España

Independentismo 33: la extrema derecha que habla catalán

Acoso al Restaurante Marianella, como antes a la panadería de la Meridiana, por el uso del castellano. Pintadas contra una sede de ERC como punto álgido de los ataques del independentismo purista por sus acuerdos con el PSOE. O la polémica reunión de partidos independentistas con representantes del Front Nacional de Catalunya y Força Cataluña. La extrema derecha independentista ha saltado a la primera plana en las últimas semanas a medida que se tensa la batalla en el seno del independentismo por la victoria electoral el 14F.

El caso de las pintadas en la sede de Esquerra en Mataró (Barcelona) ha sido el último ejemplo conocido de este tipo de ataques, y muestra de la extensión del uso del número «33» como símbolo de pureza independentista. Un símbolo que entronca directamente con el fascismo. El 33 por «Cataluña Catalana», puesto que la C es la tercera letra del abecedario. Un acrónimo que inventaron los neonazis alemanes, con el 88 por la repetición de la H en «Heil Hitler».

La agrupación socialista de Bigues i Riells (Barcelona) ya había sufrido antes pintadas similares. En el caso de los socialistas, al número 33 se suma la acusación de «ñordos», apelativo despectivo con el que los independentistas se refieren al resto de los españoles, especialmente en redes sociales.

Los partidos políticos no son las únicas víctimas de este acoso. También lo son, de forma recurrente, locales públicos señalados en las redes por no utilizar el catalán, como en los casos citados. Sin olvidar el restaurante gallego de Hospitalet de los responsables de lanzar pintura contra la fachada del Palau de la Generalitat.

Identificados por los Mossos y convenientemente señalados por estrellas del independentismo en las redes como Mark Serra, el restaurante amaneció a los pocos días con las correspondientes pintadas, al tiempo que recibía amenazas por redes sociales.

Front Nacional, Força y MIC

Todos estos ataques tienen en común el uso de expresiones y simbología habitual de los movimientos de extrema derecha independentistas, agrupados en torno a tres siglas: Front Nacional de Catalunya (FNC), Força Catalunya y el Moviment Identitari Català. Los dos primeros constituidos como partido, sólo el FNC tiene representación institucional, con un regidor en el Ayuntamiento de Ripoll.

Hasta ahora, el independentismo oficial se había desligado totalmente de estos movimientos. Pero esa dinámica se rompió hace una semana en la reunión convocada por una escisión de la ANC en la que coincidieron el FNC y Força con el vicepresidente del Parlament y dirigente de JxCat, Josep Costa, y representantes de Demócratas, la escisión independentista de Unió integrada en ERC.

JxCat y Demócratas, con el FNC

El encuentro provocó un duro ataque de ERC, que identifica en Costa con el principal responsable de la guerra de guerrillas emprendida en el Parlament por los de Carles Puigdemont contra el presidente de la cámara, Roger Torrent. Más allá de la guerra partidaria, el encuentro ha significado el fin del mensaje con el que el independentismo se ha distinguido siempre de la derecha española, a la que recriminan sus pactos con Vox.

«El independentismo mantiene el cordón de seguridad» frente a la extrema derecha, defendían hasta ahora tanto desde la CUP como desde el entorno de Puigdemont para distinguirse de partidos que tachan de xenófobos.

Más allá del discurso sobre la inmigración y su integración en Cataluña, todos ellos defienden postulados identitarios que se aglutinan entorno a la defensa del catalán como única lengua oficial y de uso en Cataluña. Un discurso que ha hecho suyo el líder de Força, Santiago Espot.

Del Front Nacional al Manifiesto Koiné

Esta defensa de la lengua es lo que entronca al FNC, Força o el MIC con buena parte de la militancia de JxCat o ERC, entidades como la Asamblea Nacional (ANC) y, por supuesto, la Plataforma per la Llengua. La entidad que defiende el boicot a negocios que no rotulen, hablen o etiqueten en catalán es uno de los referentes habituales de estos grupos neofascistas. Y sigue siendo una de las ONG privilegiadas por los presupuestos de la Generalitat.

Sin olvidar el Manifiesto Koiné, una plataforma que defendía que el catalán debe ser la única lengua oficial de una Cataluña independiente y rechaza el castellano como lengua propia. Postulados a los que se adhirió, en su momento, la actual candidata de Jxcat a la presidencia de la Generalitat, Laura Borràs.

El manifiesto, que se remontaba a 1714 para denunciar la «bilinguización forzosa», acusaba a la inmigración de haber impuesto el castellano como lengua vehicular en Cataluña. Contó también entre sus firmantes con la sucesora de Borràs al frente de Cultura, Mariàngela Vilallonga, el sociólogo de cabecera de JxCat, Salvador Cardús o el ex presidente de ERC, Josep Lluís Carod-Rovira.

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