismo”, dice Exceltur

Sin embargo, desde hace años, los problemas de otros fueron en beneficio propio. La inestabilidad política en Egipto y Túnez, y los atentados terroristas y la intentona golpista en Turquía provocaron un parón de turismo en países que son rivales directos de España en el negocio del sol y playa.

La zozobra de estos destinos del Mediterráneo ha supuesto un empujón para el sector nacional. Según estimaciones de Exceltur, desde 2011 a España han llegado entre 14 y 15 millones de turistas prestados. Viajeros que eligen España por razones seguridad, pero que desde el sector no se tiene claro que en este tiempo se hayan conseguido fidelizar y que pueden acabar volviendo a otros destinos mediterráneos ahora que empiezan a recuperarse.

Turquía, Túnez y Egipto han empezado a recuperar parte del terreno perdido desde mediados del pasado año. Estos tres países elevaron conjuntamente sus llegadas de turistas extranjeros en casi nueve millones de viajeros el año pasado, tras el batacazo de 2016, y en lo que va de año siguen creciendo a ritmos del 37% (otros 1,2 millones de viajeros más en los dos primeros meses de 2018).

En pleno debate sobre la capacidad de carga de España y con la cota de los 100 ó los 120 millones de turistas en el horizonte, algunos profesionales del sector están ahora más preocupados de discernir si el boom del turismo puede empezar a desinflarse ya. “Hasta ahora la curva ha sido de ascenso, pero a partir de 2018, suavemente, lentamente, iremos hacia la curva de descenso”, augura Carmen Riu, copresidenta del grupo Riu. La razón: “Turquía y Túnez ya se están recuperando, y se va a notar”.