España

Un año de coronavirus sin síntomas de contagio electoral para Sánchez

El presidente del Gobierno resiste sin desgaste electoral, mientras sus socios sufren para mantener los resultados del 10-N y Pablo Casado no se sitúa en ningún momento por encima en los sondeos

El presidente Pedro Sánchez con una imagen que compara los datos de coronavirus

Carmen Vivas

“A partir de hoy la autoridad competente en todo el territorio será el Gobierno de España. Todos y cada uno de los presidentes deberán dejar a un lado sus diferencias y situarse tras el gobierno de España”. Esta es la esencia de la intervención de Pedro Sánchez del 14 de marzo de 2020. Acababa de anunciar, tras una reunión del Consejo de Ministros larga y tumultuosa, el confinamiento de los ciudadanos en sus domicilios para afrontar los efectos de una pandemia que empezaban a colapsar los servicios sanitarios del país.

Un año después, las cifras oficiales hablan de 72.258 fallecidos y más de tres millones de contagiados. Y pueden ser muchos más si se atiende a los datos del propio INE, al que no le salen las cuentas de Sanidad respecto al exceso de muertos no diagnosticados con respecto a 2019. Unos datos escalofriantes que nos sitúan entre los países del mundo con mayor incidencia del Covid y una gestión más deficitaria, también con las peores secuelas económicas y sociales por nuestra dependencia a sectores tan sensibles como el turismo.

Comparación entre casos diarios por coronavirus en España desde el inico de la pandemia con intención de voto al PSOE

No lo dice la oposición. Varios estudios internacionales, observatorios y organismos independientes así lo han puesto de manifiesto durante estos meses, pero no han hecho mella electoral en Pedro Sánchez, que consigue mantener a su partido en el primer puesto de las preferencias ciudadanas. El líder socialista, ganó las elecciones del 10-N con el 28 por ciento de los votos. Y en general esa es la tendencia que marcan los últimos sondeos realizados, incluso algunos, como el de GAD3 del pasado 25 de febrero, lo eleva a un 28,6 por ciento. El barómetro del CIS de febrero y enero ha subido la apuesta, fiel al estilo de su presidente, José Félix Tezanos, de modo que el jefe del Ejecutivo rompería la barrera del 30 por ciento, hasta situarse en el 30,7.

Pablo Casado nunca ha estado por encima de Sánchez

Cabe preguntarse si a lo largo de este dramático año el partido en el Gobierno no ha flaqueado demoscópicamente ni una sola vez. Pero aunque en otros momentos los porcentajes que han arrojado muchas encuestas privadas han sido peores del obtenido el 10-N, en este tiempo nunca ha estado por encima el primer partido de la oposición.

El 9 de marzo, tan sólo un día después de la multitudinaria manifestación del Día de la Mujer, del congreso de Vox en Vistalegre y dos del partido en el Wanda entre el Atlético de Madrid-Sevilla, Moncloa encendió todas las luces de emergencia.

Y el 14 de marzo, en una reunión extraordinaria del Gobierno se tomaba una decisión histórica; el confinamiento domiciliario de los ciudadanos, siguiendo el modelo de otros países de nuestro entorno como Italia. En apenas cinco días se pasó de la nada al todo y se creaba un mando sanitario único de modo que todo el poder se concentraba en el Gobierno central sostenido sobre los ministerios de Sanidad, Interior, Defensa y Transportes. Además, Sánchez comparecía en televisión todos los fines de semana para dirigirse a los ciudadanos dejando claro quién llevaba por aquel entonces el timón de la gestión.

No fue una noticia bien recibida por muchas Comunidades autónomas, temerosas de que la auténtica intención del Gobierno de coalición fuera la recentralización de competencias. Para contrarrestar estas acusaciones, el jefe del Ejecutivo les convocó semanalmente a reuniones telemáticas de la Conferencia de Presidentes. Los primeros meses dichas citas fueron dantescas. España carecía de mascarillas, equipos de protección, respiradores, de suficientes unidades de cuidados intensivos… todos pedían una actuación urgente.

Sanidad intentó compras descentralizadas que se saldaron en fiasco y no porque fuera engañada, como muchos otros, sino porque las competencias del Ministerio eran tan escasas que se perdía en los mercados internacionales, convertidos en una suerte de zoco árabe por el que se movían mejor muchas empresas privadas y algunas autonomías.

Contradicciones de Simón, carencia de mascarillas, fiasco en las compras de material sanitario…

Mientras tanto, el responsable de pandemias, Fernando Simón, defendía no sólo que no era necesario el uso de la mascarilla, sino incluso que podría resultar contraproducente, para acabar admitiendo varios meses después que la razón última de sus palabras respondía a la imposibilidad ciudadana de hacerse con una protección de la que carecía el propio personal sanitario.

Esos fueron los primeros meses. El comportamiento demoscópico de los ciudadanos denota la incertidumbre del momento. Según el CIS inmediatamente anterior al confinamiento domiciliario, el PSOE rozaba el 32, por ciento del voto, aunque la media que le dio por entonces Electopanel fue entre el 25,5 y el 25.9. Ese dato fue aumentando conforme avanzaba el estado de alarma y, a partir de la segunda quincena de abril, Moncloa recuperó terreno. En este tiempo, si bien el PP nunca llegó a superarle, sí se situó sistemáticamente por encima del 20,81 conseguido en las últimas elecciones generales. Fue un periodo en el que se pasó del consenso parlamentario en torno a las tres primeras prórrogas del estado de alarma a una desafección progresiva de los grupos de la oposición, empezando por el PP, pero también otras fuerzas como ERC.

Después del verano, una vez terminado el 21 de junio el confinamiento domiciliario, se decidió pasar el mando a las Comunidades Autónomas, que se supone se coordinan a través del Consejo Interterritorial de Salud. Si antes se había acusado a Sánchez de recentralización, ahora era de lavarse las manos y de no ejercer liderazgo de país al estilo de Merkel en Alemania o Macron en Francia y en esas seguimos.

Pero a pesar de los datos y de las vicisitudes por las que ha pasado el Gobierno de coalición en la gestión de la crisis del coronavirus -la actuación de la oposición en esta crisis merece análisis aparte- Moncloa puede decir con razón que la estrategia, en términos políticos, ha sido exitosa pues no ha desgastado a Sánchez. A principios de julio pasado cuando el inquilino de la Moncloa sentenció aquello de «hemos vencido al virus y controlado la pandemia», el CIS le disparó al 32,1 por ciento de los sufragios con una proyección de 142 escaños, 22 más de los que tiene ahora, mientras el PP sólo ganaba 1 y los socios de gobierno se dejaban 3 por el camino. Porque si hay algo distintivo de este periodo es que Unidas Podemos apenas ha superado, según los sondeos realizados en el último año, los 35 escaños que tiene actualmente. La línea general es que ahora quedaría por debajo de esa representación.

Los sondeos de este último año no le han ido bien a Pablo Iglesias

En octubre se decretó el segundo estado de alarma de ámbito nacional, que caduca el 9 de mayo, salvo que los datos de la pandemia obliguen a una nueva prórroga. Metidos en una segunda ola, producto de una desescalada que el propio Sánchez reconoció no había sido todo lo prudente que exigía la situación, la mayoría de las empresas demoscópicas volvieron a dar números por debajo del 28 por ciento. Otra vez el CIS puso el contrapunto. Sánchez no bajaba del 30… hasta diciembre, cuando le dio un 29,5, a fin de cuentas, punto y medio por encima del 10-N y 132 diputados, pero en enero y febrero de este año volvió a crecer.

La primera demostración real de la fortaleza electoral de Sánchez tras un año de gestión de la pandemia tuvo lugar en Cataluña. Su apuesta, nada menos que por el ministro de Sanidad, Salvador Illa, a la presidencia de la Generalitat, constituyó una maniobra sorprendente -en mitad del pico de la tercera ola- que se saldó en éxito pues ganó las elecciones, aunque con imposibilidad de gobernar. Bien es cierto que las elecciones gallegas y vascas del 12 de julio, cuando España creía haber superado lo peor del contagio, no fueron bien para los socialistas, sin embargo, Sánchez no ha dado signos de fatiga de los materiales, como les pasa a los edificios sometidos a cargas dinámicas.

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