Solo esa pequeña intro valía para condensar el mural de sensaciones con el que el PSOE, en Sevilla capital, cerraba su campaña quizá más complicada de todo este ciclo electoral. "Las encuestas y tertulias no ganan elecciones, los debates no ganan elecciones. Las elecciones las gana la gente". La pronunciaba Javier Fernández de los Ríos, secretario general de los socialistas sevillanos, presidente de la Diputación provincial, alcalde de La Rinconada y uno de los dirigentes de más peso de la federación. Una de esas frases dirigidas a combatir el desánimo de la parroquia, el abatimiento, la frustración. Porque las encuestas dicen lo que dicen, y los trackings que se manejan internamente coinciden: el partido no remonta, no ha crecido, y alcanzar los 30 escaños de 2022 —su peor marca histórica— ya se viviría como una gesta, cada día más lejana. María Jesús Montero, la candidata, la mujer que ganó poder y peso político del lado de su jefe, de Pedro Sánchez, parece no haber prendido en su tierra, en Andalucía, a la que solo regresó cuando Juanma Moreno convocó los comicios autonómicos de este 17 de mayo, con menos de dos meses de margen, con menos de 60 días para recorrerla de punta a punta y revertir una tendencia a la baja inaguantable para un partido, el PSOE, que lideró la Junta durante 37 años.
Ella misma, Montero, se expone este domingo, 17 de mayo, a una dolorosísima derrota. Ella misma, y todo el PSOE, se asoman al precipicio, a la posibilidad del hundimiento de una federación que lo fue todo en el partido, su corazón y su ser. En la dirección piden no dar nada por hecho, insisten en que hasta que se abran las urnas pelearán por cada papeleta, se aferran a la esperanza de que el voto oculto dé la sorpresa, se fijan en que lo importante es que el PP pueda perder su cómoda mayoría absoluta para depender de Vox. Pero también se conjuran para que, pase lo que pase, no pase nada. Ferraz correrá hacia la siguiente pantalla: la preparación de las autonómicas y municipales de dentro de un año, sin dar opción a que se abran debates internos, priorizando apretar las filas y salvaguardar al Gobierno y su presidente. Será en el próximo comité federal, ya convocado, el 27 de junio.
Cuando Montero abandonó el Ejecutivo el pasado 27 de marzo, sabía que emprendía un viaje muy complicado. Ella había asumido las riendas del PSOE-A en enero de 2025, señalada por los prebostes de la federación y ungida por Sánchez como única salida posible para evitar una guerra civil. Pero, al llegar la convocatoria electoral, el partido seguía con el pulso muy débil, a años luz de un Moreno que partía como indiscutible favorito, aunque sin tener amarrada la absoluta.
La exministra de Hacienda en los últimos ocho años, la exvicepresidenta primera del Gobierno, decidió con Ferraz recorrer la travesía hasta las urnas arropada por todo el PSOE. Por el presidente y prácticamente todos los ministros socialistas, miembros de la ejecutiva, expresidentes andaluces. Sí que no se encajó al president catalán, Salvador Illa. El mensaje era evidente: el socialismo de ayer y de hoy acudiendo al rescate de su candidata y de la federación que bombeó de sangre y de votos a todo el partido en toda España. Una estrategia muy distinta a la que siguió Pilar Alegría en Aragón en las autonómicas del pasado 8 de febrero: la exportavoz del Ejecutivo prefirió echarse la campaña a la espalda, sin casi ayuda exterior, más allá de Sánchez, "pisar territorio" y quitarse su traje de miembro del Gabinete. El PSOE-A entendió, sin embargo, que para poder alzar el vuelo necesitaba aumentar la movilización. Captar los 579.000 votos más que el presidente logró en las generales de 2023 respecto a los que cosechó Juan Espadas en las andaluzas de 2022. Hace cuatro años, la participación definitiva se situó en un bajísimo 56,13% (en las legislativas, fue del 66,61%), y Ferraz y el PSOE-A necesitan que este 17 de mayo se eleve por encima del 60%, que toque incluso el 65%.
Toda la campaña de Montero ha estado orientada a ese objetivo. Y con único claim: la defensa de los servicios públicos y, especialmente, de la sanidad pública. El partido lo jugó todo a esa carta, aduciendo que la erosión de la sanidad era la primera inquietud de los andaluces, según los sondeos. A partir de ahí, construyó una campaña plana, sin introducir giros de guion, sin cambiar el paso pese a que las encuestas no dibujaban cambios al alza en la tendencia del voto al PSOE. La candidata salvó los dos debates en televisión, aunque sin brillar por la izquierda —sí lo hizo el aspirante de Adelante Andalucía, José Ignacio García—, y se vio obligada a "aclarar" sus palabras sobre los dos guardias civiles fallecidos en Huelva por la persecución de una narcolancha: habían muerto en acto de servicio, no se trataba, como dijo en Canal Sur recogiendo un comentario de Antonio Maíllo (Por Andalucía), de un "accidente laboral".
Este viernes, cierre de campaña, los ánimos en la federación estaban bajos, muy bajos. "Pinta regular", "desastroso", "todo lo que sea una participación por debajo del 60% estamos jodidos", "ambiente frío, sí", "pasan tres cosas: han destrozado el partido, la candidata no tira y no hay gente que aporte inteligencia", "nosotros a seguir hasta el final, a tope, y a que el PP pierda la mayoría absoluta", "vamos a ver, no nos precipitemos". Son los comentarios que expresan distintos dirigentes andaluces y federales con preocupación en estas últimas horas. En el partido se percibe el pesimismo, aunque también todos piden prudencia hasta ver los resultados el domingo. Según los números que maneja el partido, Montero no acaba de remontar y podría rondar los 25-26 escaños, algo por encima o por debajo, pero en todo caso sin tocar el umbral psicológico de los 30 diputados de Espadas de 2022. Moreno podría perder la absoluta, sí, pero el temor es que el pequeño estirón de Vox y el más acusado crecimiento de Adelante suponga el recorte de asientos de los socialistas, ya que las actas que ganarían las dos formaciones saldrían del descuento de las dos grandes fuerzos. "Y por eso la mayoría del PP está en el aire". Así las cosas, el PSOE podría perder en torno a dos puntos desde el 24,10% de hace cuatro años.
Sin "liarse" ni "despistarse"
Esas perspectivas explican buena parte de los mensajes de este viernes en el mitin de cierre de campaña en Sevilla, en el Palacio de Exposiciones y Congresos de la capital, ante unos 3.500 militantes y simpatizantes, según la organización. Montero pidió a los electores progresistas que no se confundan —"no nos liemos"—, que, como había dicho la víspera en Cádiz, no se despisten, que el PSOE es la "única alternativa" viable de izquierdas. La candidata demandó la movilización de mujeres, jóvenes y clase media, porque el voto es "el arma más eficaz" de la gente "humilde" para cambiar las cosas. Que "no se quede ninguna mujer en casa", señaló, apelando al voto femenino, siempre fundamental para los socialistas. "Vayamos a votar al PSOE", señaló, "las mujeres sabemos que la única garantía de avance, de visibilidad, de conseguir nuevos retos y situarnos en igualdad lo da el PSOE". "Si votamos, ganamos", repitió, como había hecho en esta recta final.
"Que no os den gato por liebre —avisó Sánchez—. He visto que a Moreno no le acompaña [Alberto Núñez] Feijóo en Málaga. El que no es presidente porque no quiere no participa en el cierre de campaña de Moreno porque no le invitan. Pero son lo mismo: [Isabel Díaz] Ayuso, [Juanma] Moreno, [Carlos] Mazón, [Jorge] Azcón y [María] Guardiola son lo mismo. La derecha tiene muchas caras, pero una sola cruz: recortes, privatización y desigualdad. Por eso pido el voto para el PSOE y para María Jesús Montero. Andalucía tiene un freno, PP y Vox, y una única solución, María Jesús Montero y el PSOE. O recortes o derechos, o avance o retroceso, o privatizaciones o sanidad pública, o PP y Vox o PSOE y María Jesús Montero".
El presidente reclamó a los votantes progresistas, primero, "movilización". "En Andalucía hay mucha gente que en generales votará al PSOE. A todos les pido que se movilicen y voten al PSOE y a Montero". Y, después, les pidió "coherencia". "Si quieres un Gobierno de izquierdas, vota a la izquierda y al PSOE, y vota a quien realmente puede sacar al PP y evitar que Vox entre en San Telmo". Es decir, participación máxima, concentración del voto en torno a Montero y no apostar por Moreno pensando que no es muy de derechas porque es "lo mismo" que sus otros compañeros del PP, empezando por la propia Ayuso.
Y, consciente de que su exvicepresidenta genera un rechazo que delatan las encuestas, insistió en que ella es la "mejor candidata" a la Junta, por quien siente no solo "debilidad", sino una "auténtica y genuina admiración", porque la conoce de sobra, porque ha trabajado con ella, le ha acompañado "desde el primer momento" y es un "ejemplo" de militancia socialista, de "compromiso andalucista", de defensa de los servicios públicos, una persona "tenaz, comprometida, trabajadora, alegre, con convicciones e íntegra", que desde el palacio de San Telmo, sede de la Junta, seguirá "transformando" Andalucía, ahora como jefa del Gobierno autonómico, y será un "honor" recibirla como tal en la Moncloa. De nuevo, tiró de la épica de la remontada.
El acto de cierre en Sevilla contó con la presencia de los expresidentes Manuel Chaves y José Antonio Griñán, condenados primero por el caso de los ERE por el Tribunal Supremo y luego anulada su pena por el Constitucional. Era la primera vez que ambos estaban juntos en esta travesía hacia el 17-M. Ellos, junto a la exeurodiputada Carmen Romero, exmujer de Felipe González, venían a reflejar también ese apoyo de los veteranos a la candidata, arropada a su vez por otras figuras históricas como Amparo Rubiales y por miembros de la cúpula federal como la secretaria de Organización, Rebeca Torró, o el sevillano Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, además de los números dos y tres del PSOE-A, María Márquez y Paco Rodríguez. En la fila cero no estaban los expresidentes Rafael Escuredo, todavía enfermo, y Susana Díaz, que tenía acto electoral en otra provincia y por tanto sí ha protagonizado mítines de apoyo a Montero, igual que Chaves. El partido había previsto un acto de la exministra con todos los expresidentes andaluces, pero la muerte de la mujer de José Pepote Rodríguez de la Borbolla lo impidió, así que el mitin de este 15 de mayo pretendía, en cierta medida, recrearlo. De nuevo, la estampa del PSOE de ayer y de hoy acudiendo en auxilio de la candidata.
¿Bajó demasiado tarde a Andalucía?
En la cúpula regional reconocen que la campaña se ha hecho cuesta arriba, que ha "costado" mucho más de lo previsto, y que no han conseguido, al menos por ahora, la movilización pretendida. Prefieren no anticipar conclusiones hasta ver los datos el domingo, aunque sí intuyen que puede no haber funcionado haber "centrado" tanto el mensaje en la sanidad. Y asumen que, si hay un mal dato este 17-M, una crítica segura es que Montero tardó demasiado en salir del Gobierno, dedicándose en exclusiva a Andalucía menos de los 54 días del periodo electoral. "Es verdad que podía haber bajado antes aquí, pero entonces no habría tenido foco, porque el foco se lo daba ser vicepresidenta del Gobierno. Y ha hecho más de 60 actos desde que dejó el Gobierno", apunta un miembro del núcleo duro de la líder autonómica socialista. En el equipo de campaña advierten de que no es nada fácil combatir a Moreno, que cuenta con un "electorado muy fiel", y más aún cuando la participación no se levanta y queda, presumiblemente, por debajo del 60%. "Ojalá tuviéramos la varita. Pero, ¿qué proyecto tiene Juanma para esta tierra? No le hemos oído nada", manifiesta un alto mando del PSOE-A.
Otros dirigentes creen que se han acumulado muchos errores. Para un destacado dirigente federal, ha fallado Montero, porque los ciudadanos demandan perfiles de "gente humilde sencilla", pero también su dirección. Un análisis que verbalizan otros cuadros del PSOE-A consultados, que coinciden en que la exvicepresidenta ha pecado de hacer "muchos mítines", pero "poca calle", poco contacto con el andaluz de a pie.
"La campaña no puede ser que te reúnas con los tuyos en todas las provincias. Pilar [Alegría] se tiró a la calle y María Jesús no ha salido del entorno del PSOE, y eso es síntoma de inseguridad", señala con cierta irritación un alto responsable provincial. "Es que la candidata no puede bajar 54 días antes de unas elecciones. Esto no es Murcia ni La Rioja. La ilusión que tuvimos al elegirla el año pasado duró dos meses. No sé si ella no quería bajar o no la dejaron. Ella era una candidata de manual como lo fue Espadas en su momento. Pero no ha tenido ilusión. Chaves también vino mandado aquí, pero cuando se lo dijo Felipe, se calzó la cazadora y asumió su papel. Desde febrero del año, cuando celebramos el congreso regional, aquí no ha venido apenas". "Está claro que no hemos sido alternativa, y también que no se puede hacer en un mes lo que exige un año", valora otro veterano mando federal con hilo directo con el presidente.
Otros responsables indican que el hecho de que fuera titular de Hacienda ha operado como una losa contra ella, por ser una de las carteras "menos amables" para los ciudadanos. "Andalucía necesita presencia en el territorio y un discurso autónomo, en cierta medida, y no hace falta que esté en el Gobierno central, porque el líder del PSOE en Andalucía, más o menos, tiene su foco", resume un barón provincial. "Ha faltado un proyecto político más consolidado y más de izquierda y de Andalucía", abunda una diputada nacional de otra provincia.
En el PSOE-A se observa que ha fallado el enfoque de la campaña, la agilidad en las respuestas al contrario, la falta de cierta imaginación, el peso de las lógicas de una maquinaria demasiado anquilosada y que no se ha acostumbrado a su papel en la oposición. "La quiero mucho, pero ese no es su papel —afirma una dirigente que la conoce bien y que ha trabajado con ella—. María Jesús, de técnica y discreta, es perfecta. Ella en Hacienda y ayudando es buena. Pero aquí habría hecho falta un bichaco con cultura y toreo para poner contra las tablas a un farsante como Moreno Bonilla, que no tiene ni media hostia intelectual".
Lo que también se pondrá más en cuestión es la estrategia de Sánchez de lanzar ministros como candidatos en las autonómicas. Falló con Alegría y puede fallar con Montero. "Si ocurre, se demostrará que no ha funcionado, que ha sido un error. Pero vamos a esperar a que llegue", analiza un influyente mando del PSOE-A.
El PSOE no se abrirá en canal
Ferraz no quiere demasiadas lamentaciones si el 17-M se confirman los malos pronósticos que reflejan las encuestas. Este pasado lunes, la ejecutiva de Sánchez procedió a convocar al comité federal, máximo escalón de dirección, para el 27 de junio, con una antelación de casi mes y medio, un margen realmente infrecuente en los usos del PSOE. La cúpula federal lanzaba así un mensaje diáfano: todo el partido se tiene que situar en el paso siguiente, en las primarias para la elección de los candidatos a las elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2027.
Así, previsiblemente, sucederá como ocurrió tras los fiascos de las elecciones en Extremadura del 21 de diciembre, de Aragón del 8 de febrero y, en menor medida, de Castilla y León del 15 de marzo —las únicas que se saldaron con cierto alivio—. Esto es: el partido no se abrirá en canal ni se sumergirá en un largo proceso de reflexión. No hay tiempo porque la tarea siguiente ya está en espera. Ferraz se garantiza acallar debates internos y, a la vez, satisface los deseos de las federaciones, que querían manos libres para empezar a proyectar a sus candidatos y disponerlos en la línea de batalla frente al PP lo antes posible.
En las alturas de Ferraz y en la Moncloa descartan que una caída del PSOE-A este 17-M tenga consecuencias sobre Sánchez, pese a que Montero es aún una dirigente de su máxima confianza —sigue siendo la vicesecretaria general del partido—. Las andaluzas, reiteran, "no son un plebiscito para el presidente", porque "plebiscito solo hay uno, y es el de las generales que se celebren en 2027". "Ya lo dijimos en todas las elecciones pasadas de este ciclo: lo que ocurre en las autonómicas no tiene reflejo para nada en las generales. Lo aprendimos en 2023, cuando perdimos en las autonómicas y municipales y pudimos retener el Gobierno dos meses después. Es más, estamos muy contentos porque vemos a todo el partido que ya que el año que viene vuelve a ser presidente Pedro Sánchez", señalan desde el aparato, donde enfatizan que la clave de estos comicios es que Moreno puede perder la absoluta, y eso "sería un palo muy gordo" para él y para el PP.
Lo que ocurra el domingo, en cualquier caso, no afectará "nada" a la dinámica del Gobierno, y "no se ve" tampoco una revolución en el partido. "Las generales tienen su camino, nada que ver con las autonómicas", lee un ministro de peso del Ejecutivo, convencido de que Sánchez podrá aglutinar el voto progresista y ser competitivo frente a Feijóo, porque continúa siendo el gran activo y motor de la izquierda. "Este ciclo electoral ya está amortizado. Ya todos estamos esperando a 2027", resuelve una integrante de la cúpula federal. El propio Sánchez, en Sevilla, dejó claro que la legislatura no se corta: "Llevamos casi 3.000 días al frente del Gobierno y queda mucho por hacer, principalmente en la vivienda. Por eso siempre digo que estamos a mitad de tarea, que llevamos ocho años, que han sentado muy bien a España, y otros ocho años que vamos a estar cambiando y resolviendo muchos otros problemas que tiene nuestro país". Justo este viernes se convertía en el segundo presidente más longevo de la democracia tras Felipe González, 2.905 días, uno más ya que José María Aznar.
Tampoco se espera que el PSOE-A entre en combustión, en caso de que las urnas validasen los sondeos. Distintos barones y dirigentes provinciales apuntan que no sería responsable provocar una crisis interna en una federación que es sistémica para los socialistas. "María Jesús, pase lo que pase, debe seguir pilotando junto a nosotros, los secretarios generales, el futuro del PSOE de Andalucía", manifiesta uno de los líderes provinciales, que considera que la coordinación en esta campaña con San Vicente, la sede regional, ha sido "mejorable". "Si sale mal la cosa, ella reflexionaría y consultaría a la gente. No veo a los secretarios generales saltando al día siguiente", indica un jefe de un aparato. "María Jesús", conviene un alto cargo institucional provincial, "no se puede ir, tenga el resultado que tenga. No puede irse porque sería abrir un melón, abrir un proceso orgánico complicado. Hay que ser consecuentes y responsables, independientemente de lo que le pida a cada uno el cuerpo. Eso sí, los que se han quedado fuera de listas y de todo puede que monten lío: no mueven una hoja, pero sí tienen capacidad de hacer ruido". Montero, eso sí, no dejó claro en una entrevista en El País si se quedará en Andalucía ocurra lo que ocurra: "Estoy en la victoria del domingo y animando a mi partido".
En el cogollo del PSOE-A reclaman prudencia. Si se da mal la noche del 17-M, habrá una primera reflexión, pero no "grandes sobresaltos". "María Jesús tiene que quedarse a ordenar el tráfico hasta las municipales y generales. Los barones provinciales tienen ellos mismos un melón gordo, que es ordenar las candidaturas en sus territorios, y a ellos tampoco les conviene el ruido de cara a sus elecciones. Además, ellos se han deslomado en estas autonómicas, nadie ha bajado los brazos". La cúpula de Montero pidió a Ferraz que el comité federal no se celebrara justo a continuación de las andaluzas, como deseaba la dirección de Sánchez, precisamente para dejar reposar a la federación y tener un mínimo paréntesis tras la "paliza" de la campaña. Estuvo de acuerdo en la fecha final, el 27 de junio.
Todos en el PSOE intuían desde hace muchos meses que Andalucía, la tierra tradicionalmente fetiche, sería una prueba muy dura. Casi insuperable. Tras los comicios en Castilla y León se instaló un cierto ambiente de optimismo, pero el paso de las semanas ha ido llenando el cielo de nubarrones. Todavía puede esquivarse la tormenta, esperan. Porque puede haber voto oculto, porque en la calle la acogida de la gente no es mala, "no es como la de hace cuatro años", porque hay un desgaste de los servicios públicos. Puede suceder. Pero también cabe que las nubes descarguen y que engullan todas las esperanzas de un partido muy castigado en este ciclo electoral. Con la diferencia de que Andalucía no era, ni es, una comunidad cualquiera. La más poblada de España, 6,51 millones de electores, el feudo histórico de los socialistas. El sur perdido desde hace siete años y puede que por una legislatura más.
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