España

Felipe VI da por hecho que el emérito no vendrá a España hasta después de la Pascua Militar

Juan Carlos dice asumir que instalarse en Zarzuela crearía un problema a su hijo, por lo que baraja el norte de Portugal en la frontera con Galicia

Felipe VI y Juan Carlos I es una imagen de archivo EFE

Felipe VI sabe que su discurso de Navidad, un año más, va a ser escudriñado a la búsqueda de alusiones a su padre, el Rey emérito. Ha pasado año y medio de su marcha y en este tiempo se ha archivado la causa que se seguía contra él en Suiza y todo apunta a que pasará lo mismo con las tres líneas de investigación que tiene abiertas la Fiscalía en España. Él quiere volver, pero Zarzuela trabaja ajena a esas informaciones y se centra en el discurso sin la previsión de un regreso inmediato. «No trabajamos con suposiciones», dicen en la Casa Real.

De hecho, el Rey descarta una vuelta inminente de su padre. El emérito ha comentado a su círculo íntimo que no desea crear problemas a su hijo y eso incluye no volver antes del Mensaje de Navidad ni dela Pascua Militar. Tampoco instalarse en la Zarzuela, aún siendo su deseo. Baraja el norte de Portugal, cerca de la localidad fronteriza de Bayona, donde tiene buenos amigos. Muy agradecido a Emiratos -no descartaría viajar allá de vez en cuando- su deseo es morir en España.

Zarzuela mantiene un enorme hermetismo, pero fuentes próximas al emérito indican que éste le ha hecho llegar a su hijo el deseo de volver. Si bien, en puridad, no hay nada que lo impida, se mantienen en muy buena medidas las razones que aconsejaron su salida, esto es, evitar el daño que podría hacer a la institución. De momento, parecen conformarse con que no interfiera en el que es el discurso anual más importante del Rey .

El objetivo es evitar que interfiera en el discurso anual más importante del jefe del Estado

La misma filosofía se aplica a su intervención en la Pascua Militar el 6 de enero. Sólo un día antes, el 5, Juan Carlos I cumple 84 años. De hecho, su provecta edad es uno de los argumentos que manejan fuentes de su entorno para justificar un necesario regreso al país del que fue jefe del Estado durante treinta y nueve años y actor fundamental en la Transición de la dictadura de Franco a la democracia.

Desde que el fiscal Yves Bertossa archivara la causa sobre el origen y donación a Corina Larsen de 100 millones de dólares, se han precipitado las informaciones sobre su vuelta. No hay unanimidad entre ellas. Desde que pretende ir a Zarzuela y recuperar la asignación pública que le retiró su hijo en marzo del año pasado, a que sólo quiere pasar unas semanas por España o, también, que se le busca residencia fija que no sea Palacio.

Hace un año, el jefe de Estado en su mensaje de Navidad se limitó a hacer una velada alusión a la situación de su padre -ya en un «exilio» dorado- al apelar a los «principios morales y éticos que los ciudadanos reclaman de nuestras conductas», principios «que nos obligan a todos, sin excepciones» y «están por encima de cualquier consideración, de la naturaleza que sea, incluso de las personales o familiares». Y agregó: «Así lo he entendido siempre, en coherencia con mis convicciones, con la forma de entender mis responsabilidades como jefe de Estado».

Discrepancias entre los socios de Gobierno

Moncloa habló de «un discurso que va a gustar mucho» centrado en el Covid y en la crisis sanitaria, económica y social que hizo de España uno de los países occidentales más afectados por la pandemia. La visión del entonces vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, fue muy distinta al vaticinar que dicho discurso abriría en los hogares españoles un debate sobre el futuro de la Monarquía.

Unidas Podemos sigue marcando distancias en un tema que enfrenta a los socios de Gobierno. También temen que, de nuevo, vayan a enterarse por la prensa de la vuelta del emérito, sea cuando sea, y de las conversaciones de Sánchez con Zarzuela. Admiten fuentes del sector morado del Gobierno que «Pedro Sánchez puede tener más confianza en la discreción de Yolanda Díaz que en la de Pablo Iglesias», pero tampoco descartan el deseo del presidente del Ejecutivo de «castigar» de algún modo el ascendente y protagonismo de Díaz manteniéndola al margen de este asunto.

La situación del rey emérito vivió ayer un enésimo capítulo algo chusco. La presidencia del Senado tramitó, como es preceptivo, la petición del senador de Compromís Carles Mulet para que la actriz y presentadora Bárbara Rey comparezca ante la comisión de Interior de la Cámara Alta. Será la mesa de dicha comisión la que decida, no antes de febrero, si atiende esta petición.

En el Senado descartan que Bárbara Rey vaya a comparecer en la comisión de Interior

La pretensión de Mulet es que la también domadora de elefantes explique «las informaciones que apuntan a que recibió dinero público de fondos reservados para que no hiciese públicas sus supuestas relaciones con supuestos cargos del Estado». Formada la comisión de Interior por tres senadores del PSOE y dos del PP, todo apunta a que la intención de Mulet morirá ahí.

De hecho, esta petición de Mulet tendrá el mismo recorrido que otra del mismo senador respecto a si España estaba preparada para una «apocalipsis zombi». Aquello lo hizo para protestar, dijo, ante la falta de respeto al control parlamentario.

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