Mercadillo de Villacañas en funcionamiento bajo las restricciones provocadas por el coronavirus

Mercadillo de Villacañas en funcionamiento bajo las restricciones provocadas por el coronavirus

Economía | Empresas

La invisibilidad de los mercadillos: "Si seguimos así, nos vamos a morir de hambre"

Los vendedores ambulantes denuncian "el abandono y la discriminación" por parte de las instituciones durante los ocho meses de pandemia

Los vendedores ambulantes están entre los trabajadores más perjudicados por la crisis del coronavirus. La privación de abrir sus puestos les condena a la desesperación. «Si no hay mercadillos, ¿de qué vamos a vivir?», se preguntan los damnificados. Ocho meses después del primer estado de alarma decretado por el Gobierno, muchos comerciantes ambulantes siguen sin trabajar con regularidad. Sin embargo, los desembolsos a proveedores, las hipotecas, los seguros y los pagos de autónomos no esperan.

La situación cobra un cariz de especial gravedad en Castilla-La Mancha. Según han denunciado vendedores ambulantes de la región, «se pasan la responsabilidad de Sanidad a los ayuntamientos y viceversa, mientras nosotros seguimos sin trabajar». La exigencia constante de los comerciantes ambulantes «no es más que un derecho constitucional». «No queremos ayudas, queremos trabajar».

Las restricciones de aforo se hacen sobre el número de puestos en vez de sobre el público. Esto provoca que los vendedores tengan que turnarse por semanas. Los comerciantes piden que la reducción de aforo tiene que ir destinada al público ya que ellos pueden establecer todos los puestos con la distancia de seguridad suficiente.

«Nos sentimos discriminados»

La presidenta de la Asociación de Vendedores de Mercadillos (AVAMER), Verónica Sánchez, ha transmitido a El Independiente la situación crítica que debilita tanto a su familia como a sus compañeros. Apunta que «así no se puede vivir. Queremos el 100% de los puestos pero con limitación de aforo como cualquier tienda». José Alberto Martín-Toledano, abogado de AVAMER, coincide en su incomprensión por este trato diferente al comercio ambulante. «Los mercadillos son al aire libre, pero tienen más medidas restrictivas que las grandes superficies cerradas; no tiene ningún sentido», argumenta Martín-Toledano.

Como esto siga así nos vamos a morir de hambre»

Según el documento aprobado por unanimidad en el Consejo Interterritorial de Sanidad el 22 de octubre, los mercadillos permanecerán abiertos al 75% en fase 1 y 2 y al 50% en fase 3. Castilla-La Mancha está en fase 2 pero no han trasladado este documento a su normativa anticovid.

La realidad es que ahora sólo se montan uno de cada tres puestos. Los ayuntamientos dan preferencia a los considerados de primera necesidad (alimentación). Esto tampoco significa que todos los puestos de alimentación puedan abrir siempre, por lo que tienen que tirar su producto, ya que es perecedero. Lo mismo le sucede a Cruces Puerto, cuya mercancía son las flores. «He perdido el Día del Padre, Semana Santa, el Día de la Madre, Todos los Santos… En definitiva, todo el año». Cruces ha pasado «de ir a nueve mercados a la semana a cuatro al mes. Como esto siga así, nos vamos a morir de hambre», asegura con rotundidad.

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Puestos ambulantes en Villacañas (Toledo) del mercadillo del lunes 2 de noviembre de 2020

Salvador Soriano lleva más de 30 años con su puesto ambulante de calzado. Expresa que «sólo queremos lo mismo que las todas las tiendas, nosotros también somos comercio». Considera que, con estas decisiones, los gobernantes «están patrocinando el paro en vez de ayudar al emprendedor». El colectivo se ha unido para resolver este conflicto: «Nos sentimos estigmatizados y abandonados, nadie nos tiende la mano», zanja Soriano.

Todas las fuentes consultadas coinciden en que son «invisibles para las administraciones». La incertidumbre reina en este drama, «cómo vamos a comprar mercancía, si no sabemos si podremos abrir o no. Las decisiones cambian un día sí y otro también». Los comerciantes se quejan debido a que su dimensión empresarial es muy reducida y por lo tanto, sufren mucho para adaptarse a estos cambios repentinos.

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