Elecciones Andalucía 17M

España

Preocupación en el PSOE en la recta final de las andaluzas: la campaña de Montero "no tira"

PULIANAS (GRANADA), 13/05/2026.- El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, interviene en un acto público junto a la secretaria general del PSOE de Andalucía y candidata a la Presidencia de la Junta, María Jesús Montero, este miércoles en Pulianas (Granada).-EFE/ Miguel Ángel Molina
El secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la candidata a la Junta, María Jesús Montero, este 13 de mayo de 2026 en Pulianas (Granada). | EFE / MIGUEL ÁNGEL MOLINA

La campaña de las elecciones andaluzas entra en tiempo de descuento. Y el PSOE sufre en estas últimas horas. El trayecto hacia el 17-M no está saliendo como esperaba, ha constatado, como asumen en la dirección, que está "costando" más de lo previsto movilizar a su gente, a sus bases. Y ese era, indudablemente, su gran objetivo, seducir a los alrededor de 580.000 ciudadanos que sí salieron a votar en las generales de julio de 2023 y que sin embargo se quedaron en casa en las autonómicas de un año antes, en junio de 2022. La campaña "no tira", observan algunos cuadros con preocupación. La tensión va a más. El reto era, al menos, revalidar los 30 escaños de los últimos comicios, su peor marca en el que era su granero histórico, pero ese techo parece cada vez más difícil de tocar. Pese a todo, los socialistas esperan que los dos días que restan sirvan para despertar a sus electores y creen que puede haber un voto oculto que no estén detectando los sondeos.

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"Si votamos, ganamos". Es la frase con la que la candidata del PSOE-A a la Junta, la exvicepresidenta María Jesús Montero, se despide en los mítines en esta última semana de campaña. Ya la utilizó su antecesor, Juan Espadas, en las urnas de 2022, y a su vez él había tomado prestada la arenga de un militante del partido en Roquetas de Mar, Antonio Enciso. Y condensa el mensaje que, antes y ahora, quieren proyectar los socialistas, que solo con una movilización masiva serán capaces de vencer al presidente autonómico, Juanma Moreno, intocable en todas las encuestas, que le dan como vencedor, y con mucha holgura, pero que todavía no tiene la mayoría absoluta (55 escaños) amarrada —hace cuatro años sorprendió y la ganó (58)—. Montero se ve abocada a luchar contra un aspirante potente que vende sobre todo su propia divisa, la marca Juanma, más que las siglas de su partido, el PP. La secretaria general y su equipo han decidido que toda su campaña orbite en torno a la sanidad pública, el principal foco de desgaste del Ejecutivo andaluz, según los estudios demoscópicos, sobre todo después de los fallos en los cribados del cáncer de mama.

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La exvicepresidenta ha recorrido así una campaña en la que no ha querido introducir más temas de debate, en la que no ha habido puntos de inflexión, pero tampoco revulsivos, ni siquiera concesiones como la desvelada este miércoles por el PP: para sorpresa de nadie, Moreno descubrió que él era el que cantaba la canción convertida en himno de su propia campaña, Kilómetro sur. Montero se lo ha jugado todo a una carta. Y eso, admiten en su cúpula regional, también tiene "riesgos". "El cribado y la mala sanidad pública no son suficientes para sacar a la gente de la abstención", observa un jefe de un aparato provincial.

La candidata sí ha tenido que intentar salir de un terreno pantanoso. El lunes, en el último debate electoral, organizado por Canal Sur, el cabeza de cartel de Por Andalucía, Antonio Maíllo, condenó los accidentes laborales, porque "nadie merece perder la vida ganándosela". Y entre ellos citó lo que sucedió el viernes: la muerte de dos guardias civiles en las costas de Huelva "luchando contra el narcotráfico". Montero recogió el turno, envió sus condolencias a las familias de los dos agentes fallecidos, Jerónimo y Germán, y enganchó: "Los accidentes laborales tienen que ser una prioridad. Hay trabajadores que fallecen por el simple hecho de ganarse la vida. Y todos nos tenemos que aliar contra esa lacra de accidentes laborales". Al día siguiente, asociaciones de guardias civiles y el PP cargaron contra ella por haber hablado de eso, de "accidentes laborales". Ella misma tuvo que rectificar, primero en un mensaje en X y luego en entrevistas en diversos medios: "Estamos hablando de muertes en acto de servicio. Así lo sentimos y así debe reconocerse siempre a quienes arriesgan su vida por la seguridad de todos y todas".

Los populares la atacaron con dureza. A ella y al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, que no se acercó al funeral de los dos agentes, el sábado en Huelva, porque estaba al frente del operativo de emergencia por hantavirus en Tenerife junto a los titulares de Sanidad y Política Territorial. En la Moncloa reconocen que no se esperaban el impacto de la ausencia de Marlaska. Él mismo le restó importancia este miércoles en Baeza (Jaén), en un acto en la Academia de la Guardia Civil, donde fue pitado y abucheado cuando se dijo "rabioso" y "dolido" por la "muerte en acto de servicio de Germán y de Jerónimo".

En el equipo de campaña de Montero debatieron. Hablaron sobre qué hacer, como comentan a este diario desde el órgano, y determinaron que sobre todo había que "aclarar", más que "rectificar". Porque tanto el núcleo duro de la candidata como cuadros regionales están de acuerdo en que la polémica "no tiene recorrido" entre sus electores. "No creemos que tenga un mínimo de incidencia por lo que hemos podido comprobar", sentencian en la cúpula. La razón, esgrimen varios responsables consultados, algunos de ellos muy críticos con el estilo de la campaña, es que en la Guardia Civil no hay apenas votantes socialistas, y por tanto las fugas de papeletas son más que improbables. El cuerpo, insisten, está claramente más escorado hacia PP y Vox. "A nosotros es que casi nos sale a devolver", ironiza un cargo andaluz con escaño en las Cortes Generales.

"Este tema ha tenido presencia en los medios y puede ser un clavo más, pero en la calle no he visto que esto influya", asegura un jefe de un aparato provincial, "esto es una cosa más. Pero no influye en el voto. Lo importante es la participación y ahí hay la sensación de que no se consigue animar a la gente, porque no hay motivo para rescatar gente de la abstención y no son suficientes ni los cribados ni la mala sanidad pública". "Ese tema no moviliza nada, ni a la derecha la lleva más a las urnas: esos van a votar todos igualmente", afirma un responsable de una agrupación de una capital. "Lo de la Guardia Civil en todo caso influye en el ánimo de la gente", apuntala un miembro de la cúpula federal de Pedro Sánchez. En definitiva, como glosa un líder provincial, se trata de un "elemento externo e incontrolable que distorsiona la campaña", pero poco más. "La gente el domingo", continúa esta última fuente, "no va a decidir su voto en base a lo que ha pasado tristemente con la Guardia Civil".

"Defender nuestros derechos"

Por tanto, en el PSOE no se espera una penalización extra a Montero por su traspié con los dos agentes fallecidos en acto de servicio. El problema para los socialistas no está ahí. Está, y lo subrayan todos los cargos, en la movilización, en la activación de ese medio millón de votantes que sí apostó por Sánchez en 2023 y que sin embargo se retrajo en las autonómicas de 2022 en las que el candidato era Juan Espadas.

Los llamamientos a la máxima participación se han redoblado en los últimos días. Este miércoles, Sánchez protagonizó su tercer mitin de campaña (el quinto desde el arranque de la precampaña) con Montero, esta vez en Pulianas, localidad gobernada por el PSOE por mayoría absolutísima y cercana a Granada capital. La candidata pidió aguantar, dar el "apretón final", que la gente "se movilice". "Porque nadie", arguyó, "va a defender nuestros derechos si nosotros no los defendemos".

Pero los esfuerzos tanto de ella como del presidente del Gobierno iban dirigidos a apelar al votante que en otras ocasiones metió en la urna la papeleta del puño y la rosa. Llamaban a sus antiguos electores a volver a confiar en ellos, en el PSOE, y ese es el destilado de la campaña de Montero. "Si nos votaste antes, vuélvenos a votar, que no te vamos a fallar. Aquí hay equipo, ilusión, experiencia. Somos más y si votamos, ganamos", clamó explícitamente la candidata. Sánchez apremió a "toda la gente que está esperando para movilizarse y lograr el cambio en Andalucía". "Si quieres un proyecto de derechos, esta es tu casa, el PSOE, y esta es tu candidata, María Jesús Montero", apuntó en un colmado pabellón municipal deportivo, ante unos 2.000 simpatizantes y militantes. El jefe del Ejecutivo demandó a los suyos que fueran conscientes de que la coalición gubernamental es un bien a proteger: "Lo normal es ver a Mileis [por el presidente de Argentina, el ultra Javier Milei] y gente de derechas y ultraderechas gobernando. Lo normal no es lo que sucede en España, no es tener un Gobierno de coalición progresista. Es bastante único, y hay que cuidarlo y protegerlo, y tiene que pervivir más allá del año 2027". Y subrayó que tiene la intención de seguir al frente del Ejecutivo: "Yo estoy a mitad de tarea y llevo ocho años".

Sánchez volverá a Andalucía al mitin de cierre con Montero, en el recinto ferial Fibes de Sevilla. Su sexto acto en este viaje hacia el 17-M. Pero además de él se han desplazado a la comunidad varios miembros de la ejecutiva federal y ministros —solo este jueves coinciden Félix Bolaños (en Granada), Luis Planas (en Almería) y Elma Saiz (también en Almería)—. Y, por descontado, el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, que comparte cartel este jueves con la exvicepresidenta en Cádiz. Despliegue constante desde Ferraz y desde el Gobierno para arropar a Montero y su campaña. También se han implicado los expresidentes Manuel Chaves y Susana Díaz, y hasta la exconsejera y exministra Magdalena Álvarez y la exeurodiputada Carmen Romero, exmujer de Felipe González.

El "riesgo" de jugar a una sola carta

En la dirección regional aseguran que notan "una activación de ese votante que no había ido a votar antes". Aquellos que se están despertando, indican, son los electores de ciudades medias y pequeñas, en buena medida porque los alcaldes socialistas "están a saco", trabajando para que el partido no se derrumbe. "En la Andalucía interior sí vemos una movilización importante, y ahí vendrá un aumento de participación. Pero es verdad que esta campaña está siendo compleja. Nos está costando trabajo", admite un alto mando de la cúpula de Montero, que también reconoce el "riesgo" de que la campaña se haya centrado demasiado en la defensa de la sanidad pública, pero "se diseñó esa posición y era una incógnita cómo iba a funcionar". "Es que Juanma, más allá de la sonrisa, no hace nada, y la única manera de contraponer gestión a quien no rompe un plato es la salud, pero él se sitúa en una posición de equilibrio, en la que no le araña nada y es difícil", explica esta misma fuente.

Responsables andaluces que no están en el comité de campaña no esconden su inquietud. Temen un desplome el domingo, y el PSOE-A no es una federación cualquiera. Siempre había sido el pulmón del partido, una maquinaria que funcionaba como un reloj hasta que Susana Díaz convocó anticipadamente las elecciones de diciembre de 2018 y, contra pronóstico, perdió la Junta. "Es que falta estrategia, planificación, enfoque y proyecto político. El problema es que no hay partido, que no se ha renovado, que no hay gente que aporte inteligencia, ideas y conocimiento al PSOE andaluz. El problema es más profundo que un relato que no funcione en una campaña. Esto no es enteramente culpa de María Jesús, aunque obviamente tendría que haber bajado antes a Andalucía. Es que hay provincias y cuadros que no estamos participando en el diseño de campaña. A ella le está costando llegar al final de la carrera y el partido no está preparado ni físicamente está bien para afrontar una campaña", esgrime un relevante dirigente federal, que insiste en que Sánchez se equivocó al fiar la suerte de los territorios a candidatos que salían de su Consejo de Ministros. La experiencia en Aragón con Pilar Alegría, exportavoz del Gobierno, se saldó con un fiasco. Y ahora Montero puede llevar al PSOE-A a un nuevo suelo, por debajo del pésimo resultado de 2022, que ya fue el peor de todos los tiempos para la federación.

Otros cuadros orgánicos destacan que, pese a todas las dificultades, la situación del partido es "mucho mejor" que la que había hace cuatro años. Pero no es suficiente. "En general, no, no tira. María Jesús debió estar más en la calle. Menos mitin", opina un secretario general de una capital. "Es que traslada frialdad, técnica. Es mejor gestora que candidata", añade un barón provincial. "Ella, por orden de Pedro, se traga este marrón cuando el año pasado asumió las riendas del PSOE-A, pero no era la candidata. Y me da pena porque la aprecio", incide una veterana que ha trabajado codo con codo con la exvicepresidenta.

Hasta en la dirección asumen que las encuestas están "cayendo a plomo" en el ánimo de cuadros y bases. De ahí que en esta última semana, desde la propia Ferraz hasta la cúpula andaluza llamen a su parroquia a no desfondarse, a no dejarse abatir por los datos. Pero en el equipo de campaña y en Ferraz saben que los malos números no son exclusivos de los sondeos publicados por los medios: sus propios estudios también apuntan que no acaba de subir, que no está rentabilizando, al menos por ahora, la recta final, y que tiene complicado alcanzar ese listón de los 30 años.

"Pero no nos queda otra que seguir batallando", apuntan en la ejecutiva regional. No se esperan giros de última hora, golpes de efecto como el de Moreno este miércoles revelando lo obvio, que la voz de la canción que suena en todos sus mítines, Kilómetro sur, es la suya. "Es que María Jesús es tremendamente sobria en el trabajo, no tiene la capacidad de caer en cosas banales como esas de Juanma. No se va a poner a cantar. Ella es una magnífica gestora. Y no es una persona de riesgos, ni de impostar. Su principal valor es que es una persona de quien te puedes fiar. Ella es así, y tiene la virtud de ser pragmática", completa un miembro de su cúpula.

El respiro por Adamuz

Montero tampoco descolló en los dos debates en la banda izquierda —brilló más, y ha sido una conclusión unánime, el candidato de Adelante Andalucía, José Ignacio García—, y eso que en el segundo sí se encaró de manera más rotunda con Moreno a cuenta de la reforma de la financiación autonómica, que ella pilotó como ministra de Hacienda pero que ni siquiera es todavía un proyecto de ley que haya llegado al Congreso. En Canal Sur tuvo el traspié con los guardias civiles —"hay pesimismo y estamos apesadumbrados por ese debate del lunes", afirma un barón provincial—, aunque se encontró con un presidente de la Junta muy agresivo con ella por el accidente de Adamuz.

Tanto que salió en defensa de la candidata el alcalde de la localidad cordobesa, el socialista Rafael Moreno, que hasta ahora había permanecido callado por respeto a las víctimas. El regidor estalló contra Moreno por haber "usado políticamente" la tragedia y, frente a la versión oficial, contó que el 112 llegó mucho más tarde que los vecinos y alcaldes de la zona para auxiliar a las víctimas. Y eso era responsabilidad de la Junta. Una pequeña gota de respiro para la candidata.

En el PSOE, apuntan algunos altos mandos, observan también síntomas de "nerviosismo" por parte del PP, como esa utilización de Adamuz o el hecho de que hayan aparecido carteles con la cara de Susana Díaz en varias ciudades andaluzas —"Para estos [Sánchez y Montero]..., que vuelva Susana", "Sin [Isabel] Ambrosio [exalcaldesa de Córdoba], no vamos"—. Carteles en los que la dirección regional ve la mano del PP. "Lo nuestro no pinta bien, pero veo excesivos nervios en el PP. A ver ese voto indeciso y oculto", sentencia una líder provincial. A esto último apelan distintos dirigentes consultados: creen que la derecha no tiene miedo a declarar su voto, pero sí se retrae más un elector de izquierdas, por lo que cabría la opción de que el domingo hubiera sorpresas, creen. Con las expectativas tan bajas, igualar los 30 diputados o ganar siquiera uno más se leerá como una victoria, pese a que es poco más que salvar los muebles. "A ver si sale algo que nos vuelva a empujar", confía un barón provincial. Es la esperanza de que el esprint final pueda arrojar algo más de luz en una campaña difícil y larga para los socialistas.

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