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Del 'almuerzo de la paz' con Rivera a las confesiones de Juan Carlos I: los secretos del nuevo libro de Rajoy

El expresidente del Gobierno, Mariano Rajoy.

El expresidente del Gobierno, Mariano Rajoy. EP

Mariano Rajoy no busca prender un nuevo fuego interno en la delicada vida interna del PP como sí lo ha hecho Cayetana Álvarez de Toledo con su última publicación editorial, pero su nuevo libro Política para adultos (Plaza & Janés, 2021) sí puede provocar más de un giro de cabeza no sólo entre dirigentes populares, sino entre miembros de Vox o de Ciudadanos, a cuyas fuerzas engloba -junto a Podemos y al nacionalismo catalán- dentro del «populismo» que amenaza la estabilidad de las democracias occidentales. Este es precisamente el eje vertebrador de un relato de más de 300 páginas que sirven de oda a una «vieja política» que se dice orgulloso de encarnar, y en las que defiende a ultranza el consenso entre los partidos tradicionales como la vacuna más efectiva contra las actuales derivas «identitarias», «autoritarias» y «demagógicas». «Sí, yo soy un declarado defensor del bipartidismo», reconoce.

En las primeras páginas de su nuevo libro -su segundo ejemplar desde que abandonó la política- Mariano Rajoy desgrana las características comunes al «lenguaje populista», entre las que destaca la creación de corrientes de opinión sobre «el miedo al inmigrante», «la búsqueda de un enemigo» o «el desprecio absoluto a la verdad», poniendo especialmente el foco en la «defensa de la identidad nacional» como la «gran excusa» de las fuerzas populistas para construir su discurso. «Apelar a la nación es la coartada perfecta de todos los caudillos», ahonda.

En la arena nacional, el ex presidente del Gobierno pronuncia un duro alegato contra Unidas Podemos y contra Pablo Iglesias como «el más genuino representante del populismo español de los últimos años», pero no dedica una crítica menos ácida a Vox y, en menor medida, a Ciudadanos, en cuyos partidos «es posible encontrar sin grandes esfuerzos rasgos propios del populismo». En concreto, critica sin ambages a Santiago Abascal, al que presenta como líder de una fuerza «demagoga» y «antieuropea» con un discurso situado en la «radicalidad». Censura especialmente el rechazo de Vox al estado de las autonomías cuando «curiosamente nunca ha dejado de presentarse a las distintas elecciones autonómicas», así como el uso político que hace de la inmigración, vinculándolo incluso con el «populismo xenófobo» cuyo germen sitúa en el independentismo catalán.

En línea con este análisis, Mariano Rajoy ve positivo diferenciar la marca del PP de la de Vox, que «se vea que somos distintos». El espaldarazo a Pablo Casado, aunque no explícitamente, llega en las siguientes líneas con un presagio: «más pronto que tarde», los electores de Vox volverán a la ‘casa’ de la que salieron, uno de los objetivos que se ha marcado el actual jefe de la oposición desde que se hizo con las riendas del PP en 2018. «Los votantes de Vox volverán en cuanto lleguen al convencimiento de que el PP es la gran plataforma electoral del centroderecha español» y el partido que «sin demasiados aspavientos ha defendido de forma más efectiva y contundente la unidad de España», sentencia.

El ex presidente del Gobierno e histórico dirigente del Partido Popular no sólo se despacha a gusto contra Vox. Aunque haciendo gala de su genuino estilo de no pisar ningún charco más de la cuenta, Política para adultos sirve a Mariano Rajoy para hilvanar algunas confesiones que se le quedaron en el tintero tras su abrupta salida de la vida pública.

1.- El ‘almuerzo de la paz’ con Albert Rivera

En su rosario de reproches, Mariano Rajoy dedica varios párrafos a subrayar el «aire de superioridad moral» que, a su juicio, caracterizó parte del mandato de Albert Rivera tras el salto de Ciudadanos a la arena nacional, deteniéndose especialmente en la «reacción exagerada y demagógica» del ex político a la sentencia sobre la trama Gürtel, el caso que motivó la moción de censura que expulsó a Rajoy de Moncloa.

No me pareció de recibo su pretensión de monopolizar la moral y la virtud y su talante inquisitorial

Mariano rajoy, sobre albert rivera

Pero el punto y final del apoyo al ex dirigente popular y la exigencia de elecciones que por aquel entonces consideraba ganadas no son los dos únicos elementos que censura el ex presidente del Gobierno sobre la gestión de Albert Rivera. «Lo que no me pareció de recibo fueron los ataques personales, su pretensión de monopolizar la moral y la virtud, sus vetos a las personas, su talante inquisitorial y su adanismo evidente. Demasiado populismo para quienes no deberían haber entrado en esas dinámicas», zanja, con la vista puesta en la etapa en que Ciudadanos llegó incluso a superar al PP en las encuestas como principal fuerza de la oposición.

No obstante, y una vez los dos salieron de la política -Albert Rivera lo hizo más de un año después que Rajoy, tras el batacazo de Ciudadanos en las generales de 2019-, cuenta el ex presidente del Gobierno que ambos dirigentes agendaron un almuerzo informal en casa del político catalán en el que resolvieron sus diferencias. «Pasé un rato muy agradable en su casa. Me pareció la mejor manera de conocer a la persona que no siempre se mostraba accesible en nuestra vida política anterior (…). Y me gustó verle. Le deseo lo mejor», relata.

2.- La conversación con un «dolido» rey emérito

El ex presidente del Gobierno desvela también en su nuevo libro que, en agosto de 2020, el mismo día en que se comunicó oficialmente la salida de Juan Carlos I de España para evitar que las informaciones sobre sus presuntas cuentas en el extranjero y demás irregularidades fiscales dañasen el prestigio de la Monarquía, telefoneó al rey emérito para trasladarle personalmente su apoyo. «Le encontré como siempre, animoso, aunque dolido», menciona Rajoy, que desgrana algunos detalles más sobre aquella conversación.

Si todavía hubiera estado al frente del Gobierno, le hubiera desaconsejado rotundamente abandonar el país

mariano rajoy, sobre juan carlos i

«Me trasladó que se iba de España porque consideraba que era la mejor manera de ayudar a su hijo y evitarle problemas (…). Le dije que lo sentía mucho y que, desde luego, si todavía hubiera estado al frente del Gobierno, le hubiera desaconsejado rotundamente dejar el país». Acto seguido, reconoce que Juan Carlos I le aseguró que se trataba de una decisión «temporal» y que podría regresar a España «en unos meses», cuando «todo se calmase». Rajoy publica estas líneas casi año y medio después de que el monarca emérito abandonase España, aún sin noticias oficiales de ese posible regreso.

Aprovecha Rajoy las páginas de su libro para firmar un rotundo rechazo al «injusto» trato mediático que, a su juicio, se ha dado a Juan Carlos I, «entre otras razones porque se ha visto obligado a abandonar su país a una edad avanzada (…) y se le haya convertido en una especie de exiliado oficioso sin más condena que la de algunos medios de comunicación (…). Y defiende su regreso a España para que responda aquí, si se da la circunstancia, a sus cuentas pendientes con la justicia. «La extraña situación de don Juan Carlos no nos hace un país mejor», sentencia.

3.- El ‘abominable’ sistema de primarias

Rajoy se sincera también en otros aspectos en los que asegura que se equivocó durante su etapa al frente del Gobierno y del Partido Popular. Y la aceptación del sistema de primarias promovido por otras organizaciones para la definición de su entramado interno es una de ellas. «Yo mismo tuve la feliz y demagógica idea de apuntarme al llamado sistema de elecciones primarias», que sustituye el modelo de elección de la dirección del partido exclusivamente por parte de los compromisarios para la inclusión de toda la militancia.

A su juicio, el resultado de la aceptación de este sistema, -actualmente vigente también en el PP, con un modelo ‘mixto’ en el que votan tanto los compromisarios como las bases del partido- son direcciones en el partido «mucho más individualistas y menos participativas», al sentir ese poder legitimado por contar con la confianza de las bases del partido. «El líder deviene en un personaje cada vez más fuerte, mientras que la organización se debilita (…). El debate interno, las diferencias de criterio, las distintas sensibilidades dejan de tener sentido, porque la voz de la militancia se convierte en la única autoridad», zanja. El análisis de Rajoy, sin embargo, es genérico y no ahonda en la particular crisis interna del PP, que tiene su origen precisamente en el control que pretende ejercer la cúpula de Génova en una organización territorial, en este caso la de Madrid.

4.- Los «grupúsculos» de la España vaciada

Para un férreo defensor del bipartidismo y de la recuperación de los grandes consensos entre las dos fuerzas hegemónicas de España -PP y PSOE- la posible irrupción de los «grupúsculos» de la llamada España Vaciada genera importantes recelos que también reconoce Mariano Rajoy en Política para adultos. «No es saludable que el interés general acabe subordinado a las pequeñas particularidades y localismos», agrega el ex presidente, que reconoce el reto de gobernar con «semejante muestra de pluralidad» y con partidos cuyo único objetivo es «arrancar prebendas para sus respectivos territorios», renunciando, dice, al «bien común».

Rajoy dedica también unas líneas para hacer un llamamiento a «luchar contra la corrupción» pero respetando «los principios básicos de la presunción de inocencia», un supuesto al que alude en múltiples ocasiones. Sin entrar a detallar los pormenores de los distintos casos judiciales que salpicaron al PP también durante su época al frente del Gobierno, denuncia lo que denomina como «juicios paralelos» que se ejercen especialmente sobre perfiles con proyección pública que, sin una sentencia firme, «se llevaron por delante sus carreras políticas» e, incluso, «su reputación» sin que «hayan sido reparadas». No menciona su caso particular ni el motivo de su salida de la presidencia del Gobierno, pero sí menciona los casos de Cristina Cifuentes o de Francisco Camps. «Yo siempre me negué a admitir que la simple imputación obligara a la dimisión del político investigado, y no me resultó fácil hacerlo cuando había en toda España un clamor inquisitorial», agrega.

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