España

El otro varapalo de Ciudadanos tras el 4-M: pierde casi el 70% de sus afiliados en Madrid

La formación 'naranja' llegó a registrar un pico de 7.000 afiliados en la Comunidad de Madrid hace justo dos años, cuando Albert Rivera tocó techo, de los que sólo conserva alrededor de 2.300

La líder de Ciudadanos, Inés Arrimadas, durante un acto en Madrid.

La líder de Ciudadanos, Inés Arrimadas, durante un acto en Madrid. EUROPA PRESS

Ciudadanos ha entrado en fase crítica tras las elecciones de Madrid. La cadena de acontecimientos que ha seguido a la fallida moción de censura en Murcia ha llevado a la formación naranja al borde de un abismo del que tratará de recuperarse en una convención nacional que el partido prevé celebrar el próximo mes de julio y que servirá, según lo establecido por la dirección, para «relanzar» el proyecto con la implicación de la militancia como uno de los principios básicos de esta especie de ‘refundación’ de la formación liberal. El problema al que también se enfrenta Ciudadanos, al margen de esquivar la desaparición, es que su base de afiliados mengua con cada derrota electoral.

El varapalo en la Comunidad de Madrid para la formación que dirige Inés Arrimadas no ha venido acompañado únicamente de unos resultados electorales pésimos el 4-M -perdieron más de medio millón de votos que fueron a parar al PP-, sino también de una tendencia descendente en el número de afiliados en la región. Según desvelan varias fuentes conocedoras de los datos de la formación naranja, Ciudadanos conserva alrededor de 2.300 militantes al corriente de pago en Madrid, una cifra muy lejana del pico de afiliación que lograron los liberales en la citada comunidad autónoma. Cuando Albert Rivera tocó techo, justo después de las generales de abril de 2019, el partido alcanzó los 7.000 inscritos, casi un 70% más de lo que actualmente conserva la formación.

La caída en el número de afiliados en Madrid -que hasta hace unas semanas, y con permiso de Cataluña, era uno de los principales bastiones de Ciudadanos- ha sido casi paralela al hundimiento electoral de la propia formación, que comenzó en las generales de noviembre de 2019. Las citadas fuentes coinciden en que cuando Inés Arrimadas tomó posesión como nueva presidenta del partido en marzo de 2020, la afiliación madrileña de la formación ya había sufrido una importante merma, aunque aún resistían más de 5.000 militantes a corriente de pago. En un año, esa cifra ha bajado a alrededor de 2.300 sólo en la Comunidad de Madrid, si bien es cierto que diversos cargos del partido señalan que el punto de inflexión de esa vertiginosa caída vino arrastrada por la «desafección» que causó la derrota sin paliativos en las elecciones catalanas y, sobre todo, el adelanto electoral de Madrid motivado por la fallida moción de Murcia.

Esta caída en el número de afiliados se traduce también en una merma considerable de ingresos, sobre todo si se repite el mismo patrón en el resto de España. No obstante, la solvencia económica no es un problema para la formación naranja, con un colchón lo suficientemente resistente como para amortiguar durante largo tiempo los golpes del partido en las urnas. Sin embargo, la fuerte bajada de la afiliación, al menos en la Comunidad de Madrid, podría agravarse en las próximas semanas, según los movimientos internos que detectan cargos madrileños que conservan aún el carné naranja. «Que no dimitiese nadie tras el batacazo agotó la paciencia de muchos», comenta un cargo local. «No se puede seguir utilizando la estructura del partido para salvaguardar las sillas de los de arriba», reprocha.

Como anécdota, comentan las fuentes consultadas que la carta que envió Edmundo Bal a los apoderados madrileños tras el batacazo electoral del 4-M «levantó ampollas» entre muchos de ellos. En el escrito, el portavoz de la formación –ascendido tras el batacazo electoral a vicesecretario general del partido– agradecía la «labor» y la «ayuda» de los más de mil apoderados que se desplegaron el 4-M, y trataba de ofrecer un mensaje de aliento tras la derrota. «Los resultados volverán, volveremos a ser fuertes», escribía Bal. Lo que ha irritado a parte de las bases del partido es la promesa de «reflexión y autocrítica» que promete el también diputado nacional en la carta. «Ten por seguro que somos los más duros con nosotros mismos», finalizaba.

En el partido, al menos de forma generalizada, no se culpa a Edmundo Bal de no haber conseguido entrar en la Asamblea de Madrid el pasado 4 de mayo. «Su campaña fue brillante», coinciden cargos madrileños y también compañeros que acompañan al político en la cúpula nacional. Pero sí se ha extendido un «enorme malestar», especialmente en las capas intermedias del partido, por la ausencia de dimisiones tras dos derrotas electorales casi consecutivas. Y recelan de que la convención nacional, cita a la que Arrimadas y su equipo echará el resto para tratar de reflotar el proyecto, cambie las cosas. «Las conclusiones que salgan de la convención ya están definidas con antelación», critican.

Las bajas no cesan

Mientras tanto, el goteo de dirigentes sigue siendo una constante en el partido naranja. El PP ha acelerado su ‘opa’ contra Ciudadanos, que pasa en estos momentos por incorporar a diferentes cargos locales y autonómicos a sus filas para desangrar a los liberales a nivel territorial. Pero las deserciones no se están produciendo únicamente para incorporarse al barco popular. La última salida ha sido la de Sandra Julià, ex diputada en el Congreso por Castellón, que ha publicado un duro comunicado en el que ha acusado directamente a Inés Arrimadas de haber «destruido de un plumazo toda la estructura y los valores del partido» que «costó sacrificio, esfuerzo y muchos kilómetros». «Puede que no estuvieras preparada para ostentar tan enorme responsabilidad (…). No he dejado de oír ‘la culpa es de Albert y de la herencia recibida’. Desde que llegaste a la dirección todo son excusas y, en el caso de Madrid, culpasteis hasta a los votantes. ¡Qué despropósito!», carga la ex dirigente.

La pasada semana se conoció también la renuncia de otros cuatro diputados de las Cortes Valencianas, que se borraron de Ciudadanos pero no renunciaron a sus actas. A ellos se suma la salida oficial de la ex consejera de Cultura de Ciudadanos en Madrid, Marta Rivera de la Cruz, que conservará ese mismo puesto aunque en este caso bajo el mando de Isabel Díaz Ayuso.

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