España

Casado gira a la derecha para hacer "política sin complejos" y dejar sin espacio a Vox

El presidente del PP, Pablo Casado, en el acto de clausura de la Convención Nacional del PP.

El presidente del PP, Pablo Casado, en el acto de clausura de la Convención Nacional del PP. EUROPA PRESS

Comentaba un barón autonómico presente en Valencia durante la clausura de la convención nacional del PP que lo peor que puede hacer Pablo Casado en la «nueva etapa» del partido es pecar de optimismo y creerse invencible. «Queda mucho partido. En dos años pueden pasar muchas cosas», advertía. Salvo sorpresa, las generales no se celebrarán hasta 2023 pero Pablo Casado ha comenzado ya un largo camino electoral que espera finalizar en Moncloa. Más que un cierre de convención, este domingo el presidente del PP ha sido el protagonista indiscutible de un mitin multitudinario en la plaza de toros de Valencia, enclave histórico de las grandes victorias de los populares. Como Rajoy, Aznar o Barberá, Pablo Casado ya tiene la ‘foto’ del coso valenciano rendido a su liderazgo. Y allí, ante 9.000 personas –otras 3.000 se quedaron fuera según los cálculos del partido– el presidente del PP expuso uno de los discursos más duros y contundentes de su trayectoria como jefe de la oposición. Dos fueron las claves: el ninguneo a Sánchez y la vuelta a los postulados clásicos del ala más conservadora del PP.

Pablo Casado se hizo con el liderazgo del partido en 2018. Entonces, Ciudadanos crecía con tal fuerza que a punto estuvo de arrebatarle la segunda plaza política al PP. Dos años después, los naranjas han perdido la mayor parte de su músculo electoral y sus votantes optarían ahora por la papeleta azul en las urnas. Durante la primera mitad de legislatura, el PP ha ‘ensanchado’ su proyecto al centro para sentenciar a Ciudadanos y ahora, cuando aún cuenta con un margen de dos años para enfrentarse a las urnas, Casado se lanza a dejar sin espacio a Vox. El cómo lo dibujó el propio líder del PP en Valencia: asumiendo sus principales banderas políticas e ideológicas y volviendo al ‘discurso duro’, a «la política sin complejos».

Casado quiere convertirse en el líder que consiguió «unir a todo lo que está a la derecha del PSOE», como pronunció este domingo ante miles de afiliados. La convención nacional del PP nació con el objetivo de «relanzar» el proyecto de Casado para el partido y para España y sentar las bases del «contrato social» con el que quiere reformar el país de arriba a abajo. El equilibrio con Vox se convirtió en una de las mayores incógnitas del cónclave: la demoscopia es caprichosa y, al menos de momento, el futuro de Pablo Casado está irremediablemente ligado al de Santiago Abascal. No podía darle esquinazo ni levantar un cordón sanitario, porque sabe que necesitará sus votos más pronto que tarde; pero tampoco podía restaurar el vínculo que se rompió tras la moción de censura contra Sánchez y ofrecer una alianza que partiría por la mitad al propio PP, con incontables dirigentes reacios a cualquier alianza con Vox.

El secretario general del PP, Teodoro García Egea, fue el encargado de exponer el pasado sábado que el partido no se moverá de la fórmula de pactos que hasta ahora ha abanderado el PP con Vox, y que no es otra que la de explorar apoyos externos que no condicione sus llamados «gobiernos de libertad». Reiteró que Casado sigue muy lejos de Abascal porque «ningún pacto merece renunciar a nuestros principios». Al día siguiente, Pablo Casado perfiló la estrategia y planteó que el PP, ya consolidado como primera fuerza política, puede atraer al electorado que perdió en favor de Vox por la renuncia a la batalla cultural que ahora vuelve a empuñar con fuerza.

La batalla ideológica del PP

La nueva táctica electoral del PP cuenta con una garantía de éxito. Fue el modelo que desplegó Isabel Díaz Ayuso en Madrid, y que le sirvió para arrasar en las elecciones del 4-M, frenar a Vox y arrinconar a las tres fuerzas de izquierda. El discurso de la presidenta regional desdibujó al de Rocío Monasterio en Madrid y logró quitar foco a Vox asumiendo sin cortapisas algunos de sus postulados clásicos en cuanto a feminismo, inmigración o patriotismo.

Cuando Pablo Casado, junto a la cúpula nacional del partido, presentó en Madrid su convención nacional allá por el mes de junio, el partido prometió reactivar la ‘batalla de las ideas’ en octubre porque «no se ha establecido un pozo ideológico del que sacar agua en 20 años». «Nos vamos a meter en todos los charcos», avanzaban desde la dirección nacional. Y así lo hizo el presidente del PP en el coso valenciano, donde hizo su primera promesa electoral: derogar todas las leyes desplegadas por Sánchez, desde la eutanasia hasta las pensiones, pasando por la memoria histórica.

Acto de clausura de la Convención Nacional del PP, en la Plaza de Toros de Valencia | EP

Así, Casado se comprometió a levantar en Madrid el Museo Nacional de Historia de España en el actual Palacio del Ministerio de Agricultura porque «las naciones más importantes del mundo están orgullosas de su historia». En este punto, y siguiendo con la estela marcada por Isabel Díaz Ayuso y por su mentor, José María Aznar, el líder del PP respondió a la polémica que han suscitado las palabras del Papa Francisco tras pedir disculpas a México por la conquista española. «España no tiene que pedir perdón por nada ni por nadie. Al revés, nos deben dar las gracias por nuestra contribución a América», manifestó el jefe de la oposición. En línea con lo manifestado por Díaz Ayuso, que un día antes hizo un llamamiento a «no ceder ante la dictadura de lo políticamente correcto», Casado se comprometió a «acabar con las leyendas negras» y con la «cultura de cancelación suicida a la que ponen los coros desde el propio Gobierno».

Ante miles de simpatizantes, el líder del PP se adueñó de una de las principales bazas electorales de Vox: la inmigración ilegal, a la que prometió poner coto «con más medios materiales y personales». No pasó por alto la lucha contra el feminismo ideológico de la izquierda, frente al que el PP erigió un modelo sin «imposiciones». «Para defender la igualdad no hace falta vestirse de morado, sino de traje de faena para que haya millones de empleos para todas las mujeres», manifestaba, poniendo en valor el trabajo de las mujeres del PP, entre las que citó a Esperanza Aguirre.

Además, en pleno debate en cuestiones sociales como el aborto o la eutanasia -se comprometió a derogar la ley recientemente aprobada por el Gobierno de coalición- Casado hizo una férrea defensa de la «cultura de la vida», de la «maternidad» y de la «familia». «Creemos que las administraciones deben estar siempre a favor de la vida. Y si tienen dudas, que apuesten por la vida. Y si faltan recursos, que los pongan para salvar vidas», sentenció. No obstante, también hizo otras referencias políticas que responden a los principios esenciales del PP que Vox rehúye, como la defensa del estado autonómico o de Europa.

Las consecuencias del nuevo posicionamiento que el PP pretende explotar en los próximos meses son aún intangibles. Pero Pablo Casado ha cerrado su convención nacional dibujando un país en que no cabe otro partido de derecha en el espectro político que no lleve las siglas de la formación que él preside. Los populares ponen fin a una semana de infarto con satisfacción y sabiendo que, cuando Abascal cierre su convención del próximo 9 y 10 de octubre en Vistalegre con el himno de España, como viene siendo habitual en los grandes actos de Vox, esa música ya habrá sonado antes en un mitin del PP, entremezclándose con gritos de «¡Casado, presidente!».

Te puede interesar

Comentar ()