La 23ª Cumbre del Clima se celebra en Bonn.

Cambio climático

logo
Mitos y certezas sobre el cambio climático

Inteligencia artificial & Ciencia

Mitos y certezas sobre el cambio climático

El agujero de la capa de ozono es el causante del calentamiento global? ¿El efecto invernadero es perjudicial para el medio ambiente? Estas son algunas de las dudas que pueden surgir al hablar del cambio climático, para cuya lucha se reúnen a partir de hoy, hasta el día 17 de noviembre, líderes políticos y científicos de todo el mundo en la 23ª Cumbre del Clima, que se celebra en Bonn (Alemania). Comprender este complejo fenómeno de alcance mundial, en el que intervienen tal cantidad de factores, puede resultar abrumador.

Una de las ideas erróneas más extendidas pudiera ser la de que el CO2 (dióxido de carbono) emitido por los humanos no es el principal culpable del calentamiento global que vivimos en la actualidad. Este planteamiento, que quizá sirva para aliviar la conciencia de algunos, es desacertado.

El planeta ha atravesado anteriormente periodos de enfriamiento seguidos de otros de calentamiento, y en todos los casos ha sido por un desequilibrio en los gases de efecto invernadero, principalmente el CO2, y el metano y el óxido nitroso (N2O), causado por la actividad volcánica o glaciar.

La actividad humana con la extracción y quema de combustibles fósiles ha alterado el equilibro del planeta

Sin embargo, en esta ocasión, ha sido la actividad humana en los últimos 200 años, con la extracción y quema de combustibles fósiles, la que ha alterado el equilibro del planeta. Como explica el director general de The Climate Reality Project en España –la organización fundada por el ex vicepresidente de EEUU, Al Gore– Álvaro Rodríguez, el CO2 es un compuesto que existe en la Tierra y que no es tóxico de por sí. “Es lo que exhalamos los seres vivos al respirar, el problema es que hemos roto el equilibrio que había en la Tierra. En los últimos 200 años hemos sacado la mitad del CO2 fosilizado desde hace 60 millones de años en forma de petróleo o carbón”, indica.

Antes de la revolución industrial, la concentración de CO2 en la atmósfera se mantenía estable en 280 partes por millón (ppm). En la época actual ya hemos sobrepasado los 400 ppm. Casi se ha doblado la cantidad y, como respuesta, la Tierra ya va camino de aumentar su temperatura media en un grado.

Este aumento ha conducido a que el efecto invernadero que proporciona la atmósfera terrestre se intensifique. “El efecto invernadero es imprescindible, sin él no habría vida en la Tierra”, sostiene Rodríguez. “Con este efecto se consigue que una parte de la radiación que recibe la Tierra se quede atrapada dentro, y eso hace que en la superficie de la Tierra se mantenga a una temperatura media de 15º, que es la que hay ahora mismo. Por ejemplo, Marte apenas tiene atmósfera, y, por lo tanto, apenas tiene efecto invernadero. Todo el calor que recibe, lo pierde, y su temperatura media es de -55º”, explica.

La capa de ozono

Entonces, el famoso agujero de la capa de ozono sobre la Antártida, ¿qué papel juega en el calentamiento global? Ninguno, afirman los expertos. “La única relación entre ambos fenómenos es que son de origen humano”, señala Rodríguez.

El coordinador de la organización Amigos de la Tierra y doctor en Ciencias, Alejandro González, recuerda que “ambos problemas no tienen mucho que ver el uno con el otro”. El agujero de la capa de ozono lo causaron los clorofluorocarbonos (CFC), presentes, por ejemplo, en los aerosoles. La utilización de estos compuestos dejó de estar permitida en 1995 gracias al Protocolo de Montreal y el pasado viernes la NASA anunció que el tamaño del agujero había disminuido hasta niveles de 1988. “El error es debido a que en ambos casos se emite determinados gases a la atmósfera que tienen un efecto perjudicial para el medio ambiente, pero los efectos son completamente distintos”, sostiene González.

 

El nivel del mar ya sube

Otro de los errores es pensar que el nivel del mar no está subiendo porque en nuestro país no se nota, por ahora, ese aumento. De hecho, ya hay cinco islas del archipiélago Salomón desaparecidas en el océano Pacífico porque el agua se las ha tragado. “El Mediterráneo es un mucho más resistente en cuanto a la subida del nivel de sus aguas porque es un mar interior con poca salida al Atlántico, que es mucho más dinámico. Los archipiélagos del Pacífico sur son mucho más vulnerables, y ya se están provocando los primeros estragos”, explica el coordinador de Amigos de la Tierra.

“En estas zonas, el suministro de agua potable se ha visto afectado por la salinización de determinados acuíferos, lo que también provoca la salida de gente hacia islas más grandes, como Australia y Nueva Zelanda”, señala González.

Ante este panorama, pudiera parecer que cada desastre natural que se produce en el planeta fuera una señal de aviso que nos manda la Tierra ante lo que se avecina. Sin embargo, no en todos los casos es así.

Los terremotos no

A pesar de que este verano se han sucedido huracanes y fuertes terremotos en varios puntos del continente americano, que han dejado devastación a su paso, estos últimos poco tienen que ver con el cambio climático.  Alejandro Robador, científico titular del Instituto Geológico y Minero de España, afirma que le sorprende que la gente pueda relacionar ambos fenómenos.

Son dos fuerzas físicas completamente diferentes, que suceden en la atmósfera y en las masas continentales. De hecho, no hay literatura científica que lo corrobore. “El único efecto conocido es que, al fundirse los casquetes polares que ocupaban Escandinavia y Norteamérica en la época glaciar, donde había miles de metros de espesor, estas zonas se elevaron ligeramente al eliminarse el peso que las oprimía, pero es un levantamiento general que no provoca grandes terremotos”, explica Robador.

“Donde más se ha notado el calentamiento en los últimos cuarenta o cincuenta años ha sido en el Polo Norte, pero ahí el hielo no está sobre un terreno, sino sobre el mar, por lo que no tienen ningún efecto en la litosfera”, añade.

En cualquier caso, lo que sí es cierto es que la temperatura del planeta no ha dejado de aumentar en las últimas décadas. Para hacer frente al problema se llegó en 2015 al histórico Acuerdo de París, por el que 193 países se comprometieron a hacer todos los esfuerzos necesarios para no aumentar más de 2º la temperatura media de la Tierra.

El retroceso de los glaciares en fotos del siglo XX y fotos del siglo XXI Instituto Polar Noruego /Christian Åslund

Acuerdo de París

Aunque Estados Unidos, uno de los países más contaminantes junto con China, comunicó su decisión de abandonar el pacto el pasado junio, este acuerdo es necesario para luchar conjuntamente contra el cambio climático. “Podría haber sido más ambicioso, pero probablemente entonces muchos países que están dentro, como India o China, no estarían”, indica Álvaro Rodríguez.

Para González, el coordinador de Amigos de la Tierra, este pacto es ambiguo. “Para empezar, no hay una obligación vinculante de que haya que hacer todo lo posible para mantener esa temperatura”, afirma. “Si sólo se aplican las medidas voluntarias a las que cada país se compromete con este acuerdo, sabemos que el aumento se pondría en tres o cuatro grados”, concluye. Y el umbral de calentamiento que los científicos declaran como seguro para la vida humana en la tierra es de un grado y medio.