Yolanda Díaz limitó su presencia en las elecciones castellanoleonesas a la mínima expresión. Su única aparición sucedió el pasado jueves en Castronuño, una localidad vallisoletana de 825 habitantes gobernada por una coalición encabezada por Izquierda Unida. "Un pueblo que representa lo que me gusta: la gente humilde, las personas que saben trabajar y vienen desde abajo y los pueblos despoblados. Galicia es así. Soy yo misma", declaró frente a un micrófono, sin cartelería, con el resto de intervinientes sentados sobre un precario escenario.

En la formación morada guardaban un resquicio de esperanza de que la presencia de la vicepresidenta segunda en el penúltimo día de campaña, jalonada por la reforma laboral y la subida del Salario Mínimo Interprofesional, actuara como una suerte de "efecto balsámico", capaz de acercar a la coalición de Podemos, IU y Alianza Verde al objetivo del tercer procurador y el grupo propio en las Cortes. La ilusión se desvaneció la noche del domingo. La unión de Podemos e IU, inédita hasta entonces en la región, se dejó más de 39.000 votos respecto a los resultados cosechados por la suma de las dos candidaturas en 2019.

Su viaje "in extremis" a Castilla y León no tuvo ningún poder demoscópico. La coalición ni siquiera pudo revalidar el número de sufragios obtenido en los comicios previos. Tampoco la cifra ya raquítica de dos procuradores. La constatación ha hecho cundir la preocupación en las filas de Podemos. Según ha podido saber El Independiente, la principal inquietud es la falta de traslación del empuje de la gallega, la política más valorada del momento, en una contienda que inaugura un nuevo ciclo electoral en España. Nadie oculta el hecho de que Díaz optó por pasar de puntillas por los comicios de una región en la que Podemos nunca ha sido referencia.

Pero en la formación contaban con que su aparición tuviera algún reflejo alcista en las urnas. Díaz fue ungida como líder de unas futuras elecciones generales por Pablo Iglesias, consciente de que aporta un plus que no genera ninguna de las dirigentes actuales del partido, entre ellas, las ministras Ione Belarra e Irene Montero. Un valor añadido que no ha funcionado en las urnas, ante el tirón de Vox y las candidaturas provincialistas de la España Vaciada, el nuevo enemigo electoral de los morados. En su contra también parecen haber jugado las reticencias de un sector regional de IU, muy reacio a pactar con Podemos.

En público la dirección de Podemos insiste en que el batacazo no va a cambiar la estrategia ni va a incrementar la presión sobre Díaz para que, de una vez por todas, comience a concretar su "frente amplio" e inicie su ronda de "escuchas con la ciudadanía" que ha aplazado en varias ocasiones, alegando deberse a las negociaciones de la reforma laboral y el salario mínimo. Sabedores de que sigue siendo su mejor baza, se muestran pacientes y consideran que la vicepresidenta tiene suficiente capital político como para concederle el tiempo que necesite.

Paciencia con "los tiempos"

"Los tiempos del proyecto de Yolanda los marca Yolanda y los respetamos totalmente", deslizó este lunes Pablo Fernández, candidato de la formación en Castilla y León y coportavoz de Podemos. Fernández, que acompañó a la vicepresidenta en su acto de Castronuño, volvió a justificar su ausencia en la campaña porque se encontraba inmersa "en cuestiones de enorme enjundia". A pesar de las llamadas a la calma en público, la reservas a su aún incierta estrategia crecerán internamente si Díaz no va materializando un proyecto que aspira a reunir al fragmentado espacio a la izquierda del PSOE, fruto en parte de las riñas que estallaron en su seno.

Si Unidas Podemos simplemente se encomienda al 'milagro Yolanda' no es difícil saber lo que ocurrirá

PABLO IGLESIAS

Pablo Iglesias fue este lunes el primero en advertir de los riesgos que se ciñen sobre las siglas de las que fue máximo exponente. "Si los partidos de Unidas Podemos simplemente se encomiendan al 'milagro Yolanda' y al 'milagro frente amplio' no es difícil saber lo que ocurrirá. Los partidos deben armarse para la batalla ideológica sin complejos, deben hacer trabajo territorial y deben cuidar sus liderazgos. Que todo dependa de una personalidad pone demasiado fácil el disparo del adversario. Lo digo por experiencia", indicó en su columna en Contexto.

Para Iglesias, la primera lección que deben interiorizar los que aún quedan en Podemos es evitar entrar en lo que considera una guerra mediática para debilitar al partido, lanzada desde medios afines a la izquierda. "Unidas Podemos debe ponerse la tercera dosis de la vacuna contra el virus de la cizaña", instó el cofundador. "Habrá medios (también progresistas) que alentarán la guerra interna en Unidas Podemos tratando de enfrentar a Yolanda con Podemos. Construirán un relato coyuntural que presente a Yolanda como 'la buena' y a Podemos como 'los malos', pero si vuelve la hora de negociar un gobierno de coalición harán lo posible para evitar que haya ministros del Frente Amplio o como se llame".

Un partido en caída

Hasta ahora la vicepresidenta ha optado por no bajar al barro, evitando los actos electorales y escudándose en su labor al frente del ministerio. Un ejercicio al que ha sumado la indefinición sobre su proyecto de "frente amplio" del que se desconoce todo más allá de esa vaga denominación. En Podemos la confianza en la capacidad de sumar de Yolanda sigue siendo más fuerte que cualquier expresión de crítica pública. Entre sus cuadros se continúa hablando de respetar sus tiempos, en una suerte de tregua que puede aún prolongarse unos meses.

"Si algo podría ser demoledor para el espacio y para la candidatura de Yolanda es repetir errores del pasado. La disciplina no es incompatible con la democracia interna; lo que destroza la democracia interna es mediatizar los debates", arguyó Iglesias, marcando las líneas rojas.

A modo de disculpa y para alejar cualquier comparación nacional, Podemos recalca el adelanto electoral, que los pilló a traspiés; el ajustado resultado en Burgos, donde el procurador no se consiguió por 500 sufragios; la falta de implantación en el medio rural; y el perfil más conservador del voto en Castilla y León frente a regiones donde aún tienen arrastre, como Aragón, País Vasco o Cataluña. En esta última, hace justo un año En Comú Podem solo pudo retener sus ocho escaños en el Parlamento. Sin más. En julio de 2020 el batacazo fue monumental. Quedaron fuera del Parlamento gallego, donde eran segunda fuerza, y redujeron a la mitad su presencia en la cámara vasca, con 6 escaños.

La unidad de la izquierda e ir acumulando siglas no es la solución ante una crisis tan profunda

ANTICAPITALISTAS

La crítica abierta hacia la estrategia procede, en cambio, de quienes una vez formaron parte del proyecto podemita y quienes potencialmente se sumarían a un frente que podría tener su primer ensayo en las elecciones andaluzas, a celebrar en algún momento de aquí a finales de este año.

Desde Anticapitalistas, que en 2019 se presentó junto a IU y hace dos años se desligó completamente de Podemos, inciden en que lo sucedido refuerza sus tesis. "En estas elecciones la suma de Podemos e Izquierda Unida ha perdido el 40 por ciento de los votos. Y no se pierden porque se vayan al PSOE sino porque se han ido a candidaturas de la España Vaciada o la abstención. Tiene que haber una reflexión. La unidad de la izquierda e ir acumulando siglas no es la solución ante una crisis tan profunda como la que se atraviesa en estos momentos", admiten.

A juicio del partido, que tiene en el sur y la marca "Adelante Andalucía" su principal fuerza, la constante sangría del apoyo a Podemos se debe a su rol como "muleta" del PSOE. "Un frente amplio que mantenga la misma estrategia de sumisión al PSOE va a obtener los mismos o parecidos resultados", aducen. "Lo que hay que debatir es si ese frente amplio tiene que volver a una política impugnadora y que cuestiona los consensos neoliberables o si solo va a ser el nuevo nombre de la muleta del PSOE".

Aviso al PSOE: "Políticas más audaces"

Díaz, que permaneció en silencio desde la noche electoral hasta la sobremesa del lunes, subrayó la necesidad de "una reflexión profunda". "Hay un debate entre la España que crece y la España que mengua: la despoblación, la emergencia climática, las infraestructuras y los servicios básicos son problemas reales y deben ser abordados en un nuevo proyecto de país", consideró en su cuenta de Twitter pero volvió a rehuir cualquier concreción.

Desde Podemos, una de las lecturas que han extraído del 13-F es que su poder radica todavía en ser socio del Gobierno de coalición. Y es en el Consejo de Ministros donde debe fraguarse su rearme, "con políticas audaces". "En este contexto de normalización y blanqueamiento de la ultraderecha lo que se precisa son políticas progresistas valientes. A la ultraderecha se le frena no con una gran coalición de PSOE y PP sino con derechos, ampliando derechos basados en la justicia social y la justicia fiscal", declaró Fernández. Un aviso directo a La Moncloa que incide en su apuesta por la reforma fiscal y que augura nuevas fricciones en el Ejecutivo.