España

Afines a Ayuso desconfían de Génova y temen que no convoque el congreso de Madrid

En el equipo de Casado recuerdan que los estatutos marcan que la dirección nacional "puede nombrar gestoras en cualquier organización territorial"

El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.

El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. EP

Mientras Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez-Almeida se fundían en un abrazo ante cientos de fieles frente a la catedral de La Almudena, los equipos de uno y otro bando en la encarnizada batalla por el poder en el Partido Popular mantenían las espadas en alto. «Acabará bien», aseguró la presidenta de la Comunidad de Madrid ante los periodistas. Lo hizo después de mostrar públicamente que la guerra interna que protagoniza no es contra el alcalde, sino contra el aparato de Génova que, a su juicio, está sembrando obstáculos a su «aspiración legítima» de hacerse con el control orgánico de Madrid.

Ante los medios de comunicación, Ayuso se comprometió a ser «respetuosa» con la decisión de la dirección nacional de posponer el congreso madrileño a mayo o junio de 2022, aunque volvió a lanzar un órdago a la dirección. «A mí me gustaría que fuera pronto, porque creo que es lo mejor para todos», avanzó, reafirmándose en que batallará contra Pablo Casado y no dará un paso atrás respecto a su candidatura. «Cuando llegue la fecha daré ese paso adelante», suscribió. El problema que vislumbran algunos miembros del equipo de Ayuso es que Génova, en base a los estatutos del partido, podría aplazar sine die el congreso madrileño, y aunque la dirección insiste en que cumplirá con lo acordado en la Junta Directiva respecto a las fechas, los recelos en torno a la posibilidad de que la disputa termine en un aplazamiento sin fecha reverbera en los pasillos de la Puerta del Sol y de la Asamblea de Madrid.

«Aquí la legalidad se la han saltado ya», insisten fuentes del entorno de la dirigente madrileña, que reiteran que el congreso regional del partido debería celebrarse «como máximo» en marzo de 2022. Los estatutos establecen un plazo máximo de cuatro años para celebrar los congresos regionales, a los que se puede sumar una prórroga de 12 meses. En marzo de 2017 se celebró el último cónclave en que fue elegida presidenta del PP de Madrid Cristina Cifuentes, si bien su abrupta salida de la política madrileña en abril de 2018 precipitó el nombramiento de una nueva dirección para el PP de Madrid, liderada por Pío García Escudero y Ana Camins, dos dirigentes de la cuerda de Génova.

En el equipo de Ayuso entienden que esta gestora actúa de forma «ilegal» porque, según marcan los estatutos, la dirección provisional no puede estar al mando más de seis meses «salvo que concurran circunstancias excepcionales» que justifiquen una prórroga temporal. Y en Génova se aferran precisamente al carácter extraordinario de una inestable situación política nacional y autonómica, ya que desde 2018 se ha asistido a dos elecciones en la Comunidad de Madrid y otras dos generales. Pero no es un argumento que estén dispuestos a aceptar en la Puerta del Sol, donde dirigentes afines a la presidenta madrileña amagaron incluso con llevar al partido a los tribunales por esta cuestión.

Es en este mismo entorno en el que vislumbran con claridad que la guerra soterrada por el poder en la organización madrileña -encargada por ejemplo de confeccionar listas electorales y, en suma, de poner o quitar sueldos públicos a dirigentes más o menos afines- podría terminar con un golpe encima de la mesa por parte de la dirección nacional aplazando sin fecha el congreso del PP de Madrid hasta buscar una solución que evite abrir al partido en canal con un enfrentamiento a cara de perro entre Ayuso, Almeida y, por ende, Casado. Y recuerdan que el PP de Madrid no es el único órgano en situación «irregular», señalando en este punto a la situación de la presidenta de Nuevas Generaciones del PP de Madrid, Ana Isabel Pérez, en el cargo desde 2013.

Por su parte, aunque por el momento se descarta tal extremo, en la dirección nacional recuerdan que los estatutos marcan que ésta, según las normas internas, «puede nombrar gestoras en cualquier organización territorial», incluida la madrileña, sobre todo en caso de que se asista a un cuestionamiento de la autoridad del partido como algunas fuentes opinan que está haciendo Isabel Díaz Ayuso y su escudero, Miguel Ángel Rodríguez. El nombramiento de una nueva gestora sin celebración de congreso previo dilataría sin fecha las primarias madrileñas, y Génova ganaría tiempo para llevar el asunto a buen puerto sin la presión del calendario. Pero en el equipo de la presidenta madrileña, aunque recelan de tal posibilidad, destacan que de ejecutar algo así Casado se arriesgaría a ponerse no sólo al partido en contra, sino también a los votantes. «Se pegaría un tiro en su propio pie», insisten las fuentes consultadas.

Pese al ‘abrazo de la paz’ que ayer protagonizaron Ayuso y Almeida, las posiciones siguen rígidas. De hecho, ambos mandatarios compartieron un almuerzo la pasada semana en la que exhibieron la amistad que une a ambos mandatarios en mitad del fuego cruzado, si bien no llegaron a un acuerdo sobre el modelo de partido que debía primar en la región. Ayuso defiende que ha de ser ella y su equipo, sin injerencias de Génova, quien tome el mando, como ocurre en el resto de baronías autonómicas del PP. Y Almeida alega, y así se lo hizo saber a la presidenta, que lo óptimo es una ‘tercera vía’ y mantener la actual bicefalia -un presidente para la organización madrileña y otro para la Comunidad-. A la guerra por el poder en el PP aún le quedan varias batallas.

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