España

El silencio roto del empresariado catalán

Foment del Treball y Pimec reúnen al empresariado para reclamar el fin de la violencia callejera y un gobierno efectivo EFE

«Por increíble que parezca, daríamos cualquier cosa por un Govern de socialistas y comunes». Quien así habla es un representante significado de la patronal catalana ante la reedición más que probable de la coalición independentista al frente de la Generalitat, con la CUP integrada en las instituciones. El temor a cuatro años más de bloqueo y confrontación con el Gobierno y la Justicia pesa como una losa sobre una clase económica agotada por la pandemia y un lustro de proceso independentista. Y explica, más allá de la preocupación por la violencia desatada en las calles catalanas en las últimas semanas, el paso adelante de los sectores económicos en Cataluña.

Primero fue Foment del Treball, denunciando «irresponsabilidad» de gobierno y partidos independentistas. Después Pimec, al frente de restauradores y comercios agotados por la pandemia y víctimas ahora del vandalismo. Y finalmente el Cercle de Economía, que hablaba de la «falta de autoridad» que va haciendo a Cataluña «irrelevante».

El punto culminante de esta ebullición del mundo empresarial se produjo el jueves, con el acto convocado por Foment y Pimec en el que participaron más de trescientas entidades de diversos ámbitos, desde el económico al deportivo o cultural. Un colectivo que representa «al 90% del PIB catalán, entorno a 400.000 empresas que dan trabajo a más de 2,3 millones de familias» destacó Josep Sánchez Llibre, que ve con preocupación el bloqueo en el que sigue instalada la vida política e institucional catalana.

Apoyo a Mas y la secesión en 18 meses

El empresariado catalán ha roto un silencio de cinco años, aunque el independentismo se esfuerza por desoír ostentosamente ese clamor. Quizá por que no está acostumbrado a la contestación en público. Muchas de las entidades, incluso algunos de sus dirigentes, representados el jueves en la Estación de Francia de Barcelona, acudieron también en 2014 a la conferencia pronunciada por Artur Mas en el Forum.

Ante las 3.000 personas que llenaban el Auditori de Barcelona Mas presentó su plan tras la consulta del 9N: una elecciones «plebiscitarias» a las que quería concurrir con una lista de unidad independentista junto a ERC. Si ganaban, el nuevo Govern debía implementar un plan para proclamar la independencia en 18 meses.

Allí estaban el entonces presidente de Foment, Eusebi Gay de Montellà, junto a los presidentes de Pimec, Josep Gonzàlez; la Cámara de Comercio, Miquel Valls; de Fepime, Eusebi Cima, y Unió de Pagesos, Joan Cavall. Sólo el primero se había negado, un año antes, a suscribir el Pacto Nacional por el Derecho a Decidir, con el que Mas dio el pistoletazo de salida oficial al proceso independentista, buscando el aval de la sociedad civil a la celebración de un referéndum de independencia.

El fracaso del PDeCat

Siete años después, Artur Mas está fuera del tablero político catalán. Oficialmente desde 2016, cuando la CUP forzó su renuncia a la presidencia de la Generalitat, en favor de Carles Puigdemont. Pero extraoficialmente Mas ha seguido intentando mover los hilos de los herederos de Convergencia hasta las últimas elecciones. Su empeño en evitar el cisma en Junts es una de las causas de la debacle de su partido, el PDeCat, el 14F, señalan algunas fuentes en el partido.

Detrás de esas maniobras, Mas siguió arrastrando a una parte del empresariado que confiaba en el ex president para «domar» a los herederos de CDC y reconducir la política catalana. Una confianza inútil, porque JxCat no tiene nada que ver con el partido fundado por Jordi Pujol, ni en términos de política económica ni de pragmatismo político. El «peix al cove» (pájaro en mano) de Pujol es hoy un anatema en la política catalana, y para Junts más que para cualquier otro.

Los tentáculos de la ANC

Si las consecuencias del bloqueo institucional preocupan a los empresarios, la desmedida ambición de la Asamblea Nacional Catalana (ANC) causan pavor en las entidades civiles. Sobre todo tras la conquista de la Cámara de Comercio, hace un año, ante la mirada atónita de prohombres como Carles Tusquets, derrotados por personaje aparentemente tan irrisorio como Joan Canadell.

Tradicionalmente CiU ya había penetrado en los órganos directivos de la sociedad civil, desde las propias entidades empresariales a colegios profesionales como el Colegio de Médicos de Barcelona (COMB) que sigue en manos del muy convergente Jaume Padrós. Pero el aterrizaje de Canadell y su equipo en la Cambra ha dejado claro hasta qué punto la ANC va mucho más allá en su instrumentalización de las instituciones en favor de un único objetivo: la defensa de la independencia.

Naturgy y Abertis abandonan la Cámara

Los efectos de su gestión ya se han hecho notar. Hace dos semanas, Naturgy y Abertis, dos de las empresas catalanas del Ibex 35, anunciaban su salida de la entidad cameral. Siguen así la estela de Catalonia Hotels & Resorts. Las tres formaban parte de las ‘sillas de plata’ que tienen un coste de 75.000 euros anuales y permiten ser miembro del pleno de la Cámara. Su salida supone un revés económico y reputacional para la entidad.

Pese a ello, el candidato de la ANC se impuso también en las elecciones del rectorado de la Universidad de Barcelona. El próximo objetivo de la entidad que preside Elisenda Paluzie es el Colegio de Abogados de Barcelona. La actual decana, Maria Eugenia Gay, busca ya apoyos para hacer frente al envite.

Su referente, para ello, será Antoni Cañete, nuevo presidente de Pimec a pesar de la Asamblea. La victoria de Cañete, sucesor de Josep González, ha sido la primera derrota de la ANC en su plan de cooptación social, y otro de los posibles detonantes del despertar de las patronales catalanas. Especialmente después de que la Asamblea anunciara, tras su derrota, su intención de crear su propia patronal de la pequeña y media empresa.

Declive económico

Más allá de conservar espacios de poder, el mundo económico catalán ve con temor el lento declive de la economía catalana, a la que la pandemia del Covid ha acabado de dar la puntilla por su dependencia del sector turístico. Desde 2017 unas 6.000 empresas han abandonado la comunidad en busca de más seguridad jurídica y menos impuestos, con Madrid como destino preferente.

La Comunidad de Madrid superó por primera vez en PIB a Cataluña en 2018 y ha aumentado su ventaja desde entonces. La caída del PIB en 2020 ha sido más acusada en Cataluña que en el conjunto de España, un 11,4% frente al 11% nacional, mientras el paro ha crecido en la media nacional, impulsado aquí por el cierre del turismo.

En este contexto, los anuncios de cierre de plantas como Nissan o, en las últimas semanas, Bosch, han hecho saltar todas las alarmas. Con el turismo cerrado por pandemia y el sector industrial en crisis, urge la formación de un gobierno autonómico que ponga la economía en el centro, advierten desde el mundo económico.

Plantón a Volkswagen

Por eso ha sido especialmente lacerante el plantón del Govern al acto del 70 aniversario de Seat, en el que el presidente del Grupo Volkswagen, Herbert Deiss, anunció que Martorell acogerá la fabricación de coches eléctricos. La Generalitat ni estaba ni se le esperaba. A la misma hora, el departamento de comunicación de Presidencia pasaba a los medios la imagen de Pere Aragonés sentado en su despacho firmando el decreto de constitución del Parlament, para el próximo viernes.

Una imagen que llena de sentido el «basta ya» empresarial del día anterior. Los empresarios reclamaron allí no sólo el fin del discurso que ampara el vandalismo en las calles, sino también un gobierno dispuesto a poner la economía en el centro.

Preocupa enormemente la posibilidad de perder el tren de la recuperación prometida por los fondos europeos. Y escuece el ejemplo del País Vasco, con el proyecto ya pactado entre los gobiernos central y autonómico para la implantación de la «fábrica» de hidrógeno de España. O el ejemplo del presidente valenciano, Ximo Puig, liderando la plataforma en favor del Corredor Mediterráneo que en tiempos se reivindicaba desde Barcelona.

Iniciativas políticas y económicas que ponen al descubierto la pérdida de peso político y económico de Cataluña. Y que anuncian la temida «irrelevancia» de la que advertía este lunes el Círculo de Economía.

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