Fotografía de archivo de Inés Arrimadas en el Parlament de Cataluña. EFE

España

Terremoto interno en Ciudadanos a dos meses de las elecciones que marcarán su futuro político

El "hartazgo" se multiplica a lo largo de la estructura territorial 'naranja', justo en un momento en que el partido necesita sellar grietas internas ante la proximidad de las elecciones catalanas, prueba de fuego para la supervivencia de su proyecto político

Ciudadanos parte hacia el 14 de febrero en clara desventaja respecto al resto de sus contrincantes políticos. Tanto PP como Vox tienen poco que perder y mucho que ganar en la contienda catalana, aunque aún está por ver cómo afectará la imputación de Nuria Marín a la precampaña del PSC. Sea como fuere, nadie duda, ni en privado ni en público, que la resistencia de los naranjas en su cuna política, donde Inés Arrimadas hizo historia al ganar las elecciones hace tres años, marcará irremediablemente el futuro de la formación, bien hacia la recuperación o bien hacia una lenta pero inexorable desaparición.

Apenas restan dos meses para la apertura de las urnas en Cataluña, y Ciudadanos avanza hacia una fecha tan decisiva en medio de una intensa convulsión interna. Los críticos con la «deriva» de Inés Arrimadas se multiplican a lo largo y ancho de la estructura territorial naranja y el «hartazgo», sobre todo entre las bases provinciales, aumenta por la reiterada denuncia de la ausencia de democracia interna en la toma de decisiones que, normalmente, se ejecutan desde la dirección sin consulta previa. La fuga no sólo de votantes, sino de militantes, ha encendido todas las alarmas también en la dirección de Madrid. La sangría es «imparable», según coinciden varios cargos territoriales del partido naranja. Y la unidad interna se resquebraja justo cuando más necesita Arrimadas sellar las grietas.

Precisamente, la dirección nacional tiene una ‘batalla’ interna pendiente en Cataluña, donde un sector del partido, en el que se incluyen desde militantes hasta diputados nacionales, ha solicitado por activa y por pasiva la celebración de primarias en el partido antes de las elecciones, al entender el ‘dedazo’ de la elección de Carlos Carrizosa como candidato un «ataque» sin ambages a uno de los principios fundacionales del partido: la libertad, en este caso «de elección». Así lo cuenta Pedro Miret, concejal de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Barcelona, quien se ha postulado como candidato de unas hipotéticas primarias para competir contra Carrizosa. Pero la dirección «sigue ignorando esta petición», lamenta, aunque avanza que seguirán adelante con la pugna contra la cúpula pese a la proximidad de las elecciones catalanas. Recurrir a los tribunales es una vía que, asegura, no se plantea. Al menos, de momento.

Fuentes del sector crítico catalán comentan que por esta y otras cuestiones, como la marcha de Inés Arrimadas, «que logró unir a todo el constitucionalismo en torno a una misma causa», la militancia del partido en la región está «desactivada» y «desmotivada». Y arguyen que la afiliación en la región ha caído en unos meses al menos en un 50%, mientras que la de otros partidos, como la de Vox, se ha incrementado. De hecho, las encuestas dan a la formación que dirige Santiago Abascal una irrupción en el Parlament catalán de hasta ocho diputados.

Aunque sería un resultado malo sin aderezos, el partido naranja firmaría conservar entre 16 y 20 escaños de los 36 que ostenta actualmente en el Parlament como símbolo de resistencia frente al hundimiento del que no se han recuperado desde las generales del 10-N.

Aguas revueltas

La acumulación de poder orgánico en Madrid y las «órdenes directas» que dictan desde la cúpula naranja irrita a diversos cargos territoriales que alzan la voz, más en privado que en público, contra decisiones que toman «dos o tres personas» -en referencia a la propia Arrimadas y al vicesecretario primero, Carlos Cuadrado-.

Comentan las fuentes del partido consultadas que, más allá de Cataluña, la formación está «completamente quebrada» en Extremadura después del último ‘golpe’ de la dirección en que impusieron a su propio candidato a presidir el grupo parlamentario -en sustitución de Cayetano Polo, que abandonó Ciudadanos hace unos meses precisamente por discrepancias con la cúpula- en contra del criterio de cuatro de los siete diputados extremeños. Una situación parecida se ha producido en Cádiz donde, según adelantó Vozpópuli, Arrimadas ha nombrado ‘a dedo’ como asesor en la Diputación provincial a Carlos Pérez, concejal de la formación en Jerez de la Frontera quien, casualmente, fue el edil que ofició la boda de Inés Arrimadas.

Andalucía precisamente es un terreno caliente para Ciudadanos por las voces que apuntan a que el vicepresidente de la Junta de Andalucía, Juan Marín, estaría preparando su desembarco en el PP de cara a las próximas elecciones autonómicas si la propuesta de Andalucía Suma no prospera y si Arrimadas decide no apostar por él como candidato para 2022, a sabiendas de que la relación entre ambos no atraviesa su mejor momento.

Casado aprovecha la fragilidad ‘naranja’

Pero los rumores sobre dar el salto al PP no sólo afectan al dirigente andaluz, sino que han venido resonando por los otros círculos territoriales de cargos que en Madrid, Cataluña o Andalucía preparan su salida de cara a las próximas elecciones para salvarse de la quema, y han afectado incluso a la vicealcaldesa de Madrid, Begoña Villacís. Las primeras fugas se produjeron hace unas semanas en Baleares, donde dos altos cargos territoriales del partido naranja -el ex coordinador de Palma, Pedro Miró; y el ex miembro del Consejo nacional, Miguel Busquets- no sólo rompieron su carné de Ciudadanos, sino que lo cambiaron por uno del PP.

Los populares -y Vox en mucha menor medida- aprovecha esa fragilidad del partido con el que gobierna en bastiones como Madrid, Andalucía o Murcia para avanzar en su estrategia por absorber el partido de Inés Arrimadas. La premisa que reina en Génova es la de brazos abiertos no sólo al millón y medio de votantes que aún apostaron por la papeleta naranja hace un año, sino también a sus principales activos políticos. Y la primera prueba de fuego, también para el PP, para convencer de su estrategia de saberse como «única alternativa» de centro en España asfixiando el espacio electoral de Ciudadanos es la del 14-F, convertida ya en un plebiscito sobre la hegemonía en la derecha.

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