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El 'precipicio' de Urkullu: solo ante un limbo normativo y una pandemia disparada

El lehendakari afronta en el peor momento de la crisis sanitaria en Euskadi el fin del Estado de Alarma con una incidencia que duplica la media nacional. Algunos de sus decretos han sido tumbados por la Justicia, con la que ahora deberá avalar las medidas.

Es lo más parecido a un precipicio. Da vértigo asomarse a él y produce temor saber que el paracaídas de las medidas de protección pueda ser insuficiente o simplemente no se abra durante la caída. Restan apenas nueve días para llegar a ese punto. Hasta entonces, el lehendakari afirma que seguirá intentándolo, que no cejará en su empeño por lograr que el salvavidas del Estado de Alarma siga desplegado. Urkullu sabe que su petición clama cada vez más en un desierto normativo al que el Gobierno de Sánchez parece decidido dejar a su suerte a las comunidades autónomas. El 9 de mayo se cerrará el paraguas del Estado de Alarma y cada Gobierno autonómico deberá buscarse la vida, plantear sus medidas para seguir conteniendo la cuarta ola de la pandemia.

En el ranking, el País Vasco tiene todas las papeletas para seguir encabezando la lista, para continuar con la incidencia más elevada del país. El último dato le afianza como la comunidad autónoma en peores condiciones para desprenderse del Estado de Alarma que ha dado cobertura legal a los gobiernos autonómicos los últimos seis meses: 532 casos por 100.000 habitantes. Es un diagnóstico preocupante si se tiene en cuenta que en España la media es de 229 casos y que en comunidades como Murcia, Galicia, Islas Baleares o la Comunidad Valenciana no supera los 100 casos.

Por el momento, el lehendakari ni siquiera ha recibido respuesta del presidente del Gobierno. Su carta en la que le urgía a prorrogar el Estado de Alarma ni siquiera ha merecido «un acuse de recibo». Sí ha logrado al menos la solidaridad de un puñado de presidentes autonómicos: Castilla La Mancha, Castilla y León o Galicia. No parece que vaya a ser suficiente. El resto ha comenzado ya a explorar modificaciones normativas dentro de su campo competencia, consultas con los tribunales superiores y el refuerzo de las llamadas a la población para mantener la prevención tras el final del Estado de Alarma.

Urkullu teme que el final del Estado de Alarma sea una fotografía de mejora generalizada en el mapa territorial del Estado con el País Vasco como principal punto teñido de rojo. Esta semana rechazó que se pueda plantear una prórroga del Estado de Alarma ‘a la carta’, como un día antes había planteado su vicelehendakari, Idoia Mendia. Ni siquiera su consejera de Salud, Gotzone Sagardui, solicitó en el Consejo Interterritoral la prórroga del Estado de Alarma; o todos o ninguno. El Gobierno vasco ha insistido en que si se prolonga, debe ser de modo global en todo el país. El lehendakari dejó claro el viernes que la situación actual no puede ser una oportunidad para “estigmatizar” ni la sanidad vasca ni la gestión de la crisis sanitaria.

Incidencia disparada

En este contexto, la angustia por el modo en el que se debe abordar el nuevo escenario al que el Gobierno Sánchez parece abocar a los presidentes y presidentas autonómicos es el de la exploración normativa de sus propias competencias y en el marco de la Constitución. Pero en Euskadi ya lo han experimentado y no con buen resultado. El recurso que el cierre de la hostelería tumbó el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco –y que obligó a autorizar la apertura de los bares y restaurantes- aún escuece en Lakua.

La nueva fase que ahora se abre coincide con un relevo en la presidencia del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco. El nuevo máximo representante del TSJPV, Iñaki Subijana, recordó a los legisladores que es necesario incorporar la mayor «concreción» a las normas antipandemia que aprueben y a los jueces, la mayor argumentación para justificar sus pronunciamientos sobre las mismas.

El escudo que prepara el Gobierno vasco es por ahora una incógnita. La llamada Ley vasca ‘antipandemia’ se tramita por la vía urgente en el Parlamento Vasco y, pese a contar con mayoría suficiente para su aprobación, Urkullu ha comenzado a negociar más apoyos. En ella se plantea exprimir las competencias y se confía en poder aplicar restricciones similares a las autorizadas bajo el Estado de Alarma. Para ello, en la mayoría de los casos deberá contar con el visto bueno del Tribunal Superior de Justicia.

Pero ese sólo será parte del problema. El otro continuará persistente de modo muy particular en Euskadi. La radiografía de situación de la cuarta ola dibuja una singularidad vasca; la alta incidencia. Duplica la de casi todos sus vecinos. Los 532 casos por 100.000 habitantes están muy lejos de los 194 de la vecina Castilla y León, los 268 de La Rioja, los 256 de Cantabria e incluso de Navarra, que ha logrado mejorar de modo importante en las últimas semanas su situación hasta hacer caer la incidencia a 342 casos.

Urkullu asegura que el pico de esta ola ya se alcanzó la semana pasada y que se afronta ya una fase de descenso. Pero la caída es lenta, de apenas media docena de casos diarios en su indicador a 14 días. A este ritmo, cuando salvo sorpresa el 9 de mayo decaiga el Estado de Alarma, la incidencia acumulada en Euskadi podría rondar los 480 o 500 casos.

Riesgo de una ‘judicialización continua’

Los expertos no se explican muy bien cuál es la razón que puede haber detrás del comportamiento de esta cuarta ola en el País Vasco. El exconsejero de Salud del Gobierno vasco y asesor sanitario, Rafael Bengoa, apunta que la desaparición del Estado de Alarma supone un mayor riesgo para las comunidades que peores datos de incidencia registran. Entre ellas, Euskadi es la que peor situación atraviesa: “Desde un punto de vista de salud pública con estos datos se debería mantener el Estado de Alarma”, asegura. Advierte de que no hacerlo puede derivar en procesos de “judicialización continua” en las comunidades autónomas y dibujar un escenario normativo “muy diferenciado” dentro del país.

Bengoa considera que uno de los factores que ha podido influir en los datos de la pandemia en Euskadi es la aplicación de restricciones “muy light”, a lo que suma un moderado grado de cumplimiento de las mismas por parte de la sociedad y de vigilancia por hacerlas cumplir por parte de la Administración: “Así es difícil poder controlar esta cuarta ola”, señala. Recuerda que en Euskadi, además de colegios y universidades abiertas, la hostelería activa, aunque con restricciones, ha habido eventos externos “que han podido influir”. Desde el Gobierno vasco se acusó a las concentraciones producidas con motivo de las finales de Copa del Rey y la alta movilidad de la Semana Santa como dos de los factores que estarían detrás del impacto de esta ola de la pandemia.   

El catedrático en Microbiología de la Universidad del País Vasco, Guillermo Quindós, señala otros factores posibles que también podrían explicar lo que está sucediendo en Euskadi. “Quizá existe un elemento estacional. Aquí llevamos un retraso en la ola respecto a otras comunidades autónomas. Ellos la tuvieron antes y están saliendo también antes, existe ese decalaje”. Cita como otras de las posibles causas la densidad de población y la alta movilidad durante la Semana Santa en algunos de los puntos más turísticos: “En Gipuzkoa, por ejemplo, que tiene una peor situación, ha podido influir mucho la llegada de gente procedente de la vecina Francia. No podemos perder de vista que en Europa en muchos países están peor que en España”.

Acelerar la vacunación

Quindós apunta que uno de los peligros a los que se enfrentará la sociedad vasca es creer que cuando el Estado de Alarma caiga es por una mejora de la situación: “Si no tiene una incidencia alta el impacto puede ser limitado, pero en nuestro caso el riesgo es que nos relajemos y que justo cuando el impacto empieza a descender, pueda repuntar por no haber mantenido las precauciones”.

Las autoridades en el País Vasco confían en que, de forma paralela a una contención de la pandemia, se pueda acelerar el proceso de vacunación. La política de inoculación llevada a cabo por el Ejecutivo vasco apostó inicialmente por establecer reservas estratégicas en las vacunas de más de una dosis como medida para asegurar el suministro. Una vez que se ha revertido de modo importante las dificultades en el suministro de dosis, la política de reserva de dosis se ha moderado en favor de un mayor volumen de vacunados. Precisamente este fin de semana se espera dar un paso importante en la vacunación con miles de citas durante todo el fin de semanas.

El lehendakari aseguró el viernes que en caso de que el ritmo de suministro actual se mantenga, en el País Vasco todos los mayores de 50 años podrían estar vacunados con al menos con una dosis antes del verano. Hasta el momento, la pauta completa de vacunación se ha administrado a algo más de 201.000 personas, el 9% de la población. A otras 361.000 personas, el 16% de la población, se le ha administrado una sola dosis y a algo más de 14.000 se les ha inoculado una vacuna monodosis.      

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