España

Javier Ruiz y la empatía imposible de los profesionales de TVE ante sus antecesores

Javier Ruiz, director editorial de La Séptima.
Javier Ruiz, director editorial de La Séptima. | EFE

El periodista Alex Fidalgo conduce uno de los principales pódcast de entrevistas del momento, 'Lo que tú digas'. Prueba de su éxito es que ha conseguido que algunos espectadores sospechen que algunas entrevistas emitidas por televisión a algún famoso busquen ser un 'remake' de la que antes les hizo Fidalgo y que algunas de las confidencias que el entrevistado hizo en el popular pódcast las repitan ante sus cámaras como si fuera la primera vez. Al menos esa sensación me produjo la entrevista de Pablo Motos al 'repescado' Carlos Latre, de querer que repitiera parte de la misma exposición que ya había hecho en LQTD sobre 'Babylon' y aquellos 100 días prometidos y nunca cumplidos por Mediaset.

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Esta semana el invitado en LQTD ha sido el periodista Javier Ruiz, flamante director editorial de Siete - La Séptima, en la que supone la primera entrevista desde que dejó TVE y, con casi dos horas de duración ante uno de los entrevistadores que más sabe escuchar, la cosa prometía. Aparte de hacer referencia a alguien que había tenido "el rostro y la cara dura" de escribir que iba a tener difícil conducir un programa de radio y dirigir una televisión a la vez (igual peco de ego, pero diría que lo dice por el artículo del pasado 1 de septiembre en este mismo medio; vaya por delante mi gratitud por incluir a este buitre entre sus lecturas).

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La principal esperanza que tenía era si iba a romper el tabú e iba a ser capaz de desarrollar empatía hacia sus antecesores. No es ningún secreto que ser una de las 'caras' de TVE es convertirte en el punching ball de la oposición del momento, siendo bastante difícil pasar por esos asientos, que son casi sillas eléctricas, sin salir chamuscado. En circunstancias normales, uno, tras pasar por ahí y ver cómo le dan la del pulpo, podría pensar: "ahora entiendo mejor qué duro debió de ser para María Antonia Iglesias", "ahora comprendo que Alfredo Urdaci no lo tuvo fácil", "quizá nos pasamos con Sergio Martín", "qué injustos fueron con Ana Pastor", "qué bien hizo aquello María Casado"; pero parece que nadie rompe el mandamiento de que los profesionales de TVE que ascendieron en 'etapa PSOE' no pueden elogiar a los profesionales de TVE que estaban en 'etapa PP' y viceversa, aunque todos ellos han sido historia de TVE, desde Pedro Altares (que hacía entrevistas teniendo el carnet del PSOE) hasta Luis Mariñas, invitado en la boda de la hija de Aznar cuando presentaba el magazín de mañana de TVE.

Escuchar a Javier Ruiz defendiendo su honestidad, defendiendo cómo ejecutó con precisión su entrevista con José Luis Rodríguez Zapatero (siguiendo el modelo Gabilondo - Felipe González de 1995) para obtener las respuestas que la gente quería escuchar, diciendo lo injusto que era que no se reconociera su labor periodística; la crueldad de las redes, que, cuando te han puesto la etiqueta de una trinchera, ya no te la quitan y ya solo viralizan de su gestión profesional lo que refuerce esa etiqueta y ese estigma... ¿Era consciente Javier Ruiz de que esas mismas palabras las suscribirían todos sus antecesores, incluyendo algunos a los que él fustigó cuando era tertuliano?

¿No cree que Luis Mariñas, Alfredo Urdaci, María Casado o Sergio Martín también, igual que él, prepararon sus entrevistas a 'los Zapatero' de su época, llámense Mariano Rajoy, Soraya Sáenz de Santamaría o el mismo José María Aznar, buscando dar información a sus espectadores? Ya fueran entrevistas más agradables o más duras, el público puede y debe ser crítico con toda labor periodística, y más desde un medio público, pero llama la atención escuchar a un presentador pedir más empatía hacia su labor sin escuchar nada de comprensión hacia sus antecesores que, seguramente, se sintieron igual que él.

Cuando Sergio Martín hizo una entrevista dura a Pablo Iglesias, entonces secretario general de Podemos, que había sido tertuliano suyo, Javier Ruiz trató el tema en una tertulia en Mediaset, en el programa que entonces presentaba, donde masacraron al periodista entre Elisa Beni, Cristina Fallarás y el propio Ruiz, presentando a aquel profesional como un mero sicario del PP. Ahora, cuando Ruiz ve que a él le tratan de sicario del PSOE, ¿no le entra ninguna reflexión sobre su labor de entonces, o un mínimo de simpatía? ¿O piensa que los de TVE de antes sí merecían ser considerados esbirros y sicarios del poder y, en cambio, los de ahora no?

Javier Ruiz acierta cuando dice que hay muchas mentiras, acierta cuando dice que hay otras televisiones públicas mucho más manipuladoras que la suya, acierta cuando denuncia lo impresentable que es que vayan a incordiarte a la puerta de tu casa, que debería ser un dato privado; pero, a la vez, por más que trate de asegurar que no tiene nada que ver con el PSOE, toda su línea de argumentación es decir que en este momento no hay periodismo de derechas ni de izquierdas. Es decir, que hay un periodismo que trabaja por la verdad (en el que está él) y otro periodismo malo, que está con la mentira y trabaja para que llegue un gobierno de PP y Vox e instaure el odio, deporte a todos los inmigrantes por tener acento argentino y obligue a todos a cantar el 'Cara al Sol' otra vez, por repetir sus palabras. La misma consigna que tiene La Moncloa de tratar de justificar todos sus errores y corruptelas en "cuidado, que la alternativa es Feijóo-Abascal, que reinstaurarán el franquismo".

En contra de lo que dice, la mentira no es un fenómeno de ahora, es un fenómeno de siempre. Y uno de los elementos que más hace cometer errores es, precisamente, la ceguera que provocan los alineamientos políticos.

Permítanme un ejemplo. Recuerdo el día que detuvieron a Rodrigo Rato. Ese día vi cómo Javier Ruiz, para denunciar la manipulación del Canal Castilla-La Mancha de Cospedal, soltó: "No se ha mencionado una sola palabra en los informativos de Castilla-La Mancha, Tele-Cospedal no contó nada el jueves, no contó nada el viernes. ¡Nada!". Era el 18 de abril de 2015. El problema es que justo había ojeado por esos días el 16 y el 17 de abril de 2015, y sí habían dado la noticia. Es más, el programa estrella de tertulia de la época, 'No Nos Moverán', de Yolanda Guirado, abrió con ese tema, sacando las imágenes de la detención de Rato antes incluso de presentar el programa. Ese día entendí que incluso aquellos profesionales más acreditados, como puede ser Ruiz, deben ser cuestionados, porque a veces dicen datos falsos, aunque sea por ceguera, por no haber verificado las afirmaciones. Y no niego que Tele-Cospedal cometiera muchas tropelías, pero justo esa no.

La certera crítica de Javier Ruiz de cómo los 'viralizadores' reducen tu labor profesional a lo que les interesa tendría más valor si a la vez reconociera que periodistas de la línea antagónica a la suya también sufren lo mismo. Que en TVE se ha calificado a periódicos como 'difusores de bulos' por haber cometido errores similares a los que ha cometido TVE en esta última etapa, aireando cosas como las bombas lapas de aquel mando de la UCO con una conversación que había sido "editada" para invertir su significado, afirmando erróneamente que Alvise había pedido violar a las hijas de Pedro Sánchez o recogiéndose en TVE la noticia del supuesto cruce de influencias de la mujer de Feijoo en Sargadelo, que luego ese medio tuvo que rectificar, por poner tres ejemplos.

En lo personal, estoy un poco harto de que de tanto en tanto aparezca un periodista pidiendo un análisis sobre lo mucho que mienten muchos falsos periodistas, siempre bajo la misma consigna: "Mienten otros, yo nunca". Lo haga Encarna Sánchez con su Ring de Boxeo, lo haga Sardà en su late night, lo haga Mercedes Milá con sus víctimas de bulo, lo haga Jordi Évole con su juicio al periodismo en aquel Salvados, lo haga Risto Mejide con sus 'cloacas del periodismo', todos repiten siempre el modus operandi al poner ejemplos: "siempre ejemplos de fuera, nunca ejemplos de nosotros mismos". Como Javier Ruiz. Y eso evidencia la intención. Cambiar el "informaos siempre consultando distintos medios y nunca uno solo", que es lo que nos decían en la facultad, por un "leedme solo a mí, que el resto son todos unos mentirosos".

Más que el debate de lo muy mentiroso que es el periodismo de la competencia, prefiero el fabuloso debate sobre la coherencia. O se aplica la misma severidad que se ha usado hacia los rivales, se llamen Sopena, Calviño, Carmen Sastre o Víctor Arribas, hacia uno mismo, o, si se va a pedir comprensión y empatía hacia el trabajo de uno, entonces aplicar lo mismo a los otros.

Aún me duele ver a una profesional de la talla de Esther Palomera, cuando era tertuliana en Mediaset, diciendo, tras ver una entrevista de Sergio Martín en TVE, que aquello le daba vergüenza ajena y que lo que este hacía "no era periodismo", aplicándole a aquel periodista de TVE las mismas palabras que luego aplicaría a Vito Quiles o Bertrand Ndongo. No creo que lo mereciera, por muy discutibles que te pudieran parecer sus preguntas, y es especialmente duro que lo dijera una compañera periodista.

Ahora Esther Palomera es presentadora en TVE y entrevistará al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. En el momento de escribir estas líneas aún no sé si la entrevista ha sido buena o mala, si habrá dejado muchos titulares o pocos, si habrá aportado poca información o mucha. Lo que tengo claro es que la entrevista de Palomera es periodismo. Eso sí, igual que también lo fueron las de Altares, Urdaci, Campo Vidal, Sergio Martin y tantos otros, cuyo trabajo merece el mismo respeto por parte de sus compañeros de profesión que el de ella ahora.

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