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'No lo sé, no recuerdo, no me consta' o la crónica de la corrupción basada en 'infantas', amiguetes y Villarejos

El responsable de Tribunales de La Sexta, Alfonso Pérez Medina, publica un libro en el que revive los casos de corrupción más importantes de los últimos años en España

Alfonso Pérez Medina, periodista y autor de 'No lo sé, no recuerdo, no me consta'.

Alfonso Pérez Medina, periodista y autor de 'No lo sé, no recuerdo, no me consta'. ARPA EDITORES

Ha sido una de las semanas más convenientes para hablar con un experto en información de Tribunales como Alfonso Pérez Medina. Días después de llamarle, el magistrado de la Audiencia Nacional Manuel García Castellón tomó importantes decisiones para el devenir de los procesos judiciales de la operación Kitchen y el caso Villarejo. El jueves, acababa la instrucción sobre el espionaje al extesorero del PP Luis Bárcenas, supuestamente desde la cúpula policial entre 2013 y 2015. El exministro del Interior Jorge Fernández Díaz y el que fuese su número dos, Francisco Martínez, han sido procesados, mientas que la que exsecretaria de general del Partido Popular María Dolores de Cospedal y a su marido, Ignacio López del Hierro, se han librado. Unas horas después, el mismo juez archivó la investigación de la causa para Repsol, Caixabank, Fainé y Brufau por la supuesta contratación del grupo empresarial encabezado por el comisario jubilado José Manuel Villarejo, Cenyt, para espiar al entonces presidente de Sacyr, Luis del Rivero.

La Justicia no siempre es rápida, pero a golpe de auto consigue cambiar en un momento el rumbo de una causa. Durante los últimos 20 años, los desfalcos de grandes personalidades del poder han sido llevados a los tribunales. En prácticamente todas, desde Gürtel a Nóos pasando por la caja b y los ERE, ha estado presente como cronista el responsable de Tribunales de La Sexta, que antes trabajó 15 años en Europa Press. Ahora, resume y revive esos casos en su libro No lo sé, no recuerdo, no me consta (Arpa Editores). Para su título ha ‘homenajeado’ a la infanta Cristina en su declaración ante la Audiencia de Palma. «Reflejaba muy bien esa España que había hecho muchas cosas pero que luego cuando estaba delante de un tribunal tenía amnesia», asegura Alfonso Pérez Medina en una conversación con El Independiente.

La historia de la corrupción es de ofrecimientos y de accesos, de gente que no sabe decir que no»

Eligió esas frases, pero podrían haber dado nombre a su libro otras como la de la infanta Elena tras saltarse el turno de vacunación en una visita a Emiratos: «Se nos ofreció y accedimos». «La historia de la corrupción es de ofrecimientos y de accesos, de gente que no sabe decir que no, que tiene la oportunidad de no complicarse la vida, porque son personas que tenían la vida completamente resuelta, y solo la codicia y el querer tener más, más y más es lo que les lleva a cometer los delitos», reflexiona el periodista sobre todo aquello que esconden las palabras doña Elena.

Para declarar como una infanta no hace falta contar con tal título. Como resume Pérez Medina en su libro, basta con saber responder como ellas a las preguntas que les hacen dentro y fuera de los juzgados. La exministra de Sanidad Ana Mato, a la que nunca le llamó la atención que en su garaje brotasen como flores los coches de alta gama, o Rosalía Iglesias, la esposa de Bárcenas, que se mostró «asombradísima de todas las cantidades» que se ingresaban en una cuenta corriente de Caja Madrid de la ella que era titular exclusiva, son de la misma escuela que las hermanas del Rey Felipe VI. Estas ‘perlas de infantas’ resumen además a la perfección las dos caras de la corrupción: la de la «indignación por ese saqueo de recursos que al final nos perjudica a otros» y la parte «más cómica de cómo realmente se da una imagen delante de los tribunales difícil de comprender».

El capitalismo de amiguetes

El periodista se refiere en el libro a un elemento que se convirtió en el germen de muchos casos de corrupción: el capitalismo de amiguetes. El contexto en el que mejor se explica este concepto es en el de las cajas de ahorros, donde se observa cómo «cuatro amiguetes de los partidos políticos se reparten las instituciones financieras». Incluso entran en esos órganos directivos «personas que no tenían ningún conocimiento financiero», como reconocieron en sus declaraciones judiciales.

Este capitalismo de amiguetes nace de «las cuotas del partido de turno», crece por la «falta de personalidad» y el «enchufismo» y se alimenta de la peor representación de la masculinidad. «Esa forma de cerrar contratos a golpe de cubata o en prostíbulos o cacerías con prostitutas tiene un componente eminentemente masculino. Esa política masculina, que ha sido la predominante en España desde la llegada de la democracia, a mí sí que me parece que tiene un poco que ver con la corrupción», discurre Alfonso Pérez Medina. Hasta en «esa declaración del político de turno que dice: ‘Este contrato se lo damos a quien me salga a mí de la polla'», aunque matiza que «no quiero decir que todos los hombres sean corruptos ni que todas las mujeres sean honestas».

La España en la que todo valía

La corrupción de la España en la que todo valía fraguó amistades y, tras las investigaciones judiciales, también enemistades, como la del PP con el extesorero del partido Luis Bárcenas. Del famoso SMS que recibió de Rajoy, el «Luis, sé fuerte», a denominar a la financiación ilegal de la formación ‘la caja b de Bárcenas’ porque, como declaró el expresidente ante la Audiencia Nacional en marzo, «la caja b no existe; no hay nadie, ni una sola persona en el partido, que hablara de la caja b«. «A mí me hace mucha gracia cuando dicen ‘la caja b de Bárcenas’. Bueno, era la caja b del PP y así ha quedado acreditado en sentencias del Tribunal Supremo. Era el mecanismo de financiación ilegal que tenía el PP para que los grandes constructores pagaran dinero negro y así financiar, al margen del Tribunal de Cuentas, sus actos electorales. Eso funcionó durante 20 años», reproduce el periodista de La Sexta.

Me hace mucha gracia cuando dicen ‘la caja b de Bárcenas’. Bueno, era la caja b del PP y así ha quedado acreditado por el Tribunal Supremo»

En su opinión, Bárcenas sólo era «un actor más», «una pequeña parte de ese engranaje» que era la caja b. «Fue gerente durante muchos años y no era más que el número dos de la Tesorería del Partido Popular. Pensar que Luis Bárcenas era el jefe de algo o que la contabilidad era exclusivamente suya a mí me parece una ingenuidad», sostiene. Además, «ni siquiera él la dirigía», porque esa función la ejercía el fallecido Álvaro Lapuerta. Tampoco se olvida Pérez Medina de destacar en su libro ese afán de los implicados en causas judiciales de cargar a los muertos con la culpa. Bárcenas era una persona que «tenía mucha información» por el puesto en el que se encontraba y el Partido Popular intentó «separarse» de él cuando el juez Pablo Ruz empezó a confirmar «todo eso que se había pactado durante tantos años».

Villarejo, como Bárcenas, es un «instrumento más» de otro de los grandes escándalos de los últimos años, «las cloacas de poder, no sólo contra Podemos, también contra otros rivales políticos: contra el independentismo catalán, contra rivales en el propio Ministerio del Interior, contra compañeros de partido» como el propio extesorero. «Cuando el poder es ilimitado y no hay controles, se utilizan todos los recovecos. Y en el caso Villarejo tenemos un buen ejemplo de cómo se utilizó toda la estructura del Ministerio del Interior y de la Policía Nacional» para llevar a cabo investigaciones falsas, «como se hizo por ejemplo con Xavi Trías»; para poner en circulación informes que siempre «han sido rechazados en los tribunales», como el informe PISA relativo a Pablo Iglesias; para llevar a cabo «operaciones parapoliciales» e intentar robar a Luis Bárcenas la documentación que tenía sobre la caja b del Partido Popular, precisa. El caso Kitchen, al que el periodista otorga el estatus de «extrema gravedad», es «una perversión más del sistema»; de un sistema que utilizó «los recursos del Estado» para salvaguardar «esa corrupción que estaba impune durante muchos años».

Verdad jurídica vs. verdad histórica

En los tribunales, «las excusas se repetirán hasta el infinito, porque no creo que nadie en el Partido Popular vaya a rectificar lo que ya lleva diciendo decenas de años». Pero el informador insiste en que, en los casos del PP y en causas en los que han participado otras formaciones o actores, «la verdad judicial llegará hasta donde pueda llegar», pero puede que «la verdad histórica» vaya más allá cuando estos presuntos delitos prescriban. «Quizá algún día sepamos si los dirigentes del PP al más alto nivel desconocían la existencia de la caja b. Desde el punto de vista de la lógica, probablemente nunca tengan responsabilidades penales y nunca se podrá demostrar, pero es muy difícil creer que el mecanismo que financiaba el partido era desconocido desde la cúpula» que durante esos años conformaron María Dolores de Cospedal, Mariano Rajoy o José María Aznar, entre otros.

La crisis de 2008 marcó un punto de inflexión y colmó de sed de verdad a la ciudadanía. Hasta ese momento, «la corrupción estaba socialmente aceptada», pero la crisis, el paro, los recortes y los desahucios cambiaron esa visión de los excesos en política. También en los medios. «En esa época había mucho dinero circulando y ese dinero también entraba en los medios de comunicación. Las campañas de comunicación institucional eran muy importantes entonces y lo son también ahora, eso no hay que negarlo. (…) Otra cosa es que el clima general, que la actitud de los ciudadanos y de los periodistas a nivel personal, sea distinta y tengamos la conciencia de que la corrupción nos perjudica a todos. Realmente lo que hace la corrupción es minar al sistema desde dentro», concluye.

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