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'Antton' Troitiño, el palentino que entregó su vida a ETA

El histórico miembro de ETA, natural de Tariego de Cerrato (Palencia), ha sido condenado a casi 3.000 años de prisión por atentados como el de la Plaza de República Dominicana de Madrid

Condenado Troitiño a casi 6 años por reintegrarse en ETA para huir a Londres

El etarra Antonio Troitiño, en una imagen de archivo. EFE

Nacieron lejos de Euskadi. En realidad, dos de los miembros de ETA más sanguinarios, con penas más abultadas en la historia de la banda, son palentinos. Su vida estaba llamada a ser otra pero la miseria de la España de mediados de los 50 hizo que sus padres miraran, como otros muchos, al norte, a la floreciente Euskadi industrial. Salvador Troitiño era gallego, oriundo de ‘El Ferrol del Caudillo’. Salvadora Arranz, Vallisoletana, de Rábano. Se instalaron en el pequeño municipio palentino de Tariego de Cerrato. Fue allí donde nacieron Domingo, el hijo mayor, en 1955, y dos años después, Antonio.

El trabajo como obrero ferroviario que le ofrecieron en aquella localidad de apenas 500 habitantes fue la oportunidad que hizo a Ramón Troitiño cambiar Galicia por Palencia. También fue allí donde conoció a su mujer y donde crearía su familia. Pero la penuria no desapareció. Los Troitiño Arranz vivían en unas pequeñas cuevas horadadas en el cerro y con un horizonte difícil. Para salir adelante, a mediados de los 60 la familia emigró a Euskadi, a aquella tierra de la que sólo llegaban las bonanzas económicas.

La Euskadi que encontraron era una tierra de oportunidades, sí, pero también de peligros. ETA apenas comenzaba a dar sus primeros golpes. Los dos niños de Ramón y Salvadora, Antonio y Domingo, no imaginaban a sus 7 y 9 años que en aquella Rentería a la que llegaban sus vidas cambiarían en un sentido que jamás habían imaginado. Antonio no tardó en ser ‘Antton’ y Domingo, ‘Txomin’. En el corazón de Guipúzcoa la tensión política crecía de día en día y lucha antifranquista fue saliendo de la oscuridad. Fue en ella donde ETA y su entorno ganaron militantes y simpatías. Sus hijos adolescentes no eran ajenos a todo aquello.

Hoy Antonio Troitiño tienen 63 años y está muy enfermo. La mayor parte de su vida la ha pasado en la clandestinidad o en prisión. La Justicia le acaba de conceder el tercer grado y la libertad condicional para recibir cuidados paliativos por padecer una enfermedad incurable. Es el final de una historia terrible que suma decenas de asesinatos y miles de años de condena. La carrera en ETA, de la que en su último juicio intentó desligarse, “no les he dado ni los buenos días, no tengo edad ni tiempo ni la cabeza para eso”, aseguró al juez, ha sumado sentencias que suman 2.895 años de cárcel y más de una veintena de atentados.

Una ‘saga’ familiar en ETA

Fue su hermano Domingo, ‘Txomin’, quien dio primero el paso, quien cruzó la línea roja para militar en ETA. Antonio le siguió poco después y dos décadas más tarde uno de sus sobrinos. Los Troitiño no estaban dispuestos a ser visto como meros emigrantes palentinos, menos aún como los ‘maquetos’ con los que el nacionalismo más radical descalificaba a los venidos de fuera de Euskadi. Demostrar hasta el extremo la defensa de la vasquidad y la patria vasca militando en ETA fue la vía que eligieron. Apenas tenían 25 años.

Antonio y Domingo formaron parte de un mismo comando durante un tiempo, el ‘Aizkora’ (Hacha). Las primeras acciones fueron pequeños sabotajes. El primer atentado mortal lo cometieron en junio de 1984 en San Sebastián con la colocación de una bomba en los bajos del vehículo del guardia civil Ángel Zapatero Antolín.

En aquella década de los 80, cuando la actividad de ETA se multiplicó y la proliferación de comandos y militantes creció, también lo hizo la presión policial. Un encontronazo con la Guardia Civil, del que lograron escapar, hizo que los hermanos Troitiño escaparan a Francia, refugio aún de la organización. Fue la última vez que actuaron juntos. Sus vidas pronto se separarían para siempre. La dirección de la banda, entonces encabezada por Santiago Arrospide Sarasola, ‘Santi Potros’, asignó a Antonio formar parte del ’Comando Madrid’ y a Domingo el ‘Comando Barcelona’. Ambos participarían en dos de los atentados más crueles de ETA: el atentado de la Plaza de la República Dominicana de Madrid, 12 guardias civiles asesinados, Antonio, y en la bomba de Hipercor, Domingo, donde ETA mató a 21 personas.

En la larga lista de crímenes de Antonio Troitiño figuran, además del cometido en la Plaza de la República Dominicana, otros especialmente graves como los dos crímenes en los que participó en 1986. En abril de ese año ETA colocó un coche bomba en Madrid que estalló al paso de un vehículo de la Guardia Civil. Fueron asesinados cinco agentes; Juan José Catón, Juan Carlos González, Alberto Alonso, Vicente Javier Domínguez Juan Mateos Pulido. En junio el comando del que formaba parte ametralló un vehículo del Ejército matando al soldado Francisco Casillas, el teniente coronel Carlos Vesteiro y el comandante Ricardo Sáenz de Ynestrillas. Por ambos atentados la Audiencia Nacional le condenó a 378 y 348 años de cárcel, respectivamente. 

2.895 años de cárcel

Antonio y Domingo cumplieron décadas en prisión. Antonio 24 años, -2.895 años de condena de cárcel- y Domingo 26 años -1.118 años de condena-. El mayor de los hermanos abandonó la cárcel en abril de 2011, el menor, ‘Txomin’, en noviembre de 2013. Aquellos dos niños de Tariego de Cerrato llegados a Euskadi en los 60 volvían a reencontrarse.

Fue un reencuentro breve. La Fiscalía no estaba de acuerdo en dejar en libertad a Antonio, ‘Antton’, pese a que su salida no estaba prevista hasta enero de 2017, en aplicación de la doctrina Parot’. En su opinión, el recuento de la condena no era adecuado y aún le restaban once años por cumplir. Cuando fueron a detener de nuevo al mayor de los Troitiño éste ya había huido. Comenzó entonces un largo pulso con el Reino Unido para su extradición. La disputa judicial, con recursos de la defensa de Troitiño y confiando en que se anulara la llamada ‘doctrina Parot’ -por la cual la reducción de penas por beneficios penitenciarios se aplica al total de la pena y no respecto al máximo legal- tras el desarme de ETA, para evitar su extradición, se prolongó seis años. No fue hasta el 28 abril de 2017 cuando fue autorizada su entrega que se hizo efectiva en mayo de ese año. La sentencia dictada por la Audiencia Nacional le condenó a cumplir cinco años, 11 meses y 29 días..

Los casi seis años que Antonio Troitiño vivió en la capital, en Londres terminaron con su detención en el piso que compartía con otro miembro de ETA, Iñaki Lerín. Durante el juicio, Troitiño aseguró que su vida en Londres era difícil, que sobrevivía como repartidor de periódicos y que se había desvinculado de ETA. La sentencia determinó que debía cumplir seis años más de cárcel para dar por cumplida su condena. Ahora, su delicado estado de salud ha hecho que se le conceda el tercer grado y sea puesto en libertad para recibir cuidados paliativos.

En su sentencia, los magistrados -Concepción Espejel, Jesús Eduardo Gutiérrez y Nicolás Poveda- aseguraron que Troitiño se había reintegrado en ETA pero en su «retaguardia». Concluyeron que «no se desprende otra actividad que la integración latente, estando a disposición de la banda, pero sin que conste hecho alguno de relevancia criminal», de ahí que se le aplicara la pena atenuada de integración.

La reintegración se produce, explica la sentencia, porque, tras «la ruptura de su inicial integración en ETA por medio de su ingreso en prisión y condena», al quedar en libertad, «acude a ETA, pidiendo la reintegración en su estructura». La prueba indudable para el tribunal de su vuelta es que es ETA la que «le proporciona hasta seis documentos identitarios, dos de conducir y dos tarjetas sanitarias (…), así como el alojamiento y cobijo en el domicilio de Iñaki Lerín -también miembro de ETA- en Londres».

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