Pere Aragonés anunció en su discurso de investidura que impulsaría un «acuerdo por la amnistía y la autodeterminación». Son las exigencias que la Generalitat pondrá sobre la mesa de diálogo con el Gobierno, y Aragonés quería acudir a esa cita con «toda la fuerza de los grandes consensos de la sociedad catalana». Pero lo cierto es que su gran «acuerdo nacional» tiene aún menos concreciones que la propia mesa de diálogo, pese a la esquiva actitud del Gobierno de Pedro Sánchez.

A primeros de julio, pendiente de su primera cita en La Moncloa, Aragonés aseguró que el Acuerdo sería una de sus «prioridades» este verano para intentar crear una «gran alianza de país» que sume a partidos, entidades y agentes sociales y económicos. Pero la única respuesta que ha recibido de momento es el portazo de CC.OO. y la frialdad tanto de UGT como de los Comunes, con la alcaldesa Ada Colau tachando la propuesta de referéndum de «tontería» en TV3.

Mientras, las entidades y partidos independentistas no se oponen al proyecto. Pero el mismo Jordi Cuixart, presidente de Òmnium, reconocía el sábado que no han recibido todavía ninguna propuesta del Govern en este sentido.

En la estela de Mas y Puigdemont

Araonés se remitía con su propuesta de acuerdo a alianzas como el «Pacto Nacional por el Derecho a Decidir» con el que Artur Mas sumó desde patronales y sindicatos a colegios profesionales, asociaciones excursionistas o el mismísimo F. C. Barcelona a su reivindicación de un referéndum de independencia. Un apoyo que exhibió para justificar la consulta del 9N.

Carles Puigdemont recogió el guante en 2017 con su Pacto Nacional por el Referéndum. Su promoción recayó en el actual consejero de Interior, Joan Ignasi Elena, que volvió a sumar a sindicatos, entidades y al Barça al proyecto.

Esta vez, sin embargo, el líder de CC.OO en Cataluña, Javier Pacheco, ya ha dejado claro que el sindicato no se sumará al carro independentista. «No estaremos en el pacto porque no es el momento, es el tiempo de la política» argumentaba en julio en el rotativo Ara como respuesta al anuncio de Aragonés.

Pacheco rechazaba así volver a participar en la política de frentes de la Generalitat contra el Gobierno, que los sindicatos catalanes apoyaron con entusiasmo cuando el inquilino de la Moncloa era Mariano Rajoy. Un seguidismo del independentismo que tuvo costes para los sindicatos catalanes, sobre todo para UGT, especialmente tras el 1-O y la huida de empresas de Cataluña.

Bajo la batuta de David Fernández

El pasado sábado, la portavoz del Govern, Patricia Plaja, aseguraba tras la reunión de trabajo mantenida en la Garrotxa que el ejecutivo daría a conocer en breve a los miembros del «grupo dinamizador» del acuerdo, tras confirmar el «fichaje» de David Fernández como líder de ese grupo. Pero este martes, en la comparecencia posterior al Consell Executiu, Plaja reconocía que siguen sin tener cerrado el grupo.

Lo único seguro, de momento, es que el proyecto está en manos del ex líder de la CUP con más proyección fuera de la órbita independentista. Tiene sentido, dado que el objetivo de Aragonés es sumar tanto a los comunes como a los sindicatos, para evitar quedarse en los apoyos habituales de los tres partidos y las tres grandes entidades independentistas.

Pero la última intervencion de Ada Colau en TV3 no hace albergar demasiadas esperanzas. Preguntada sobre la negociación entre Gobierno y Generalitat y la pretensión independentista de plantear de nuevo un referéndum, Colau advertía: «Es evidente que no hay ninguna condición para plantear un referéndum a corto plazo. Mejor que aterricemos y menos promesas incumplidas. Después de una pandemia y la crisis climática, la gente ya no está para tonterías».

Una semana antes, Aragonés aseguraba en el mismo espacio que aspiraba a «un acuerdo sólido» de apoyo a sus postulados. No parece cerca de conseguirlo.