Andrea Orcel podría haber sido quien flanquease a Ana Botín este viernes, en la junta de accionistas del banco, en lugar de José Antonio Álvarez. El que fuera uno de los banqueros de máxima confianza de Emilio Botín iba a estrenarse en marzo como consejero delegado del grupo. Pero el fichaje se malogró. Del mismo modo que Santander anunció por sorpresa el 25 de septiembre el fichaje dorado, también, por sorpresa el 15 de enero dio marcha atrás.

Tres meses después de que Santander abortase la sonada contratación, empiezan a emerger las verdaderas causas que subyacerían, más allá de la versión oficial facilitada por el banco.

Según Santander, el consejo de administración acordó frenar el nombramiento de Orcel, después de que UBS rechazase hacerse cargo del pago de más de 50 millones de euros de bonus que el ejecutivo tiene pendientes de cobrar durante los próximos siete años.

Orcel renunció a la cuarta parte de su bonus para que el fichaje saliese adelante

La explicación oficial señala que el consejo consideró “inaceptable para un banco comercial como Santander hacer frente al coste de contratar a una persona, aunque sea de este nivel y esta trayectoria, a la luz de los valores de la entidad y de la responsabilidad que tiene con sus stakeholders y las sociedades de los países en los que opera».

Siempre según la versión de Santander, se asumió que sería el banco suizo el que abonaría la retribución variable al banquero italiano.

UBS, sin embargo, asegura que fue claro en todo momento en torno a su política de remuneración. «UBS aplica las normas sobre planes de compensación pertinentes en estos casos e informó de ellas, de forma transparente, a todas las partes antes de que se tomara cualquier decisión», aseguró.

Santander, no obstante, pareció no haber entendido el plan de compensación y, cuando el helvético rechazó realizar este pago del bonus, echó sus cuentas, no le salieron y optó por paralizar la incorporación.

Grandes inversores comenzaron a ver en Orcel un número dos fuerte que relegase a Botín a una presidencia no ejecutiva

El fiasco generó gran revuelo en el sector financiero. «¿Cómo es posible que un banquero de inversión de la talla de Orcel y un banco del tamaño de Santander no cerrasen todos los detalles al milímetro de un contrato tan relevante? «Hay algo más que nos perdemos», comentaban unos y otros.

Además, cuando Santander anunció a través de un hecho relevante a la CNMV su intención de nombrar a Orcel nuevo consejero delegado, también lo propuso como consejero en sustitución de Juan Miguel Villar Mir, que fue cesado en enero. El consejo había llegado a esos acuerdos, papel mojado poco después, a propuesta de la comisión de nombramientos.

Fuentes muy próximas al entuerto, conocedoras de ambas partes, aseguran que la versión oficial está más que maquillada.

Botín asegura que el fallido fichaje no inquieta a los inversores institucionales ya que confían en el equipo actual

Para empezar, el propio Orcel manifestó su voluntad de renunciar al 25% del bonus que generó el conflicto. Esto es, estuvo dispuesto a perder más de 10 millones de euros.

Y, para continuar, habría sido la propia Botín quien, en primera y última instancia, habría decidido descartar a Orcel, tras ver peligrar su poder omnipotente.

Poco después de que el banco anunciase que Orcel formaría parte de las filas de Santander, algunos fondos y grandes inversores institucionales comenzaron a ver en su figura la de un hipotético primer ejecutivo del banco que, en un momento dado, relegase a Botín hacia una presidencia no ejecutiva, modelo que defienden los bancos centrales. La presidenta temió la potencial amenaza y, ante la duda, la zanjó.

Acciones legales

Entretanto, Orcel que ya se había despedido de su flamante cargo en UBS, donde era co-responsable de banca de inversión, estudia acciones legales en contra de Santander y ha contratado al bufete De Carlos Remón, dirigido por José Manuel de Carlos Bertrán, para analizar las distintas posibilidades.

Cuando Botín decidió comunicar el fin del acuerdo con Orcel, ejecutivo célebre por ganar bonus de hasta 25 millones en los albores de la crisis, estaba en pleno garden leave -periodo de transición entre empleos en el que los ejecutivos no pueden trabajar- de seis meses, a la espera de estrenar despacho en la Ciudad Financiera de Santander.

Según publicó Financial Times, Orcel sabía desde finales del año pasado que su nombramiento se había quedado en agua de borraja. El directivo, convocado por Ana Botín, se reunió en Madrid con la cúpula en diciembre y se le comunicó la noticia. UBS se negaba a pagar su retribución variable en acciones con el argumento de que Santander era un competidor global. Y Santander no estaba dispuesto a firmar un cheque por los derechos adquiridos por Orcel durante los últimos años en UBS.

Ana Botín, el pasado viernes, aprovechó la junta de accionistas del banco, celebrada en Santander, para reiterar su postura en torno a este episodio. «En enero el consejo acordó no continuar con el nombramiento de Andrea Orcel como consejero delegado. Consideró que sería inaceptable […]».

Sugirió que el fichaje fallido no inquieta a los institucionales, ya que en las reuniones que han mantenido tras la renuncia a la contratación -como el investor day que celebró hace unos días en Londres- no ha habido preguntas por esta cuestión y los inversores «reafirmaron su confianza en el equipo del banco».