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Balance del colapso en Cataluña a mes y medio de las elecciones del 14-F

Quim Torra, Carles Puigdemont y Artur Mas en una comparecencia conjunta en Bruselas

El 14 de febrero las urnas decidirán —si el coronavirus lo permite— el futuro político de Cataluña. Sabremos entonces si Cataluña pasa página del procés o se instala definitivamente en el bloqueo independentista. Y examinarán las recetas de los grandes partidos nacionales ante la crisis política catalana, sustancialmente las propuestas desde la Moncloa por Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.

En la balanza, tres años de bloqueo político marcado por el enfrentamiento de los independentistas con el Gobierno y la Justicia, y de los partidos secesionistas entre ellos. Mientras, el electorado independentista digería el duelo por el fracaso del 1-O, y el constitucionalista, por la irrelevancia práctica de la victoria de Inés Arrimadas en las elecciones del 21D. Todo eso pesará en las urnas del próximo febrero, junto a la mala gestión de la crisis del coronavirus y la inanidad de la presidencia de Quim Torra, centrado básicamente en dejar claro que era sólo un «vicario» de Carles Puigdemont.

Primer partido, la abstención

Con estos mimbres, el primer partido en las encuestas sigue siendo a dos meses de los comicios la abstención. El último barómetro del CEO muestra un 36% de indecisos, sumado al 6,3% que asegura que no irá a votar y otro 9,3% que no contesta. En suma, el sondeo prevé una participación del 68%, cuando en 2017, tras la crisis provocada por el referéndum de independencia, un 80% de los catalanes acudió a las urnas. El primer factor, por tanto, para decidir el futuro gobierno catalán será la movilización de los propios.

La caída de Cs es aquí determinante. El partido naranja consiguió rentabilizar el miedo de los votantes no independentistas, muchos de los cuales se abstienen en las autonómicas. El próximo febrero el PSC aspira a hacerse con una parte sustancial de esos votos para confirmar las expectativas crecientes de Miquel Iceta. Las últimas concesiones del Gobierno de Pedro Sánchez a Esquerra – con la Ley Celaá a la cabeza- no ayudan. Probablemente por eso en las últimas semanas la parte socialista Gobierno ha echado el freno a las especulaciones sobre una rápida concesión de indultos a los condenados por el 1-O.

Indultos y tripartito

Unas especulaciones alimentadas desde Podemos y los comunes, por boca de su portavoz parlamentario, Jaume Asens. El partido de Pablo Iglesias necesita un buen resultado, tras las derrotas en Galicia y el País Vasco, donde prácticamente ha desaparecido. Pero las encuestas solo les permiten soñar con mantener sus actuales 8 diputados, en el mejor de los casos.

Del resultado de los de Ada Colau depende también, en gran parte, el éxito de la operación soñada por la izquierda nacional: una reedición sui generis del tripartito de Pasqual Maragall. Esta vez con ERC en la presidencia de la Generalitat y CatEC en el Govern, mientras los socialistas permiten la investidura y dan apoyos externos.

El objetivo, expulsar a JxCat de la Generalitat y evitar la dependencia de la CUP, para volver a un gobierno autonómico con el que pactar un nuevo modelo de financiación y cesiones asumibles por el Gobierno. Unos y otros confían en que la amalgama de fieles más o menos bien avenidos en la que se ha convertido el partido de Puigdemont no resista el paso por la oposición.

«Es imposible» repitió hasta tres veces Oriol Junqueras la última vez que se le preguntó por esta fórmula, esta misma semana, en TV3. Lo mismo dicen desde el PSC. Unos y otros saben que la sola mención del tripartito hace bajar sus expectativas electorales.

Gobierno independentista con la CUP

La alternativa es la reedición de una coalición electoral que el propio Quim Torra reconoció ya el pasado enero que estaba agotada por la «deslealtad» y la desconfianza entre los socios de gobierno. Una fractura que no ha hecho más que crecer durante los meses de gestión de la Covid.

La fórmula contaría además con la CUP, que ahora sí está dispuesta a entrar en el futuro Govern. Tras la elección de Dolors Sabater, ex alcaldesa de Badalona, como cabeza de lista, los antisistema abogan por un papel más activo en la gobernación catalana. La posibilidad de que el PDeCat entre finalmente en el Parlament -presumiblemente a costa de JxCat- añade dificultades a la futura coalición independentista, porque post-convergentes y antisistema se excluyen mutuamente.

La elección de Laura Borràs, sin embargo, dificulta una futura coalición con ERC, aseguran desde la órbita republicana. Borràs se erigió en las primarias como abanderada dela confrontación, muy lejos de ese «gestionar el mientras tanto» de Gabriel Rufián, que habría casado mejor con el consejero saliente Damià Calvet.

Inhabilitación de Borràs

La candidatura de Borràs añade el riesgo añadido de la posible inhabilitación de la candidata apenas unos meses después de su elección. La candidata de JxCat está siendo investigada por la presunta adjudicación irregular de contratos del Instituto de las Letras Catalanas cuando presidía esta institución.

Una causa que instruye el Tribunal Supremo, ante el que ya ha declarado Borràs, en su calidad de aforada como diputada en el Congreso. Ahora, sin embargo, la elección como diputada autonómica y su eventual renuncia al escaño en el Congreso devolvería el caso al Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC). Un nuevo aplazamiento que da «vida política» a Borràs mientras denuncia la «represión del Estado» por esta actuación judicial. Pero no aclara definitivamente el horizonte judicial de la candidata de Puigdemont.

En este contexto, la reedición de la coalición independentista al frente de la Generalitat garantiza más confrontación con el Gobierno y la Justicia. Esta vez a cuenta de Borràs y probablemente de su número dos, el polémico presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona, Joan Canadell. E impedirá al Gobierno alcanzar uno de sus objetivos, apaciguar el escenario político catalán.

PP, Cs y la amenaza de Vox

Las elecciones catalanas son igualmente determinantes para populares y Cs. Los primeros confían en duplicar escaños, lo que no es difícil teniendo en cuenta que parten de cuatro diputados, los mismos que la CUP en la cámara autonómica. Pero la amenaza ahora viene de la entrada de Vox en el Parlament.

Los de Santiago Abascal crecen con cada nueva encuesta, aglutinando al sector más desencantado de ese millón de votos que cosechó Cs hace tres años. Y la percepción de que nada va a evitar una reedición del gobierno independentista alimenta sus expectativas, en detrimento de los populares, pese a los esfuerzos de Pablo Casado, que lleva todo el otoño visitando Cataluña cada semana.

Para Cs, la derrota se medirá en función de su resultado respecto a populares y verdes, una vez descontada esa pérdida del millón de votos que se da por seguro desde la hecatombe del partido en las últimas elecciones generales. Los naranjas defienden que «poco a poco» van recuperando posiciones, y el último CEO les da entre 14 y 16 escaños, por encima de sus rivales directos. Pero otros sondeos los sitúan en empate técnico con PP y Vox, y eso sería una derrota sin paliativos para Carlos Carrizosa, apuesta personal de Inés Arrimadas tras asumir que la elección de Lorena Roldán no obtenía los réditos esperados.

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