El consumo de televisión del sábado 14 de marzo de 2020 batió todos los récords de la historia. Cerca de 22 millones de personas vieron al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunciar el Estado de Alarma y el confinamiento domiciliario obligatorio para afrontar la epidemia de un nuevo virus chino del que apenas llevábamos unas semanas oyendo hablar. El plazo inicial eran 15 días. Duró 98.

Los españoles estuvieron más de cinco horas sentados frente a su televisor. La situación no tenía precedentes. Colegios cerrados, teletrabajo, confinamiento domiciliario… La situación que iba a marcar los próximos meses, aunque nadie fuera aún consciente de la evolución del virus que iba a superar todas las expectativas.

Porque el virus había surgido en China en enero y había entrado a Europa por Italia. En España, el primer caso importado (un turista en La Gomera que se había infectado en Alemania) se conoció el 31 de enero pero no fue hasta casi un mes más tarde, el 26 de febrero, cuando se confirmó el primer contagio local. Era un hombre de 62 años en Sevilla. A partir de ese momento los casos comenzaron a crecer exponencialmente, de 73 el 1 de marzo a 589 una semana más tarde y 5.753 infecciones el día que el Gobierno anunció el confinamiento domiciliario.

Comienzo de la expansión de la pandemia

La primera ola

El mes de marzo la escalada de casos fue exponencial – aunque los cálculos posteriores indican que sólo se detectaban uno de cada 10 contagios -, los hospitales se desbordaron y la falta de material de protección hizo que los sanitarios españoles sufrieran la mayor tasa mundial de infecciones.

Los españoles enfermaban y faltaban manos, camas de UCI y respiradores que pudieran salvarles la vida. Los más vulnerables, especialmente ancianos de residencias, que se convirtieron en auténticos infiernos cuando entraba el virus, no siempre pudieron ser atendidos.

A lo largo de aquel mes, los españoles nos acostumbramos a ver en televisión cada tarde al portavoz de Sanidad frente al coronavirus, Fernando Simón, y a salir a los balcones a las ocho de la tarde para aplaudir a los sanitarios.

Aquellas fueron también las semanas de mayor colapso hospitalario. Las UCI de muchos hospitales no daban abasto y pese a la puesta en marcha de hospitales de campaña, un estudio estimó que la mitad de fallecidos de la primera ola lo hicieron consecuencia de la saturación hospitalaria.

El pico de contagios se alcanzó a finales de marzo y el de muertes en los primeros días de abril. En sólo 24 horas, el 1 de abril, España registró 950 muertes. El pico en la tercera ola ha sido de la mitad, 488 fallecidos.

Evolución de los fallecidos durante toda la pandemia

La desescalada

El 21 de junio España salía, tres meses después, del Estado de Alarma. El llamado proceso de desescalada – la retirada progresiva de medidas de confinamiento y restricciones a la movilidad – había comenzado a principios de mayo y el 21 de junio, cuando toda España entró en la «nueva normalidad», la incidencia acumulada a 14 días era de ocho casos por 100.000 habitantes.

Evolución de la incidencia acumulada durante todo el año

*en el gráfico de la incidencia acumulada durante todo el año hay que tener en cuenta la baja capacidad diagnóstica de la primera ola, lo que supone, según lo informado a posteriori por Sanidad, que la incidencia real era 10 veces mayor que la registrada, por lo que pudo haber una incidencia de más de 2.000 casos a mediados de marzo.

Los españoles recuperamos la normalidad a final de un curso en el que no se había vuelto a las aulas y en los momentos previos a unas vacaciones inusuales. Sin San Fermines ni ferias o fiestas de pueblo. Sin embargo, muchos expertos han opinado a posteriori que la velocidad de la desescalada fue demasiado rápida y que por ello pronto se empezaron a ver rebrotes.

Estos se contaban al principio por decenas pero pronto la situación empezó a desbordarse en Barcelona y, ya desde antes, entre los temporeros agrícolas de Aragón y Cataluña. También a mitad de junio los expertos empezaron a advertir el peligro en Madrid, que había sido epicentro de la pandemia y no registraba rebrotes. La situación empezó a desbocarse y convirtió a España en la avanzadilla europea de la segunda ola.

Segunda y tercera ola

Lo que vino después del verano fue una vuelta al cole en la que la incidencia – unos 200 casos por 14 – que generó muchos temores. Afortunadamente y como luego se ha demostrado, los colegios no han sido focos de transmisión y las clases no han tenido que suspenderse en lo que va de curso.

Con incidencias que superaron los 500 casos a 14 días por 100.000 habitantes en la segunda ola en noviembre y sin confinamientos estrictos, la velocidad de bajada de la curva no consiguió tanta rapidez en la segunda ola y casi se solapó con la tercera, que empezó a dispararse a principios de enero de 2021 tras unas navidades de reuniones y movilidad nacional.

En el lado positivo, la mayor capacidad de detección y mejor atención hospitalaria – la saturación no ha llegado a los límites de marzo y abril – han dejado una mejora en la supervivencia y un mayor control de los casos.

La antesala de esa crecida de la tercera ola fue, no obstante, la gran noticia de la aprobación desde Europa de la primera vacuna frente al Covid el 21 de diciembre y su administración en España desde el 27 de diciembre. Araceli, en Guadalajara, fue la primera vacunada de España.

Desde el 27 de diciembre y hasta el 11 de marzo, en España ya han recibido alguna dosis de la vacuna más de tres millones y medio de personas y desde hace solo unos días ese número es mayor que el de contagiados registrados.

Este mismo jueves se ha aprobado ya para Europa la cuarta vacuna frente al Covid y la primera que se administra en una sola dosis. Es el fármaco de Janssen, que se une a los de Pfizer, Moderna y Astrazeneca. España aspira a vacunar antes del final de verano al 70% de la población, unos 33 millones de personas.

En estos últimos 12 meses también hemos visto avances en los tratamientos, aunque hasta ahora no se ha podido establecer un tratamiento estándar frente a la infección.

Por todo ello, la vacuna es la principal razón para la esperanza (ya ha demostrado cómo hace caer drásticamente los casos en entornos de residencias) tras un año de emergencia sanitaria tanto en España como en todo el mundo. Según los datos de la Universidad John Hospkins, el coronavirus ha infectado a más de 118 millones de personas en todo el mundo y deja más de 2,6 millones de víctimas mortales.