España

Pegasus coge al Gobierno en el peor momento electoral desde el cambio de ministros

Isabel Rodríguez y el ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, a su salida de una rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros.

La ministra Portavoz Isabel Rodríguez y el ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, a su salida de una rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros. EP

El caso del espionaje a líderes independentistas mediante el malware Pegasus ha generado fricciones en el seno del Gobierno. Por un lado, entre el PSOE y Unidas Podemos, por la negativa socialista a relegar a la ministra de Defensa Margarita Robles y favorecer una comisión de investigación que esclarezca los hechos, al margen de la de secretos oficiales en el Congreso de los Diputados. Por otro lado, en el propio socio mayoritario de la coalición entre el titular de Presidencia Félix Bolaños y la propia Robles, que han protagonizado un cruce de reproches por no haber detectado a tiempo las injerencias externas a dispositivos móviles como el del presidente Pedro Sánchez.

Al escándalo de la vigilancia al independentismo, denominado como CatalanGate, y al jefe del Ejecutivo y la de Defensa, se añade la coyuntura económica inflacionaria. Y ante esa debilidad del Gobierno pasado el ecuador de la legislatura, tanto interna como externa, acrecentada por la amenaza de su socio de investidura Esquerra Republicana para retirar el apoyo parlamentario, el PP ha acelerado la maquinaria enfocándose de cara a un posible adelanto electoral.

El pasado miércoles, en la primera intervención como presidente del PP en un desayuno informativo, Alberto Núñez Feijóo invitó a Sánchez a adelantar las elecciones generales por el «caos» entre sus ministros y con los aliados externos. El gallego echó más leña al fuego pese a que en Génova, dicen, saben que el líder socialista y los morados de Yolanda Díaz aguantarán «cualquier chaparrón» que venga. Por algunas encuestas, que ponen a Sánchez ya como segunda opción política a nivel nacional, por el retroceso de Unidas Podemos y por la ausencia, todavía, de un proyecto unitario a la izquierda del PSOE liderado por la vicepresidenta y ministra de Trabajo.

«Hay presidentes que han convocado elecciones cuando no podían aprobar el Presupuesto. Y hay presidentes que han convocado elecciones cuando le fallaban sus aliados y socios parlamentarios», dijo Feijóo en referencia, primero, al presidente en funciones de la Junta de Andalucía Juanma Moreno Bonilla y, segundo, a Alfonso Fernández Mañueco, reafirmado nuevamente presidente de Castilla y León en alianza con Vox.

En Génova creen que el PSOE y Podemos alargarán lo máximo la legislatura

Precisamente, Andalucía supondrá «un punto de inflexión», comentan los populares, en múltiples sentidos. Por ejemplo, para el PP y Ciudadanos. Los conservadores creen que el partido de Inés Arrimadas aceptará listas conjuntas en Valencia tras las elecciones para comenzar a reunificar el centroderecha. Pero, sobre todo, que, si Moreno Bonilla gana los comicios y bordea la mayoría, como se estima en los sondeos publicados desde el anuncio electoral, el camino hacia La Moncloa para Feijóo se presentará más liviano, al ser el andaluz uno de los históricos y principales feudos socialistas. Eso llevaría a los populares ha intensificar las arengas electorales desde finales de junio, tras el 19-J.

Primera opción política

El PSOE ha vuelto a perder la primera plaza electoral, al menos en escaños. Así lo evidencian los dos últimos grandes sondeos publicados por las demoscópicas 40dB para El País e IMOP para El Confidencial. En ambas estimaciones, los de Feijóo superan en dos escaños a los socialistas. La primera asigna al PP 108 representantes frente a los 106 del PSOE; la segunda 104 frente a 102. Y no solo eso, el líder popular ha conseguido sacar de la abstención a más de 1,2 millones de exvotantes, apunta 40dB. Con todo, ambas encuestas determinan que el PSOE está ligeramente por delante -entre dos y cuatro décimas- en porcentaje de voto.

El PSOE vuelve a moverse electoralmente en torno a los 25 y 26 puntos, cifras que no vislumbraba desde finales de 2021 y el mes de enero. La caída en las encuestas en mayo del año pasado, provocado por polémicas como la modificación de la ley de educación o las tensiones con Marruecos y la frontera de Ceuta y Melilla, así como la acogida del líder del Frente Polisario Brahim Ghali, llevaron a los socialistas a atravesar grandes dificultades que quedaron reflejadas en la intención de voto, con una bajada de hasta tres puntos. Eso, lo aprovechó el PP, aún con Pablo Casado al frente.

Sánchez optó por remodelar el Gobierno para renovar la imagen tras el grueso de la pandemia y depurar a los ministros más desgastados. Cayeron, entre otros, las titulares de Educación y de Exteriores, Isabel Celáa y Arancha González-Laya, mientras que Salvador Illa, uno de los mejores valorados, pasó a ser candidato a la Generalitat de Cataluña. En junio, previamente a la remodelación, GAD3 estimaba a Sánchez un 25,5% y 102 escaños frente a un 30,7% y 137 de los populares. Por su parte, SigmaDos esbozaba una diferencia de un 25,9% y 103 diputados contra un 29,4% y 130 del PP; mientras que Metroscopia, contemplaba una mucho menor, de 26,1% y 30,2%.

Sánchez no cae a niveles electorales tan bajos desde finales de 2021

En septiembre, al reanudarse la actividad parlamentaria, GAD3 apenas subió la estimación al PSOE en dos escaños, pero bajó la de los de Casado a 120, 17 parlamentarios menos. Mientras que Metroscopia fue más allá: acortó la distancia entre ambos a tres décimas, un 26,5% el PSOE frente un 26,2% el PP.

Al término del año, en diciembre de 2021, el grueso de las encuestas publicadas situaba a los de Sánchez entre los 102 y los 114 escaños, mientras que los populares, por las pugnas internas entre Génova y la Real Casa de Correos asistían a una fuga de votos hacia Vox. Con el relevo de ministros el PSOE no consiguió recuperar entonces a ese electorado descontento, pero sí asentarse en esa franja electoral y recuperar la primera plaza.

Alternativa en reconstrucción

Puntualmente, la llegada de Feijóo a la dirección del PP reflejó en algunos sondeos, realizados a principios de abril coincidiendo con el congreso nacional de Sevilla, un crecimiento exponencial del partido. Pasó de 22-24 puntos a más de 29 en una semana, aunque ese ‘efecto Feijóo’ terminó rebajándose a mediados de mes.

Desde febrero, Sánchez venía favorecido por la guerra interna del PP y superaba después de casi un año la barrera del 26,5% en la mayoría de las encuestas. Desde IMOP, con un 27,5% a SigmaDos, con un 26,7%. Sin embargo, el complicado escenario económico derivado de la guerra de Ucrania, ha hecho que la población priorice el bolsillo a las ideas.

La coincidencia del inicio de la etapa Feijóo con el clima económico ha venido al gallego como anillo al dedo. En primer lugar, porque el principal despliegue de políticas fomentadas desde el Gobierno desde el inicio de legislatura han tenido carácter ideológico: desde derechos sociales a transición ecológica. En segundo lugar, porque, ante la competencia directa con otro actor de marcado contenido doctrinal como es Vox, Feijóo quiere erigirse como buen gestor, apelando a su etapa en la Xunta.

A Sánchez le queda año y medio para revertir la situación, salvo que se vea obligado a apretar el botón electoral precipitadamente. Cómo reconduzca el problema económico y la temática dominante en el momento en el que convoque los comicios, determinará la balanza hacia el perfil de las ideas socialista, o de gestor popular.

Te puede interesar

Comentar ()