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La factura de la luz enciende las alarmas en los súper: ya es uno de sus costes más caros

La patronal que agrupa a cadenas como Mercadona, Dia o Lidl asegura que no pueden adaptar su funcionamiento a los precios de la energía como están haciendo otras industrias

Neveras con carne envasada en la sección de carnicería de un supermercado de Madrid.

Neveras con carne envasada en la sección de carnicería de un supermercado de Madrid. EP

El incremento del precio de la electricidad es ya una seria amenaza para las cuentas de resultados de las empresas de distribución. Y la preocupación cunde en el sector de los supermercados, donde ven cada vez más amenazados los márgenes si no elevan el precio de los productos.

Al margen de los recursos humanos, «la energía ha pasado a ser uno de los primeros costes fijos de la distribución alimentaria. Su incremento en los últimos años ha encendido las alarmas en nuestro sector, que puede ver comprometida su sostenibilidad en los próximos meses», advierte Ignacio García Magarzo, director general de la Asociación Española de Distribuidores, Autoservicios y Supermercados (ASEDAS).

A diferencia de algunas industrias electrointensivas como las acereras o azulejeras -donde se están acometiendo paros en la producción- los supermercados aseguran no poder parar sus máquinas por la coyuntura. «No es posible adaptar nuestro funcionamiento al coste de la energía», recalca el directivo de la patronal que aglutina a compañías como Mercadona, Dia, Lidl y otra decena de cadenas regionales.

En este sentido, reclaman al Ejecutivo que tome medias para rebajar su exposición a los vaivenes en el importe que pagan por la energía. «El Gobierno ha de hacer lo posible para que el coste energético sea estable, porque si los precios están sometidos a subidas y bajadas que no pueden moderarse mediante contratos, podemos tener un problema muy serio para lograr ser eficientes y competitivos», añadía Magarzo en el marco de la Cátedra Pérez-Llorca/IE de Derecho Mercantil.

Sobre todo, en un sector donde los márgenes son estrechos en comparación con otros tipos de actividad. Además de la dispersión geográfica con la que operan, uno de los puntos clave del gasto energético está en los productos fríos y congelados. Los supermercados necesitan gran cantidad de energía para alimentar toda la maquinaria para enfriar y conservar este tipo de productos tanto en las salas de ventas como en sus almacenes y centros logísticos.

La industria alimentaria, también en alerta

La subida del precio de la luz no sólo se deja notar en los distribuidores finales de los productos, sino que la industria alimentaria también está dando la voz de alarma por el incremento de los costes.

Hace escasos días, la Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB) alertaba de «la gravedad de la situación provocada por el incremento inflacionista en costes energéticos, materias primas y auxiliares, así como las dificultades de aprovisionamiento». La confluencia de todos estos factores, remarcaba la organización, «suponen una seria amenaza para las empresas y el empleo del sector.

«La coyuntura económica compromete la competitividad de empresas y empleos en un momento en el que como primer sector industrial del país queremos liderar la recuperación de la crisis», aseguraba el director general de FIAB, Mauricio García de Quevedo.

Las compañías están ahora mismo revisando y reajustando todos sus procedimientos internos para conseguir reducir los costes. Sin embargo, muchas reconocen abiertamente que van a tener que repercutir en el consumidor final el aumento del precio de las materias primas, la energía y el transporte.

«Las empresas están absorbiendo la subida de los costes y la situación no va a ser fácil. La inflación está aflorando y en los próximos meses va a ser peor», advertía hace escasamente dos semanas el presidente de la asociación de fabricantes y distribuidores (Aecoc), Ignacio González.

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